HIJA DE HEROÍNA Capítulo 2 El santuario del camino y el reflejo de la felicidad
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Capítulo 2 El santuario del camino y el reflejo de la felicidad

Avanzar por las calles y con el corazón roto y los ojos nublados por las lágrimas es una prueba difícil.

El asfalto parece más pesado y la soledad se vuelve inmensa.

Sin embargo, la creación de Dios tiene una forma maravillosa de hablarnos cuando más lo necesitamos.

Mientras mis pies cansados daban un paso tras otro, sosteniendo firmemente mi sombrilla, decidí alzar la mirada.

En medio de mi llanto una profunda oleada de gratitud inundó mi pecho.

Le di gracias al Creador por el simple y maravilloso regalo de poder caminar, por la salud en mis piernas y por la frescura de los hermosos árboles verdes que bordeaban mi camino.

Las pequeñas ardillas y los conejitos que se cruzaban en mi sendero se convirtieron en pequeños mensajeros de paz, recordándome que la vida sigue su curso perfecto bajo el cuidado divino.

En la soledad de esa caminata, la mente humana suele flaquear.

Abrumada por los reclamos y el peso de los problemas, llegué a pensar si mi esposo y yo debíamos continuar juntos después de toda una vida.

Pero el amor verdadero tiene raíces profundas que el viento de una tarde no puede arrancar.

Mi mente buscó refugio en los rostros de quiénes más amo.

Recordé la bendición de haber capturado una fotografía preciosa apenas unas horas antes: mi hijo mayor con su esposa, mi madre radiante y mi hermana mayor celebrando sus setenta y dos años de vida junto a una mesa llena de pasteles.

Miré la imagen de mi madre y recobré las fuerzas.

Ella es una mujer a la que nada la detiene; ni los golpes de la vida, ni los años, ni las tormentas han logrado apagar su brillo.

A sus noventa y dos años, su espíritu es tan joven y fuerte que parece de sesenta.

Al pensar en ella, comprendí que yo también llevo esa herencia de fortaleza.

Un mal momento en el banco no podía borrar las décadas de complicidad, esfuerzo y bendiciones que Dios nos ha permitido construir como familia.

Con esa certeza en el pecho, crucé la puerta de un establecimiento de comida rápida buscando un lugar donde descansar.

Nota de fe para ti, querido lector: Cuando sientas que todo se derrumba y la tristeza te nuble la vista, fuerza a tus ojos y corazón a buscar los milagros cotidianos.

Mira a esos seres humanos que Dios puso en tu vida para ser tus referentes de fortaleza.

Si ellos no se detuvieron antes los golpes de la vida, tú tampoco te vas a detener hoy.

Las crisis familiares son temporales, pero las promesas de Dios y el amor verdadero son eternos.