Héroes alfa (La serie completa de romance militar Héroes alfa nº 1) Capítulo nueve
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Capítulo nueve

Emme

Raspé el fondo del cuenco y recogí con el tenedor un último bocado de salsa cremosa y masa crujiente. —Mmm. —Me relamí y dejé el tenedor sobre la enorme isla de mármol de Carrara—. Este es el pastel de pollo más delicioso que he probado en mi vida.

—Max es un chef de primera. —Apollo esbozó su sonrisa deslumbrante—. Es la razón de ser de esta cocina.

—¿Max? —Giré en el taburete para contemplar la cocina de última generación, más grande que toda mi casa—. No creo que lo haya conocido todavía.

—Max nunca ha sido muy sociable —dijo Apollo—. Y últimamente, menos aún. Además, ha estado ocupado desde que llegaste.

—¿También vive aquí?

—Todos paramos aquí cuando estamos en la ciudad. Nuestras oficinas también están en este edificio, igual que la tienda insignia de Battle Brothers.

—Muy pragmático.

—Así somos. —Apollo recogió los platos y los dejó en el fregadero antes de clavarme su mirada clínica—. Dime la verdad, Emme. ¿Cómo te encuentras?

Respiré hondo. Físicamente, me sentía bien. Emocionalmente, estaba haciendo un esfuerzo enorme por mantenerlo todo bajo control. Estar con Jax probablemente había sido lo mejor de mi vida adulta. Pero también me había dejado confundida.

Cuando él estaba cerca, no podía pensar. Era como si mi cuerpo tomara el control y mi cerebro se fuera de vacaciones.

Por un lado, le había prometido una noche, una promesa que mi cuerpo estaba deseando cumplir. Por otro lado, tenía que pensar en el mañana, lo que significaba que quizás tendría que echarme atrás con Jax.

Después de todo lo que había pasado entre nosotros, despedirme iba a ser insoportable. ¿De verdad quería empeorar el dolor volviendo a la cama con Jax y alargando mi estancia aquí?

Una losa de tres toneladas de angustia me cayó en el pecho y se quedó allí. Mejor irme ahora, mientras pudiera, antes de que el apego desquiciado que estaba empezando a sentir por Jax echara raíces y me costara aún más marcharme.

—Estoy bien, perfecta, de maravilla —le mentí a Apollo—. Lista para seguir adelante.

La frente de Apollo se arrugó en tres surcos profundos. —¿Adónde irías?

—Me iré a un hotel por ahora —dije, improvisando sobre la marcha—. Si tiene cortinas gruesas y servicio de habitaciones, me las apañaré, al menos hasta que pueda resolver lo del seguro de la casa.

Los ojos verdes de Apollo parecían atravesarme. —¿No quieres esperar a que vuelva Jax antes de tomar estas decisiones?

—No será necesario. —Ignoré las protestas de mi corazón—. Cuanto antes, mejor.

Tomar estas decisiones sería mucho más fácil si él no estuviera cerca para deslumbrarme con ese hoyuelo o echar por tierra mi determinación con su sonrisa arrogante.

Apollo me miró, poco convencido. —¿Por qué tengo la sensación de que Jax no sabe lo que estás pensando y no le va a gustar nada de lo que dices?

Jax y yo no habíamos dedicado nuestro tiempo juntos a hablar. De hecho, habíamos hablado muy poco. Yo había gemido mucho y él había gruñido un poco…

Santo cielo. Apreté los muslos. Me estaba acalorando solo de recordar los sonidos sensuales que salían de su garganta.

Apollo me apremió arqueando una ceja. —¿Y bien?

—Jax es un tío íntegro. Se siente culpable porque mi casa se quemó. Pero no fue culpa suya. Se sentirá aliviado cuando me vaya.

—No estoy tan seguro. —Apollo se frotó la nuca mientras negaba con la cabeza—. Jax estaba furioso antes, cuando lo estaba curando. Despotricaba como un loco.

—No lo culpo —dije—. Esos matones fueron despiadados. Podrían haberlo matado.

—¿A él? —Apollo me lanzó una mirada de sorpresa—. No, no estaba enfadado porque lo atacaran a él. Estaba furioso porque te pusieron en peligro a ti.

La mano me voló al pecho. —¿A mí?

—Sí, a ti —dijo Apollo—. Quería salir, encontrar a esos hijos de puta y matarlos a todos. Me pareció una idea pésima. A la policía no le hace ninguna gracia que nos tomemos la justicia por nuestra cuenta. Así que le di un sedante a Jax para mantenerlo en cama unas horas.

—Bueno, tu sedante no funcionó muy bien —dije—. No mantuvo a Jax tumbado. En absoluto. De hecho, tuvo el efecto contrario. Estuvo levantado. Muy levantado.

Jadeé, me tapé la boca con la mano e intercambié una mirada atónita con Apollo. —¿Acabo de decir eso en voz alta?

—Sí. —Los ojos verdes de Apollo centellearon—. ¿Una reacción paradójica, crees?

—Ya lo creo. —Mantuve la cara seria—. Una reacción paradójica muy dura.

Los labios de Apollo se crisparon primero. Una carcajada irreverente me burbujeó en la garganta y se desbordó, resonando por toda la cocina. Por lo visto, mi risa era contagiosa, porque Apollo estalló en carcajadas conmigo.

—En serio, no sé qué me pasa. —Solté otra ristra de risitas entre hipidos—. Sé que no es tan gracioso, pero no puedo parar de reír.

—Nunca te disculpes por reír —Apollo siguió riéndose entre dientes—. Dios sabe que nos hace mucha falta por aquí.

