Herba Vitae CAPÍTULO 25 Una llave de cristal #2
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CAPÍTULO 25 Una llave de cristal #2

—Entonces Salvatierra llegó a Toledo siguiendo esto.

—Posiblemente combinó esta referencia con lo que encontró después en Burgos —respondió Adrián.

La hipótesis coincidía con las notas del restaurador. Granada proporcionaba una referencia incompleta que por sí sola no permitía identificar con seguridad el destino, mientras que la documentación recuperada en Burgos aportaba el dato necesario para relacionarla con Toledo.

Solo al reunir ambas fuentes podía verificarse el rastro.

No existía ninguna comunicación misteriosa entre los monumentos.

Lo que había era documentación fragmentada deliberadamente y distribuida de tal manera que ningún hallazgo aislado permitiera reconstruir todo el recorrido.

Omar continuó examinando la inscripción hasta identificar una última palabra suficientemente conservada.

«Copia.»

Adrián permaneció pensativo.

—Entonces quizá el expediente de Toledo tampoco sea el original.

Daniel asintió.

Podía tratarse de una copia realizada en 1502 o de un documento que mencionara la existencia de otra copia anterior. La inscripción no permitía saberlo todavía y cualquier conclusión más precisa sería prematura.

Lucía retiró cuidadosamente el prisma.

La luz recuperó su trayectoria anterior y las incisiones volvieron a resultar mucho más difíciles de distinguir.

Observó la pequeña pieza transparente.

—Ahora entiendo por qué Salvatierra lo llamó llave.

Adrián la miró.

—No abre nada.

—Abre una lectura.

La expresión era exacta.

Aquella pequeña pieza de cristal no poseía ningún poder ni podía activar mecanismo alguno. Su utilidad consistía simplemente en dirigir la luz con suficiente precisión para estudiar sectores difíciles de la inscripción.

Daniel volvió a guardar el prisma en su estuche.

—Entonces debería quedarse con el Patronato.

Isabel asintió.

—Y esta vez quedará catalogado.

Salvatierra había dejado demasiado material fuera de los registros oficiales.

Tal vez en 1978 hubiera tenido motivos para hacerlo, especialmente si temía que determinadas piezas desaparecieran durante los traslados, pero repetir ahora aquella decisión significaría cometer el mismo error que había convertido buena parte de su investigación en un misterio innecesario.

Documentaron la ubicación del prisma y su relación con las notas de Salvatierra, dejando registrada también la posible función que había cumplido durante las pruebas ópticas.

A partir de ese momento cualquier investigador autorizado podría reconstruir el procedimiento sin depender de interpretaciones transmitidas oralmente.

Nada volvería a convertirse en leyenda por falta de contexto.

Antes de abandonar la cámara, Daniel recibió una comunicación del equipo de seguridad que trabajaba con la policía.

Se detuvo a escuchar.

Su expresión cambió.

Adrián se acercó.

—¿Qué encontraron?

Daniel terminó la comunicación antes de responder.

—La policía revisó el material de la mochila de los intrusos. Entre los papeles había una copia parcial de un informe.

—¿Cuál?

Daniel miró la pantalla.

T-1502

Adrián sintió que todas las piezas comenzaban a acercarse.

—¿Qué contiene?

Daniel solicitó que le enviaran una reproducción autorizada de las páginas relacionadas con la investigación histórica.

Mientras esperaban, explicó que el documento contenía una referencia archivística vinculada con un antiguo edificio donde, según el informe, se había consultado material procedente de Granada a comienzos del siglo XVI.

Minutos después apareció la primera página.

El encabezado resultaba legible.

«Inventario de papeles recibidos de Granada y revisados en la casa próxima al Tajo.»

Omar se acercó inmediatamente.

Comparó la frase con la inscripción que acababan de estudiar.

—Entonces sí era Toledo.

La combinación de ambas fuentes eliminaba prácticamente la ambigüedad.

Adrián continuó leyendo.

Parte del documento estaba cortado y faltaban varias páginas. Los intrusos tampoco poseían el expediente completo, lo que significaba que el Proyecto Umbral seguía intentando reconstruir el mismo rastro.

Daniel señaló una anotación moderna realizada en uno de los márgenes de la copia.

«Original posiblemente conservado en archivo eclesiástico.»

Adrián guardó la referencia.

Ahora ambos grupos sabían hacia dónde mirar.

Sin embargo, existía una diferencia importante.

El Proyecto Umbral poseía fragmentos de información obtenidos durante años de búsqueda, mientras que Adrián y los demás empezaban a comprender el contexto histórico que permitía relacionarlos.

Sabían de dónde procedía la referencia de 1502 y podían vincularla con las decisiones tomadas en Granada antes de que aquella documentación fuera dispersada.

La llave de cristal no viajaría con ellos.

Permanecería en la Alhambra bajo custodia del Patronato, correctamente inventariada y acompañada por toda la documentación necesaria para explicar su función.

A Toledo llevarían reproducciones de las inscripciones y las notas de Salvatierra, junto con la copia autorizada del expediente T-1502.

Adrián observó una última vez la pequeña pieza transparente antes de que Daniel cerrara el estuche.

Durante demasiado tiempo, quienes habían investigado aquellos lugares habían confundido herramientas con reliquias y procedimientos técnicos con secretos deliberadamente inexplicables.

Salvatierra, en cambio, parecía haber comprendido que el verdadero valor del prisma no estaba en el objeto, sino en aquello que permitía estudiar.

Una llave no necesitaba mover una cerradura para merecer ese nombre.

Aquella permitía dirigir la luz hacia una inscripción casi perdida y recuperar una información que llevaba décadas esperando ser interpretada correctamente.

Y gracias a ella acababan de confirmar algo que ya no podía atribuirse a una simple coincidencia.

El siguiente rastro documental conducía a Toledo.