Herederos de Cenizas (Valtremix 1) 9.
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A la mañana siguiente, Thomas trató de conseguir sus mejores prendas.

Si iba a salir, tenía que mezclarse con la juventud actual.

Aunque toda su ropa era vieja y seguía apestando a la humedad del Agujero, hizo su mejor intento para verse presentable.

Encontró una camisa de cuello alto gris, unos pantalones negros de tela lisa y una chaqueta ligera en los cajones de su pequeña recámara.

Le hubiese gustado mirarse al espejo, pero después de una discusión de copas con Knut, habían roto el único que poseía.

Después, salió del cuarto y se dirigió a una puerta redonda, un túnel sin salida que le podía guiar a cualquier otra cámara, con tan solo pensar en el lugar donde quería llegar.

—Derterra—. Un agujero se abrió en medio del círculo de madera que formaban los arcos. La tierra cayó sobre su cabeza y la luz del día lo iluminó. El impulso del aire lo elevó hasta la superficie, venciendo la gravedad.

La tierra lo escupió en medio del bosque de Valtremix.

Podía ver el sol de la mañana iluminar las puntas del castillo del orfanato en tonos dorados.

El viento soplaba suavemente contra las hojas, y los pájaros cantaban al unísono.

Era un sonido que le traía recuerdos. Su madre solía pedirles a las aves que cantaran para él cuando era pequeño.

Era una de las pocas cosas buenas que podía recordar.

Thomas llegó al orfanato y vio que todos sus habitantes se dirigían a la escuela.

Jamás se había sentido tan libre. Normalmente, iba a un solo lugar y regresaba de inmediato para calmar los nervios de Darcee.

Ahora, podía ser libre de caminar por los caminos grabados del reino, sin que nadie sospechara de él.

Podría estar haciendo cualquier otra cosa.

Y en vez, trataba de encontrar al bebé que habían perdido.

Siempre había pensado en Darcee como su hermana, aunque prima fuera la palabra que saliera de su boca.

Ahora pensar que tenía un primo que no había muerto era otra cosa.

No confiaba en lo que encontraría ni ilusiones sobre el chico.

Probablemente ha llevado una vida mejor que nosotros .

¿Por qué se molestaría en arrebatarle tal lujo?

De pronto, vio al chico caminando hacia Nuevo Feuer.

Era alto, con cara delgada y las facciones típicas de un Valtre, y su cabello despeinado caía en rizos castaños sobre su frente.

Sabía que era él, pero ¿si es quién piensa qué es?

Tendría que descubrirlo. Thomas siguió al chico con una distancia considerable.

La escuela, Valtremix Studium, era el único nombre que respetó Friedrich después de reformar el reino a su imagen.

Thomas entró en el área de la preparatoria.

Todos los chicos eran solo unos años menores que él, así que sería fácil mezclarse con ellos.

El chico pálido caminaba junto con la rubia que casi mataba Knut.

No sabía cuál era su nombre, pero podría descubrirlo si se acercaba un poco más.

La rubia se detuvo frente a unas mesas en los jardines de la escuela y el chico siguió su propio camino hacia los pasillos. Thomas se sentó en una banca vacía, teniendo vista hacia ellas. Quería descubrir más cosas de este entorno y no había nada mejor que una charla de chicas.

—En una semana será el torneo de combate de Valtremix —dijo la pelirroja llamada Lea Schulz .

—¿Cuántos años celebran? —preguntó la chica de pelo negro y piel bronceada. Kirsten Braun . Recordó que los Braun alguna vez formaron parte de las familias reales, pero su recuerdo era muy vago.

—No lo sé, según mi padre son más de setecientos —dijo la pelirroja mientras se acomodaba el pelo.

Setecientos cinco años con exactitud , pensó, aunque ese dato no era relevante para la ocasión.

Ese era más el tipo de asunto de Heiner Novack.

La chica siguió hablando. —Lo que importa, es que yo seré la anfitriona del evento —dijo entusiasmada alzando sus brazos mientras las otras reaccionaban emocionadas.

Un torneo para una celebración, sin duda Friedrich sabe cómo entretener al público .

Desde su reinado, empezó a crear distintas celebridades con el fin de echar a la basura las viejas costumbres de los Valtre.

