Héroes alfa (La serie completa de romance militar Héroes alfa nº 1) Capítulo Doce #3
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Capítulo Doce #3

Jax

Maldición. Todo se había ido al garete en un milisegundo.

Un momento estaba a punto de conseguir mi objetivo. Al siguiente me había pegado un tiro en el maldito pie.

Max intervino.

—Deduzco que no le habías contado esa bonita historia a Pelirroja.

—Se llama Emme, imbécil —negué con la cabeza y apoyé los codos en las rodillas—. Tampoco es que hayamos tenido mucho tiempo para hablar.

—¿Sabe lo que quieres hacer? —preguntó Troy.

Me clavé las uñas en la palma.

—No.

Un suspiro colectivo recorrió la habitación.

Troy me atravesó con su mirada de titanio.

—Hay ciertas cosas que no puedes controlar. Como sus sentimientos, por ejemplo, o cómo reaccionará a ese plan descabellado que tienes.

—Ahórrate el sermón. Apollo ya me ha leído la cartilla. ¿Y qué quieres que haga? Tengo un plazo, y tú eres mi abogado. Lo sabes.

—Si contabas con que esa tía cabreada te sacara las castañas del fuego, lo llevas claro —se burló Troy—. Si alguna vez tuviste una oportunidad, tenías que haber sido sincero con ella. Y ahora, si algo sé de mujeres, ya puedes ir despidiéndote de ese plan disparatado.

—Lo dice el mujeriego que no puede comprometerse con una sola mujer por noche —refunfuñé.

Pero Troy tenía razón.

Tampoco era que tuviera una larga lista de candidatas para respaldar mi plan. Ya había sido bastante difícil encontrar a Emme. Y ahora que la había encontrado, se me amontonaban otras emociones además de la presión del plazo.

No quería hacer esto sin ella.

La quería a ella y solo a ella a mi lado.

¿Por qué era tan jodidamente difícil hacer lo correcto?

—No podemos dejar que McVeigh le eche el guante a Emme —Troy fue al grano—. Su seguridad es la prioridad número uno.

—De acuerdo —dijo Max—. Yo voto que sí a Resurrection.

Levanté la cabeza de golpe.

—Yo también —dijo Troy, dándome esperanzas de que la democracia pudiera salvarme el culo y darme tiempo para arreglar este desastre—. No veo otra salida.

Apollo asintió brevemente.

—Contad conmigo.

Estaba tan malditamente agradecido que podría haber abrazado a los chicos, pero... Todos miramos a Kass.

Tenía los labios apretados en una línea fina. El dolor le oscurecía los ojos. Me odiaba a mí mismo por causarle más sufrimiento. Tee era un tema muy delicado para Kass, pero tampoco era que él me hubiera dado otra maldita opción.

—Juramos defendernos los unos a los otros —gruñó Kass—. No me gusta que hayáis hablado con Liberty a mis espaldas.

—No lo hicimos...

—Déjame terminar —Kass levantó una mano—. Entiendo que soy susceptible cuando se trata de Tee. Todos lo sabéis. Tengo mis razones. Pero no me ocultéis cosas. Ni siquiera si es por mi propio bien. ¿Queda claro?

Kass recorrió la habitación con la mirada y nos miró a cada uno a los ojos.

Sentía su dolor. A juzgar por mi corto pero accidentado viaje con Emme hasta ahora, esto de las relaciones era un coñazo con todas las letras.

Kass clavó la mirada en mí.

—¿Estás seguro de esa mujer?

No me preguntaba si creía que tendría éxito con Emme. Eso era algo que nadie, ni siquiera yo, podía responder. Lo que quería saber era si ella era de fiar.

—Estoy dispuesto a responder por ella.

—No es ninguna tonta —señaló Kass, innecesariamente—. Hace muchas preguntas. Tarde o temprano, lo descubrirá. Si lo vuestro sigue yendo cuesta abajo, puede que nos delate.

—Ya sabes cómo funciona esto.

Los Battleson no creíamos en garantías. Habíamos pasado por demasiada mierda en la vida, visto demasiadas atrocidades, conocido de sobra el lado oscuro de la humanidad como para creer en cuentos de hadas.

Éramos un grupo cínico, y en lo que respectaba a Emme, las probabilidades no jugaban a mi favor. No iba a engañar a mis hermanos, pero había aprendido algunas cosas sobre ella.

—Es honrada —dije—. No creo que nos delatara, pero...

Kass arqueó una ceja rubia.

—¿Pero?

—Es un riesgo que tengo que correr, aunque tenga que hacerlo solo.

Kass bajó la mirada a sus zapatos. Troy y Apollo cruzaron una larga mirada. El ojo bueno de Max seguía clavado en mí.

Sabía que me estaba lanzando en paracaídas hacia lo desconocido.

Como SEAL, había hecho unos cuantos HAHOs peligrosos: saltos de gran altitud con apertura alta.

Lo que intentaba hacer ahora era tan arriesgado como un HAHO en una noche sin luna, pero tenía que dar este salto. Lo sentía en las tripas.

Pero mis hermanos no tenían por qué saltar conmigo.

Les estaba pidiendo mucho y lo sabía.

—Esto podría convertirse en un desastre monumental —dijo Kass—. Ya sabes lo que pienso de tu plan. Tú, yo, joder, ninguno de nosotros está preparado para algo así.

Y tanto. Eso ya lo sabía.

—Ya que estamos —dijo Kass—, Troy y Apollo tienen razón. Deberías haber sido sincero con ella antes de llevártela a la cama. Pero somos hermanos, y mientras todos nos arrastremos por el barro a tu lado...

Contuve la respiración.

—Voto por llevar a Emme a Res.

Joder. La votación fue unánime. Emme tenía vía libre para ir a Res. Estaría a salvo.

Y tal vez, si lograba arreglar el desastre que había provocado, aún tenía una oportunidad.