15.
Tras una larga noche, Heiner, Darcee, Thomas y Ambrose acordaron los detalles de su nuevo plan. Parte de ello implicaba el apoyo de la gente del Agujero y habían pactado una reunión cerca del anochecer. Necesitaban reponer energías después de su travesía hasta el castillo real.
Ewald apareció por la puerta transportadora y la cerró con cuidado, tratando de no llamar la atención. Heiner se acercó a él y lo saludó —Ewald, ¿cómo te fue? ¿Friedrich no te causó problemas?
—Todo bien, aunque… el rey es un amargado—. Heiner dejó escapar una risa ahogada.
—Siempre lo fue, desde que su esposa murió —Ewald se intrigó por su comentario cuando alzó las cejas.
—Por cierto, procura llamarlo Friedrich, a la gente no le gusta oír la palabra rey acompañada de su nombre—.
Ewald asintió. —Antes de presentarte, déjame decirte, que yo me encargo de entrenar a la gente para que aprendan a usar sus poderes.
Si necesitas saber cualquier cosa, mi poder es la sabiduría; puedo recordar cada pieza de información que vea, oiga o lea—.
Ewald parecía intrigado. —Desde el rey Marcus Valtre, empecé a servir a la familia Valtre aconsejando e instruyendo en todo tipo de asuntos y conocimientos. Eso te incluye a ti ahora.
Una tímida sonrisa apareció en sus labios. —Gracias, Heiner. Eso significa mucho. Nunca nadie se había ofrecido enseñarme sobre mis poderes .
—Supongo que ha sido difícil... Tener que lidiar con todo eso, sin tutela —Heiner se detuvo junto a él, mientras cruzaba los brazos. Ewald asintió levemente, mirando ansioso a la gente que se congregaba.
—Ayer conociste a Ambrose. La familia que trabaja la madera —dijo, dirigiendo su mirada hacia un grupo de tres que juntaba tablones para construir una mesa improvisada.
—Esa es la familia Dotzel. Su poder les otorga la habilidad nata para ser constructores prodigios y la energía suficiente para completar sus tareas. Ambrose viene de esa familia.
Ewald y Heiner se acercaron. —Junto a ellos, la familia Helziech. Ellos pueden manipular la madera a su antojo—. Presenció cómo fusionaban dos trozos de madera como si fueran imanes, según habían instruido los Dotzel.
—¿Qué es lo que hace Knut? —preguntó curioso.
—Su poder es algo peculiar, puede crear gases y aromas que pueden dañar o curar el cuerpo. Pero la familia Gottfried siempre se ha especializado en gases tóxicos.
—Sí, recuerdo cómo intentó envenenar a mi amiga.
—Knut es... Demasiado impredecible, y algo quisquilloso.
Creo que nunca ha madurado lo suficiente para tener la edad de Darcee.
A veces, se comporta como un adolescente —bromeó por un segundo.
Ewald soltó una carcajada igual que él. Pensaba que Ewald era tan serio como Darcee, pero al parecer él sí sabía reír.
—¿Cuántos años tienen? —preguntó sonriendo.
—Veintiocho —contestó Heiner y miró a la gente que empezó a congregarse cuando la mesa quedó montada. No era muy alta, a la mayoría le llegaba por debajo de las caderas, pero ese era su propósito.
A Darcee le gustaba situarse en lugares altos para poder ver a todos. Cuando Ambrose le ofreció su mano, ella subió una pierna sobre la mesa, mientras que las telas de su falda ondeaban entre la malla negra de patrones florales que la cubría.
Ambrose la siguió. A pesar de ser un hombre robusto, seguía siendo igual de rápido que en pelea, aunque no lo pareciera, la resistencia que le daba su poder le proporcionaba muchas ventajas físicas.
—¿Están todos listos? —Ambrose alzó su voz ronca por todo el cuarto y la gente volteó inmediatamente. Las últimas personas distraídas terminaron de juntarse con los demás.
Heiner tomó a Ewald del brazo y lo guio hacia la mesa. La gente se apartaba dejándolos pasar. Lo respetaban tanto que ni siquiera tenía que pedir permiso. Thomas y Knut iban juntos desde el otro lado, abriéndose paso hasta enfrente. Aunque parecía que Knut iba empujando a Thomas hacia las personas.
—¡Atención, por favor! —gritó Darcee, poniendo las manos sobre su cadera y frunciendo el ceño.
El silencio se hizo en la sala. Thomas subió a la mesa y se colocó junto a ella.
Darcee miró a su público ansioso y respiró.
—Sé que no quedamos muchos. Durante años hemos estado planeando cómo volver a la superficie y retomar lo que era nuestro.
.. No me sorprendería que hayan perdido la fe —dijo mientras se paseaba por la mesa, pensando en sus palabras.
—Este podría ser el último plan, el último que les propondré. Solo si están de acuerdo.
Darcee se detuvo y giró hacia Thomas. Habían hablado de qué sucedería si no aceptaban. No querían que más personas murieran ocultas en la oscuridad.
Thomas se enderezó y dio un paso adelante. —Encontramos a alguien que puede infiltrarse sin restricciones al Castillo Feuer. Alguien que creíamos muerto hace años.
La gente se sorprendió al oír esas palabras. Darcee volvió a tomar el mando y miró hacia un lado de Heiner, a Ewald. —El hijo de Abigail Valtre y Lothar Schatten, nuestro primo, Ewald Schatten, sigue con vida.
