Héroes alfa (La serie completa de romance militar Héroes alfa nº 1) Capítulo cinco #2
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Capítulo cinco #2

Quería poner en pausa la película de mi vida de mierda, salir del fotograma y volver a la tierra de los vivos, aunque fuera solo por unas horas. Necesitaba sentir el impacto de los labios de Apollo sobre los míos, la emoción de volver a ser humana.

Necesitaba volver a sentir.

Mi cautela terminó de golpe. ¿Esa corazonada que tenía sobre Apollo en la cama? Quería averiguar si estaba en lo cierto.

Alcé el rostro, cerré los ojos y fui a por los labios de Apollo. Nuestras bocas se encontraron en un roce suave. El contacto fue tierno y delicado y, sin embargo, chispas atravesaron mi cuerpo, relámpagos destellaron tras mis párpados y la necesidad rugió por mis venas hasta estallar en mi corazón.

La fuerza que me había impulsado a besarlo en el club, fuera cual fuera, seguía en juego, más poderosa que nunca.

Volví a tomar la iniciativa y lo besé: un bombardeo desesperado, un asalto hambriento. Y seguí besándolo con un beso salvaje, necesitado, rebelde, una incursión kamikaze en su suntuosa boca.

Él no se acobardó, no vaciló. Respondió a mi ataque sorpresa con el suyo propio. Sus brazos me atrajeron hacia él, sus labios se volvieron cómplices de mi temeridad y su lengua me saboreó tan a fondo como yo lo saboreé a él.

Sus besos eran ansiosos, pero también profundos y lentos. Intrincados. Generosos. Deliciosos.

Mi necesidad se volvió feroz.

Hundí los dedos en sus bíceps y le mordisqueé los labios. Él me acunó la nuca y presionó su boca con más fuerza contra la mía, arrastrándome a un frenesí arrollador. Giraba en el centro de un vórtice peligroso que amenazaba con destruirme.

—Blue, para.

Su susurro apenas atravesó la espesa neblina que envolvía mi cerebro.

—Blue, cariño, ve más despacio.

Abrí los ojos, sobresaltada.

Sostuvo mi mirada, con los ojos centelleando de deseo, pero también con un toque de humor. Sonrió. Aún tenía los labios húmedos de mis besos.

Me pasé las yemas de los dedos por la boca y luego me la cubrí con una mano temblorosa.

—Lo siento —susurré, apartándome de él mientras bajaba la mirada, intentando que mi pulso desbocado se calmara—. No sé qué me pasó.

—Yo sí lo sé —su seguridad me hizo alzar la vista hacia él, sorprendida—. Lo sé muy bien y no quiero que te disculpes por ello.

Me tomó las manos y las apretó con suavidad.

—¿Tú y yo? Nos atrae una especie de fuerza épica. Pero no voy a permitir que lo nuestro sea un accidente. Ni una casualidad.

Bajó el rostro y posó los labios sobre los míos, un delicado encuentro de bocas que me llenó de su ternura. Me encendió con una pasión reconfortante que se filtró hasta lo más profundo de mi ser.

Sus besos me reconstruyeron, recordándome todo lo que había olvidado, todo lo que había sido, todo lo que podría volver a ser si encontraba la fuerza para soñar de nuevo.

Me rodeó con los brazos, me reclinó sobre su regazo y me acunó contra su pecho, donde el latido de su corazón marcaba una balada sensual en mi oído.

Esta vez, cuando bajó el rostro y volvió a besarme, deslizó la lengua por la comisura de mis labios, invitándome a abrirme para él.

No tenía voluntad propia, así que entreabrí los labios. Se adentró en un delicioso encuentro de lenguas que avivó el calor extraordinario que ardía entre nosotros.

Hacía años que no me besaban así. Tampoco me habían sostenido de esta manera, como si fuera algo valioso. Mi cuerpo tembló de alegría. Saboreé su ternura con una desesperación que me sorprendió. No quería que aquel beso terminara jamás.

—Dime qué necesitas de mí —murmuró contra mis labios.

—Necesito que me ayudes a recordar quién era.

Y ahí estaba, patético pero cierto.

Se apartó un poco, pero no se acobardó. En cambio, clavó su mirada en la mía.

—¿Cómo hago eso?

—Ya has empezado —apoyé la frente en su hombro, cerré los ojos y disfruté del simple placer de estar envuelta en sus brazos—. Pero necesito más. Te necesito a ti.

Se inclinó y me tomó la barbilla, clavando en mí el calor de su mirada. El corazón me dio un vuelco. Le recorrí la mandíbula firme con un dedo, grabando en mi memoria los detalles de su rostro apuesto. La poderosa corriente de su fuerza vital fluyó hacia mí, alimentando mis deseos.

—No puedo irme de este lugar y no quiero que me hagas ninguna promesa —murmuré—. Pero antes de que te vayas, podríamos tener esta noche. Es decir... —hice una pausa, vacilando de pronto—. Si es que me deseas.

—Oh, sí —su deseo me atravesó como una llamarada—. Te deseo. Dime exactamente qué quieres de mí. No te dejes nada.

—Quiero que me hagas olvidar: este lugar, el pasado, todo —murmuré—.

Quiero que me recuerdes lo que es ser una mujer, deseada y deseante.

Quiero volver a sentirme viva. Solo por esta noche, quiero fingir que la vida es perfecta y que solo existimos tú y yo.

Quiero que me lleves a la cama. ¿Puedes hacerlo?

Su mirada luminosa se posó sobre mí, rebosante de emociones que reflejaban las mías: deseo, lujuria y algo más, algo que no me atrevía a interpretar. Su intensidad me inundó como una marea de necesidad.

Contuve la respiración.

Yo ya había tomado mi decisión, pero ahora él tenía que tomar la suya.

Sonrió, una lenta curvatura de sus labios bien definidos que se fue ensanchando con cada segundo que pasaba, alimentando mis esperanzas, reforzando mi confianza.

—Sí, Blue. Puedo ayudarte a olvidar lo malo —volvió a besarme, un suave roce de labios que se grabó en mi conciencia, una marca en mi alma—. Y también puedo ayudarte a recordar todo lo bueno que hay en ti, y también en mí.

Mañana se habría ido. ¿Pero esta noche?

Esta noche, era mío.