El timbre de su móvil lo devolvió a la realidad.

—Disculpa un momento.

Se dio la vuelta y escuchó a quien estaba al otro lado, contestando con síes y noes que no revelaban nada.

Apollo me caía muy bien. Era fácil hablar con él y se portaba muy amable conmigo. Mientras esperaba, cogí un brownie de la bandeja que había dejado en la encimera. Estaba jugoso y cargado de chocolate, de otro mundo. Ya me había comido al menos la mitad cuando Apollo colgó.

—Entonces, ¿por dónde íbamos? —preguntó, guardándose el móvil en el bolsillo.

Dejé a un lado lo que quedaba de mi brownie, cogí una servilleta y me limpié la boca.

—Estaba un poco preocupada por Jax.

—No hace falta que esa cabecita tuya se preocupe por Jax. Si te dijera cuántas veces he tenido que recomponerlo, no me creerías. Es un auténtico Frankenstein. Se cura más rápido que cualquier otro hombre en el planeta —hizo una pausa y me miró a los ojos—. ¿Puedo decirte algo?

—Claro.

—Somos gente dura, todos —dijo Apollo—. Todos cargamos con nuestros fantasmas, muchos, y Jax también. Pero Jax... él es el más puro de todos nosotros.

—¿El más puro?

Era algo extraño de decir y, sin embargo, sentí un revoloteo en el estómago y mi curiosidad se disparó.

—¿En qué sentido?

—Es un hijo de puta despiadado en una pelea. Tiene la boca más sucia del planeta y un genio de mil demonios, eso seguro. Eso le mete en problemas. Igual que a Kass. Esos dos son totalmente diferentes y, sin embargo, tan parecidos...

Apollo hizo una pausa, como si sopesara sus palabras antes de continuar.

—Pero Jax tiene su propia brújula incorporada. No sé cómo lo hace, pero siempre sabe dónde está el norte verdadero.

—Eres médico —señalé—. Tú también tienes una brújula que seguir.

—Soy médico, claro, pero no te dejes engañar. Soy un médico que cree en la muerte y la venganza como cura para ciertas enfermedades del alma. Vaya contradicción andante, ¿no? Ninguno de nosotros es perfecto, ni de lejos, pero ¿Jax? Él tiene buenas intenciones. Es el mejor de todos nosotros.

Miré a aquel hombre al que acababa de conocer hacía apenas unas horas, sabiendo en mi interior que me estaba diciendo la verdad.

Había algo familiar en su mirada verde, un brillo que me reconfortaba.

Sentí una opresión en el pecho, en torno a ese vacío que se llenaba cada vez que surgía el nombre de Jax.

—¿Por qué me dices esto?

Apollo carraspeó y me clavó su mirada perspicaz.

—No he podido evitar fijarme en que vosotros dos habéis ido muy rápido.

—Oh, no —mejor cortar esto de raíz—. No es así...

—No te estoy juzgando —dijo Apollo—. Conozco a Jax de toda la vida.

Gracias a él hemos podido lograr nuestros objetivos.

Tiene un estricto sentido del deber y su propia definición del honor.

Tiene visión y la capacidad de convertir sus visiones en realidad.

Es el motor que impulsa a Battle Brothers.

Hizo una pausa y volvió a observarme, como si intentara decidir si debía continuar o no.

Estaba ansiosa por saber más sobre Jax. Casi podía oler los secretos que él y sus hermanos guardaban. Pero tenía claro que intentar presionar a un Battleson sería inútil. Me recosté en el taburete y esperé.

Mi paciencia dio sus frutos cuando Apollo continuó.

—Battle Brothers es una empresa compleja. Requiere que todos y cada uno de nosotros trabajemos a pleno rendimiento. Jax siempre ha sido inquieto, pero últimamente ha ido a peor. Apenas duerme y lleva tiempo buscando algo, algo muy concreto.

Como si no estuviera ya enganchada a todo lo que tuviera que ver con Jax.

—¿Puedes contarme más?

—No me corresponde a mí hablarte de Jax —dijo Apollo—.

Cada uno de nosotros es dueño de su propia historia.

Si quieres saber más, tendrás que preguntarle a él.

Pero puedo decirte esto: Jax siempre tiene un propósito superior, y aunque sus acciones no siempre parezcan correctas o lógicas, siempre tiene un destino claro en el punto de mira.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Una vez que Jax se propone hacer algo, es como un tren de carga que no se puede detener. ¿Entiendes lo que te digo?

Ni idea.

—No estoy ayudando, ¿verdad? —Apollo suspiró, se levantó y señaló la puerta con la barbilla—. Ven conmigo. Hay algo que quiero enseñarte. Está al final del pasillo.

Me bajé del taburete y puse a prueba mi cuerpo en el proceso. Un agradable tirón muscular me recordó mi tiempo a solas con Jax, pero aparte de eso, nada de dolor, nada de escalofríos. Mi cuerpo se estaba portando bien. ¿No sería increíble que la exposición al sol no me provocara un episodio?

Sí, claro.

Había renunciado al optimismo ilusorio hacía tiempo. Mi cuerpo probablemente estaba procesando el daño. Podrían pasar días o semanas antes de que contraatacara, pero tarde o temprano lo haría, y con saña. Por eso había aprendido a vivir el momento.

Adelante entonces, mientras aún fuera posible.

Caminé descalza sobre los pulidos suelos de mármol blanco, siguiendo a Apollo, que me llevó al enorme salón donde los ventanales de pared completa revelaban las luces centelleantes de Denver y la silueta oscura de las Rocosas en la distancia.