Todos se miraron confundidos. Darcee extendió su mano hacia Ewald.
La gente de alrededor se apartó para poder verlo mejor.
Podía notar sus nervios cuando volteó hacia él.
Heiner simplemente asintió y Ewald apretó la mano de Darcee con gentileza.
Todos los ojos se dirigían hacia él, algunos con asombro, otros desconfiados.
—Sé que deben preguntarse cómo, pero créanme, no tenemos duda —dijo Darcee mirando a su audiencia.
—Ayer por la noche, atravesamos la niebla oscura que cubre el castillo —Thomas volteó hacia el público y escuchó susurros. —Ewald pudo cruzar las puertas del Castillo Real y levantar las sombras bajo su mando.
Algunos suspiraron asombrados, había miradas incrédulas entre la gente del Agujero.
No era una confesión para tomarse a la ligera.
Una mujer rubia, Sascha, la hermana menor de Ambrose, y madre de una familia de cinco, alzó la voz en el cuarto.
—Dicen que él nos puede ayudar, ¿cómo? Solo es un niño —exclamó cruzando los brazos.
Los demás imitaron su mirada acusadora hacia Ewald e inmediatamente se encogió.
Ewald miró a Darcee a los ojos. Era momento de que él hablara. Tenía que ganarse la confianza de ellos. —Yo... trabajo en el Castillo Feuer. Trabajo muy de cerca de... Friedrich.
Se esforzó por decir el apellido del usurpador. Aunque la gente seguía mirándolo mal, apreció su intento.
—Sé que no van a confiar en mí… No estoy aquí por patriotismo o lo que sea que ustedes piensen —hizo una pausa.
—Es toy aquí por mí, porque quiero saber la verdad.
Estoy harto de que la gente me mire de lado y me trate como un fracasado.
Y parece que estoy en una posición que ustedes necesitan.
—Ewald se giró hacia Darcee y Thomas —y yo los necesito a ellos.
El lenguaje corporal de Ewald inquietaba a los mayores que conocieron a sus padres.
La forma en cómo se movía, los pasos silenciosos de Lothar, la mirada distante de Abigail.
¿Qué más necesitaban para convencerse? —Tengo estos poderes que no sé controlar —Ewald vio sus manos y luego al público.
—Puedo escuchar sus voces en mi cabeza. Dudando, juzgando… No me importa lo que piensen de mí.
Vio algunas miradas nerviosas. Probablemente se preguntaban hasta qué punto era cierto, pero Heiner no tenía ninguna duda. El cuarto estaba en silencio, Ewald les dio la espalda y miró a Darcee y Thomas.
—¡Queremos ver su poder! —gritó alguien desde la multitud.
—¡Sí, que nos muestre! —otra voz reclamó.
Darcee le dirigió una mirada tan intensa al hombre que gritó y, por un segundo, Heiner sintió temor. —Nosotros hemos visto el poder de Ewald. No es necesario que participe en un espectáculo para ustedes —Darcee no dudó en invocar cada gota de su autoritarismo. Mejor recordarles quién manda aquí.
—Ewald aún necesita instrucción, podría ser peligroso presionarlo —Heiner alzó su voz tratando de no sonar tembloroso.
Darcee esperó un momento para ver si alguien más se atrevía a hablar.
—Si nadie tiene más preguntas. Necesitaremos a todos para que este plan funcione, sin excepciones.
Si lo logramos, Valtremix caerá ante nosotros.
Si fallamos, no habrá vuelta atrás y los que sobrevivan deberán valerse por sí mismos.
Es todo o nada. Les garantizo que las probabilidades de que funcione son altas.
—¿Cuál es el plan? —preguntó alguien del público.
—Planeamos poner bombas en lugares estratégicos—. Darcee hizo una pausa y continuó. —Dentro de los túneles.
La gente jadeó sorprendida. Las miradas confusas e incrédulas se oponían a la idea.
Juró haber escuchado una carcajada ahogada y maldiciones.
Claro, este plan lo propuso él desde un principio y lo conocía perfectamente de pies a cabeza.
Incluso para Darcee parecía un plan descabellado.
Tener que destruir su única protección que han llamado hogar estos dieciséis años.
Pero, a medida que explicaba su plan, empezó a tener sentido.
Darcee continuó. —Necesitaremos fabricar las bombas y probarlas. Poco a poco, recabaremos información, plantearemos la estrategia y, después, podrán imaginarse el resto… Entonces, ¿están dentro o fuera?
La gente se miró entre sí, había miradas dudosas y precavidas, con justa razón. —Estamos dentro —un hombre alzó su voz por su familia. Otro contestó —Sí —por otra parte, alguien dijo. —¡Qué estamos esperando, hay que quitarles lo que nos robaron!
Sascha se irguió y exclamó en voz alta —¡Sí! Es tiempo de retomar nuestro lugar.
Ambrose sonrió hacia Sascha y luego a Darcee. —¡Te seguimos, su majestad!
Darcee asintió, sonriendo con confianza. Todos festejaron entusiasmados y gritaron con euforia, confiando en que ese plan funcionara. La voz de Darcee resonó en la habitación como un eco, provocando una emoción electrizante dentro de las cabezas de cada uno.
Es todo o nada .