HERMANOS KING CAPÍTULO 1
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HERMANOS KING

HERMANOS KING

Por Isabel Acuna

© inepub.com

CAPÍTULO 1

Brandon King abrió el correo electrónico con la última información de su asistente y se llevó una desagradable sorpresa al ver que en el equipo de D necesitaba blindarse, era imperativo saber qué áreas frágiles tenía la compañía y subsanarlo.

Eva James, un nombre del pasado. No tenía idea de que estuviera relacionada con la empresa con la que deseaba hacer negocios.

Necesitaba saber si era la misma. Conectado a la red Wi-Fi que ofrecía el vuelo privado, colocó su nombre en el buscador de Google y en imágenes aparecieron media docena de mujeres, hasta que surgió ella. Bebió el trago de golpe y pidió uno más mientras trataba de normalizar su respiración.

Más calmado, volvió la vista a la pantalla de su portátil y se dedicó a observarla. Era ella, estaba en una fiesta de fin de año de la empresa, sonreía con su perfecto peinado y su vestido de gala. Su traición aún le dolía, como si hubiera ocurrido el día anterior y no cinco años atrás.

Eva James era una hermosa mujer con un cabello del color del trigo, brillante, que a la luz del sol adquiría varios matices; unos ojos azul profundo de mirada intensa, y una figura esbelta y proporcionada. Observó el gesto inteligente que le devolvió la fotografía del ordenador.

Le envió un mensaje a su secretaria enseguida, solicitando la presencia de Mark Cooper, su jefe de seguridad, tan pronto aterrizara el vuelo en Chicago.

La investigaría, necesitaba saber qué había sido de ella, por lo leído en la red, era ahora la mano derecha de uno de los directores de la empresa de estudios financieros más prestigiosa del país.

No le sorprendía, era una mujer brillante y sagaz, inteligente y seductora.

Buscó una foto de su jefe directo, Dominic Danvers.

Era un hombre en la cuarentena y pensó que Eva, con su manzana, ya debía traer al pobre diablo de narices.

Volvió a mirar su esbelta figura, recordó todo lo que había debajo del vestido: piel suave, curvas delicadas y perfectas.

Era difícil sustraerse al embrujo de su sensualidad.

Por desgracia, no había vuelto a sentir por nadie más lo que sintió por ella.

Se conformaba con el cariño y la lealtad de Cassandra, la mujer con la que pensaba comprometerse.

Abrió su WhatsApp y observó las fotos de su novia y sus últimos mensajes.

“Hola, hombre guapo, ya estoy en tu casa. Te he echado de menos”.

Brandon esperó hasta que cargara una fotografía, era una selfie de la joven sonriendo en la puerta de su casa.

Él le contestó que también la había extrañado y le envió un emoticón con un beso.

No pudo evitar pensar, algo decepcionado, que en ese momento hubiera deseado una fotografía más caliente, de sus pechos, de su sexo dándose placer, y no esa imagen que poco lo entusiasmaba; pero él lo había querido así, sería el tipo de esposa que necesitaba.

A veces se percataba de que escondía su apetito sexual de su novia.

Recordó su cabello oscuro, su piel blanca, sus ojos verdes; era correcta e inteligente, sería la madre ideal para los hijos que deseaba tener.

Nunca había vuelto a pensar con la polla, eso era para imbéciles.

No tenía que pensar en demonios vestidos de satén color piel, que lo habían dejado chamuscado y sin ganas de repetir la experiencia.

Brandon maldijo y examinó la fotografía de Eva una vez más, con la misma sensación de rabia e impotencia.

Su error fue haberla llevado a las oficinas de Joyerías Diamond a hacer su pasantía.

Se habían conocido cuando él estaba en último año de maestría y ella en el último de carrera, como un tonto enamorado le había abierto las puertas de su empresa.

En cuanto terminaron descubrió, además de lo ocurrido, algo inadmisible y de lo que había guardado estricto silencio.

Fue toda una sorpresa el tamaño de la herida del desengaño.

Mientras miraba a Eva, apretó las mandíbulas.

—Bien, señorita James, hasta aquí le llegó el juego.

Horas después, al bajar del avión, su jefe de seguridad lo esperaba de pie al lado del chofer de la limusina.

Después de un breve saludo y cuando el auto se deslizaba por la vía, le dio el encargo de investigar a Eva James.

Mark poco la recordaba de su tiempo en la empresa, cuando trabajaba en el departamento financiero.

Pero si se le hizo extraño el pedido de su jefe, no lo manifestó.

La reunión tendría lugar el lunes de la semana siguiente, luego contaban con seis días para averiguar los antecedentes de Eva y qué había sido de su vida en los años transcurridos desde su romance.

Brandon marcó enseguida un número.

—Hola, preciosa. —Escuchó y soltó una corta carcajada—. ¿En serio? Voy en camino.

Sacudió su cabeza, como si así pudiera alejar el recuerdo de la noticia que lo había molestado y se dispuso a pasar una agradable velada con su prometida.

Eva y Dominic llevaban dos semanas en Chicago, habían sido trasladados desde Nueva York a la filial de esa ciudad tan pronto Joyerías Diamond entró en el panorama de la empresa.

Trabajaban en la propuesta que les presentarían en pocos días.

Ella había estudiado la compañía en todos los frentes y no podía sentir otra cosa que admiración por todo lo que Brandon King había logrado.

Su negocio estaba apostando por un público más joven con poder adquisitivo; aparte de la línea de diamantes, la empresa estaba ofreciendo toda clase de piedras preciosas y diversidad de materiales.

El mercado de la joyería había cambiado mucho y a pesar de los años difíciles, estaba en expansión.

Ellos estaban allí para que esa expansión fuera un éxito y lograr que los socios accionistas de la empresa no se sintieran tentados de vender sus acciones y pudieran seguir creciendo sin problemas.

También para blindarla de ataques externos por parte de las grandes empresas de joyas a nivel mundial.

—Si logramos este acuerdo, tendremos un buen bono navideño este año, estoy seguro —dijo Dominic.

Eva sonrió, nerviosa. Llevaba tiempo preparándose para el encuentro, los años trascurridos apenas habían cerrado la herida por lo ocurrido con Brandon.

Se había obligado, con mucha fuerza de voluntad, a dejar de lado sus sentimientos personales para centrarse en su trabajo, y creía que lo había logrado, pero volverlo a ver sería la verdadera prueba, el examen que tendría que pasar para poder seguir adelante con su vida.

—¿Qué pasa? Parece que hubieras visto al diablo en persona.

—Casi —murmuró ella, volviendo al trabajo.