Aunque Thomas estaba aliviado de que algunas de ellas se hubieran ido.

Era hora de cambiar lo viejo por lo nuevo.

El mundo moderno cambiaba, y ellos se aferraban a la austeridad.

—¿Quiénes participarán? —escuchó a la rubia. Amalie . No tenía un segundo nombre. Es una huérfana, como yo.

—Adlar, como siempre.

—El apuesto príncipe Hans —dijo Kirsten, la chica bronceada, lanzándole una mirada de complicidad a la pelirroja y ella le pegó con su codo en el brazo.

—Kirsten, no empieces —contestó molesta la pelirroja y volteó a ver a la rubia. —También estarán Oswin, Fred.

—Escuché que Charlotte y otras chicas de último grado calificaron para el torneo.

Thomas ya había escuchado lo suficiente.

Entrar en las mentes de esas adolescentes era como una rueda de emociones intensas, halagos y decepciones.

Y pensar que Darcee se quejaba de él. Tenía que enfocarse en encontrar a su supuesto primo, pero en ese momento, encontró algo interesante en la mente de Lea que lo distrajo.

Ella había volteado a sus espaldas y lo observó.

—Veo que últimamente tienes tus ojos puestos en alguien —sugirió Kirsten. Efectivamente .

Lea retiró rápidamente su mirada con las pupilas bien abiertas, negando lo obvio. —No sé de qué hablas —se distrajo enrollando un mechón de su pelo entre el dedo.

Kirsten se rio. Le recordaba un poco a él. La rubia pareció inconforme y bajó la mirada desalentada. Lea la pelirroja, sentía culpa y estrés a la vez. No deseaba entrar en esa conversación, y, en vez de ello, esbozó una sonrisa falsa en sus labios. Ella no tiene buenas intenciones .

Thomas se levantó de la banca y se acercó a los pasillos donde estaba el chico.

Tenía la cara muy pálida y seria, sus pupilas grises y apagadas mirando al suelo.

Se movía con mucha quietud. Pies ligeros .

Si trataba de escuchar algún sonido suyo, no iba a poder.

Trató de acercarse para penetrar su mente, pero no lo conseguía.

Quiso acercarse más, pero vio que otros chicos riendo a carcajadas se dirigían a él. Uno de ellos le dejó caer la mano sobre su espalda y deslizó su brazo rodeándolo con confianza.

—¿Qué estás viendo, Euald? —dijo de la manera más burlona, examinando su mirada hacia las chicas.

Se supone que es Evald, pero recordó que su nombre se escribía con w, claramente era para molestarlo. Tal vez Friedrich le dejó su propio nombre para hacerle la broma. Aun así, seguía teniendo dudas sobre su autenticidad.

—¿Qué estás viendo tú, Adlar? —contestó Ewald molesto .

—Veo que tu amiguita le está yendo mejor que a ti —dijo el chico llamado Adlar.

—Incluso ella te abandonará, como tus padres —dijo otro de cabello rojizo burlándose.

Ewald se enfureció y empujó el brazo del chico que lo rodeaba. —¡Tú qué carajos sabes de mis padres! —exclamó.

—Bueno, eres de los últimos que entró al orfanato, si tus padres no murieron en la guerra, entonces te abandonaron —contestó sinvergüenza. —Desafortunadamente, la duquesa tuvo compasión y dejó entrar a otro animal más al corral de los olvidados.

Thomas se estaba asqueando por su actitud, le daban ganas de hacer que se le trabara la lengua y no pudiera hablar nunca. Claro que tenía la habilidad de dejarlo sin voz, pero ese no era el objetivo de su excursión.

Ewald alzó su mano, pero un chico alto de cabeza cuadrada lo detuvo. —No te atrevas a hablar de mi madre— dijo con una voz imponente al otro. Ewald parecía sorprendido, pero los demás chicos seguían burlándose.

—Nuestro príncipe está aquí, al servicio de los idiotas —dijo Adlar mientras hacía una reverencia dramática.

—Bueno, al menos admites que lo eres —dijo el chico fornido enfadado.

