5.
Knut salió huyendo del pasillo principal de la oficina del rey. Bajó por las escaleras hasta llegar a la sección del personal y se quedó agitado sentado en el escalón.
Escuchó en su cabeza la voz de Darcee. Knut, ¿qué sucedió? Hace rato que contactó con ella, pero la adrenalina de ser descubierto de nuevo lo invadió rápidamente. Dos cuerpos el mismo día no era nada conveniente.
Knut respiraba incontroladamente, intentaba calmarse. Alguien... alguien me vio... espiando a Friedrich .
¿Quién era? ¿Friedrich se dio cuenta? La voz de Darcee respondió ansiosa.
Era un chico, un sirviente. Estaba dentro de la habitación con Friedrich y alguien más . Tomó un breve respiro para despejar su mente. Creo que no se lo ha dicho .
Síguelo y averigua, no podemos arriesgarnos . Darcee volvió a responder con su tono frío.
Knut se irguió y se apoyó en la pared, y luego bajó por las escaleras hasta la cocina. Ya casi no había nadie más que el hombre que se encargaba de lavar platos.
Se acomodó la ropa y caminó analizando su próximo movimiento, pensando en los guardias que había distraído para que la puerta estuviera despejada. Un mal movimiento . Se reprochó.
Eran pasadas las nueve de la noche, esperaba frente a la torre de los sirvientes a que el chico saliera de su hora, recargándose entre las intensas sombras que proyectaba el bosque de Valtremix. No sabía su nombre ni quién era, pero podía reconocer su rostro.
¿Qué sucede si no le dijo nada? Preguntó a Darcee antes de salir de la torre.
Tráelo a nosotros. No podemos arriesgarnos a matarlo. Friedrich se dará cuenta de la ausencia de uno de sus sirvientes y no queremos levantar más sospechas . Darcee respondió en su mente.
Sabía cómo hacerlo. Enfrentarlo, usar unos polvos para adormecerlo y asunto resuelto.
Solo tendría que arrastrarlo por todo el bosque hasta una de las entradas del Agujero.
Incluso si el chico no hubiera dicho nada, su destino sería el mismo.
Pensó que sería útil para entrar en la oficina y tomar lo que necesitaban, Unas cuantas amenazas harían lo que ellos desearan, o si no, Darcee o Thomas lo obligarían de todas formas.
El chico finalmente salió por la puerta de la torre de los sirvientes. Era tan delgado que apenas veía su sombra desde lejos. Knut se escondió entre los árboles silenciosamente y se tropezó con una roca. Ahogó su llanto y se frotó el tobillo en silencio.
Volteó hacia la entrada y el chico ya no estaba. ¿Cómo lo pude perder tan fácil? Estúpido . Knut dio la vuelta a todas partes lloriqueando en silencio. Caminó entre los árboles medio cojeando, sin dejar del todo su escondite.
—¿Me buscabas? —escuchó una voz en el aire .
Knut se encogió y giró rápidamente. El chico apareció detrás de él.
—¿No te enseñaron que espantar a la gente por la espalda es de mala educación, niño? —se quejó examinando al chico de pies a cabeza.
Había dejado sus prendas de sirviente y ahora vestía con una chaqueta negra y pantalones oscuros.
Apenas podía ver su pálida piel reflejada en la luz de la luna y sus pupilas que resplandecían débilmente como diamantes.
Era un chico apuesto, pero era un bebé para él.
—¿Qué hacías espiando al rey? —continuó intrigado.
—No es de tu incumbencia.
—Bien, entonces no te molestará que se lo cuente —dijo despreocupado, alzando sus cejas, como si tuviera el control de la situación.
—¡Cómo te atreves, maldito peón! —gritó enfadado irguiendo los brazos.
El chico analizó a Knut durante un momento. Todos somos peones del rey . Él no abrió la boca. Knut lo escuchó claramente en su cabeza y se congeló. —¿Quién era la mujer con la que hablabas?
—¿Qué? —se quedó callado con los ojos bien abiertos. ¿Cómo rayos sabe sobre Darcee? ¿Quién es este tipo?
—Darcee... No trates de engañarme, puedo ver lo que piensas —dijo seriamente mientras se acercaba a Knut lentamente.
—¿Quién eres? No sé de qué hablas, pero pagarás por eso —sin pensarlo, alzó sus manos invocando una nube de humo que lo dormiría al instante.
Él dio un paso atrás y cruzó los brazos, cubriéndose la cara. Antes de que pudiera inhalar el humo, una pared de sombras se alzó frente a él, partiendo el humo en dos y desvaneciéndose con la oscuridad. —¡Dime quién eres, chico sombra! —exclamó, volviendo a formar otra nube.
Las sombras se elevaron más densas y rodearon al joven. La oscuridad nublaba su vista y la luz desapareció. Aún alcanzaba a ver la delgada silueta y una ola se dirigió a Knut como fuego y gas, en una sofocante tormenta de oscuridad absoluta.
Trató de pelear contra ellas, pero cada vez que se movía, sentía el aire ahorcarlo violentamente como si un montón de personas lo estrellaran contra la pared. Las sombras empezaron a desvanecerse, lentamente. Se sintió más libre, pero aún sin poder hacer nada al respecto.
Cuando la vista del castillo reapareció, y con ella la luz de la luna, se dio cuenta de que el chico desapareció junto con sus sombras.
Knut se quedó hincado sobre la tierra tomando grandes bocanadas de aire. —¡Regresaré por ti! —exclamó a la nada, sintiendo la humedad del bosque mojar sus piernas.
Recobró su postura. Caminó adentrándose al bosque, tratando de encontrar alguna señal del chico. El viento soplaba suavemente entre las hojas de los árboles, y los sonidos de la noche resonaban como un eco. No puedo volver al Agujero. No hasta que encuentre a ese mocoso .
¿Qué pensaría Darcee de su error? Se suponía que él manipulaba a la gente, no al revés. Haber dejado escapar al mocoso podría costarles la vida. Tenía que encontrarlo y arrastrarlo hasta los túneles del Agujero. Ahí los demás decidirán qué hacer.
Aun así, su plan ya era demasiado arriesgado para fallar. Tendría que ser el doble de cuidadoso para encontrarlo y no delatar a su gente a la vez. Knut decidió regresar al castillo y preguntar quién conocía al chico. Solo rogaba que mantuviera su boca callada.