Capítulo nueve #3
—¿No? —esbozó una sonrisa tranquila y fijó la mirada en un punto detrás de mí—. Pues agárrate, muñeca. El jurado está a punto de dictar sentencia.
***
Max
No recordaba haberme movido, ni haberme levantado de la mesa para ir a la pista de baile. Mi campo de visión se estrechó hasta convertirse en un túnel. Troy y Lexi estaban en el centro de mi punto de mira. El gruñido atascado en mi garganta me retumbó en el pecho.
—¿Troy? —me planté delante de mi hermano y lo fulminé con la mirada—. ¿Qué coño crees que estás haciendo?
—Estamos bailando —dijo Troy, pero tuvo la sensatez de soltar a Lexi, que se giró para mirarme con los ojos como platos—. ¿Tienes algún problema con eso?
—Pues sí —me clavé las uñas en las palmas y luché por contener la frustración.
Troy me miró como si fuera imbécil.
—Quería aprender el two-step.
—Claro, el two-step —me burlé—. Y déjame adivinar. Tú eras el gilipollas dispuesto a enseñarle.
—Nos estábamos divirtiendo —dijo Troy con una paciencia que solo me irritó más—. ¿Te acuerdas de lo que es divertirse? Tú y yo nos lo pasábamos bien juntos. Antes sabías pasártelo bien. Eras genial.
—No vas a divertirte con mi mujer —escupí, bastante sorprendido por la fuerza gélida de mis propias palabras—. ¿No lo entiendes? Es mía.
El jadeo de Lexi debió de agotar todo el oxígeno de la sala. O quizás fue el terrible ceño fruncido que se apoderó de su rostro lo que mantuvo mis pulmones vacíos incluso mientras intentaba respirar un aire que ya no existía.
Su expresión hizo que se me cayera el alma a los pies. Supe que la había cagado en cuanto plantó los puños en las caderas y me fulminó con la mirada.
—Maximus Battleson, te has pasado tanto de la raya que me dan ganas de darte una bofetada para que entres en razón —siseó—. No soy una cosa que puedas reclamar y poseer. Y para que quede claro, no soy alguien a quien puedas querer y dejar tirada según tus cambios de humor y tus caprichos absurdos.
No me dejó meter baza; prefirió incinerarme con su mirada fulminante.
—Así que bájate del burro y deja en paz a Troy —dijo—. Él no hizo nada malo. Tú eres el que anda por ahí con el culo torcido. Y para que lo sepas, yo bailo con quien me da la maldita gana.
Giró sobre sus talones y, abriéndose paso entre la multitud con su cuerpo esbelto, salió de la pista sin mirar atrás.
Joder.
¿Qué había hecho?
Mi visión de túnel empezó a ampliarse. Fui consciente de Jax y Kass flanqueando a Troy, observándome de cerca; de Emme a mi lado con el ceño fruncido de preocupación, y de Trev plantado a mi otro lado, también mirándome con inquietud.
La música había cesado. La multitud se arremolinaba a nuestro alrededor, mirando. Troy permanecía tranquilo, pero también mantenía su posición, clavándome una mirada seria. Todas las miradas estaban puestas en mí, sin duda preguntándose qué iba a hacer ahora Mad Max, el hermano Battleson tarado.
La había cagado. Otra vez. La frustración me había dominado. Me había dejado llevar por un berrinche sin pensar en los sentimientos de Lexi ni medir mis palabras.
Me había comportado como un completo gilipollas.
Por si fuera poco, había estado a punto de pelearme con mi propio hermano. Llevaba un tiempo en caída libre, pero ¿esto?
Esto era tocar el puto fondo.
—Lo siento, tíos —murmuré—. No sé qué coño me ha pasado.
—¡Eh! —gritó Jax a la banda—. ¿Qué coño pasa con la música en este antro?
La banda contó tres tiempos y volvió a tocar. Jax agarró a Emme y se pusieron a bailar, haciendo el payaso, quitándome el foco de encima como si no hubiera pasado nada.
Otras parejas de la pista también empezaron a bailar. Kass y Trev se retiraron al reservado, dejándonos solos a Troy y a mí en medio de la multitud.
Troy me puso su manaza en el hombro, se acercó a mi oído y gritó por encima de la música:
—Sé lo que te ha pasado. Estabas celoso. Y eso me dice mucho.
El rostro de Troy se iluminó con una de sus raras sonrisas genuinas.
—Hazme un puto favor, Raider. Deja de castigarte y ve a por esa pedazo de mujer. Pero antes de irte, echa un vistazo y cuenta a los imbéciles que ahora te miran con mala hostia.
Eché un vistazo alrededor, muy consciente de las miradas hostiles clavadas en mí.
—Sí, ¿y qué?
—Antes de que Lexi se fuera, todos esos salidos esperanzados la rondaban con los ojos como platos.
¿Esperanzados? Mierda.
Todos los soldados con sangre en las venas del local se la habían comido con los ojos, probablemente esperando su oportunidad desde que ella entró en Rocosas.
—Estaban revoloteando como moscas —dijo Troy—.
Y no me refiero a que quisieran su autógrafo o un selfi con ella.
Vieron a una tía buenísima paseándose por ahí y querían meterse en sus bragas.
Estaba claro. Mejor yo, cubriéndote las espaldas, que cualquiera de esos perdedores husmeando bajo su falda.
Joder. ¿Qué coño le pasaba a mi cerebro?
—Lo siento, tío.
Me dio una palmada fuerte en el bíceps.
—Venga, ve.
Por primera vez en mucho tiempo, hice caso a Rogue. Salí disparado de Rocosas con un único objetivo en mente: Lexi.