—No quiero problemas contigo, Hans —dijo el bravucón. —Además, si tu abuelo, el rey, te oyera hablar así. No quiero imaginar lo que te haría —él sonrió con seguridad y se retiró con los demás chicos entre risas ahogadas. —Vámonos.

Hans Friedrich. El nieto de Friedrich . Con razón se le hizo conocida esa cabeza cuadrada. Notó que no era tan insensible como su abuelo, sin malicia. Hans y Ewald se quedaron solos, intercambiando miradas mientras los demás se alejaban. Hans era ligeramente más alto que Ewald.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado.

—No necesito tu ayuda —contestó fríamente y le dio la espalda para entrar a los pasillos interiores de la escuela. Grosero . Poco a poco, se convencía de su parecido con los Valtre, o más bien, con alguien en concreto. Darcee era igual de adolescente .

Necesitaba enfrentarlo. Extrañamente, había entrado en la mente de Hans y el bravucón, pero no en la de Ewald.

Esperó a que Hans se alejara lo suficiente y salió al patio donde las chicas platicaban.

Al parecer, habían visto la pequeña pelea entre ellos por sus miradas, así que el príncipe fue a apaciguarlas.

Thomas entró en la escuela y siguió a Ewald.

Lo que ese chico había dicho sobre sus padres le hizo pensar.

El padre de Ewald había muerto en la guerra, pero su madre no.

Ella vivió algunos años en la superficie, sin contacto con el Agujero.

Recordó que un día, Friedrich anunció la muerte del último Valtre, refiriéndose a ella.

Jamás vieron su ejecución ni su cuerpo, pero ¿Qué había pasado con Ewald durante esos años?

Darcee vio cómo los soldados de Friedrich capturaron al bebé de los brazos de otros nobles, solo eso.

Todo este lío se enredaba más al paso de que descubría más cosas sobre él.

Al girar en el pasillo, vio a Ewald cerrar su casillero y Thomas trató de esconderse, pero se dio cuenta de que lo había notado.

Aún no podía entrar en su mente. ¿Y si Knut tenía razón sobre su poder?

No podría controlarlo ni sacar información de su cabeza, solo comunicarse con él.

Un Valtre no puede controlar a otro Valtre .

Se asomó y la chica pelirroja había llegado para hablar con él. Decidió prestar atención a la conversación a través de Lea.

—¿Estás bien? —preguntó, tomando su brazo .

Ewald simplemente dirigió su mirada a la mano de la chica. —Sí, estoy bien —dijo tranquilo.

—Oye, Amalie te estaba buscando.

—Lo sé —contestó en voz baja.

Ella pareció extrañada. Conocía esa mirada, le sucedía mucho cuando se metía en mentes ajenas. Cada vez se le ponían los pelos de punta cuando pensaba en el poder de Ewald.

—Bueno, iba a decirte que habrá una fiesta esta noche en mi casa. Así que, sí quieres venir...

—¿Amalie estará ahí? —preguntó.

—Sí, ella iba a decírtelo, pero ya que te encontré, mejor te lo digo yo —dijo la chica sonriendo.

Es muy buena fingiendo, por más que se niegue . Se dio cuenta de que Lea y el tal Adlar planeaban una broma sin sentido.

—Puedo ir después del trabajo —contestó Ewald.

—Genial, entonces ahí te veré.

La chica le dio la espalda y se fue por otro pasillo pasando a lado de Thomas. Ella ni se percató que él estaba ahí, se aseguró de que no lo viera. Volvió a asomar la cabeza y salió por el pasillo donde Ewald se quedó mirando esperanzado hacia la pelirroja.

Lo tenía frente a él, no apartó su mirada hasta que sus ojos se encontraron con los suyos.

Las pupilas plateadas de Ewald destellaron un ligero color a salvia, y justo antes de pasar a su lado, Thomas apartó la mirada.

Fue entonces cuando descubrió la verdad, pudo ver su mente, pero solo sus pensamientos superficiales, no podía llegar más lejos.

Ewald lo siguió con la mirada confundida y se dio la vuelta hacia él. Thomas le dio la espalda y siguió su camino.

Escuchó la curiosa voz de Ewald preguntándose a sí mismo. ¿Y tú quién demonios eres?

Y, claro, él no esperaba que Thomas respondiera. Soy un Valtre, ¿ y tú?