CAPÍTULO 25 Una llave de cristal
BLOQUE 1
La documentación recuperada del dispositivo de los intrusos quedó bajo custodia policial. Adrián había conseguido conservar únicamente las copias autorizadas relacionadas con el Proyecto Umbral, y desde que habían comenzado a revisarlas había una expresión que seguía llamando su atención.
SEGUNDA LLAVE
Ahora sabían qué significaba. No era un objeto, sino el nombre que aquella organización había dado al conjunto de documentos necesarios para interpretar correctamente los hallazgos de Granada. Sin embargo, una anotación situada dentro del expediente T-1502 planteaba un problema distinto.
«Falta elemento óptico descrito por Salvatierra.»
Lucía volvió a leerla.
—¿Elemento óptico?
Daniel buscó en las carpetas de 1978. Durante casi media hora revisó fotografías y anotaciones sin encontrar nada que explicara aquella referencia, hasta que Omar recordó la descripción que Salvatierra había realizado de la Cámara de los Reflejos.
El restaurador había efectuado pruebas con distintos niveles de agua y había estudiado las trayectorias luminosas sobre los pilares.
En uno de sus croquis aparecía una pequeña pieza colocada frente a la entrada de luz.
Daniel amplió la fotografía.
—Esto.
El dibujo mostraba una forma prismática. Junto a ella, Salvatierra había escrito:
«Corrector de ángulo.»
Lucía observó la Cámara de los Reflejos.
—Entonces no estamos reproduciendo exactamente el sistema que él utilizó.
Hasta ese momento habían empleado fuentes modernas de iluminación para reconstruir algunas posiciones, lo que les había permitido localizar inscripciones difíciles de observar. Pero los documentos sugerían que Salvatierra había utilizado un elemento adicional para realizar sus pruebas.
Adrián comenzó a revisar las fotografías de la hornacina abierta en 1978.
En una de ellas aparecía la caja retirada del muro y, entre los documentos almacenados en su interior, podía distinguirse un pequeño estuche cuya forma no coincidía con ninguno de los expedientes. La imagen no permitía ver qué contenía.
Omar dio vuelta la copia.
En el reverso había una anotación.
«Pieza óptica conservada en Granada. No trasladar con el archivo.»
Adrián levantó la vista.
La caja documental había viajado a Burgos.
La pieza no.
Daniel buscó inmediatamente en los inventarios de la restauración, pero no encontró ninguna referencia que permitiera identificarla. Isabel frunció el ceño al comprobar que tampoco aparecía entre los objetos registrados al finalizar los trabajos.
—Entonces Salvatierra la guardó fuera del archivo oficial.
Aquello no significaba necesariamente que hubiera intentado apropiársela. Podía haber considerado que formaba parte del instrumental relacionado con la cámara y que, por ese motivo, debía permanecer en Granada.
Lucía volvió a las notas personales del restaurador y encontró una referencia escrita dos días después de la apertura de la hornacina.
«El prisma permanecerá junto al sistema. Sin él, las lecturas son imprecisas.»
Ahí estaba.
No era una llave capaz de activar la Alhambra ni un objeto dotado de alguna propiedad inexplicable. Se trataba de una pieza óptica que Salvatierra había utilizado para dirigir la luz con mayor precisión durante sus investigaciones.
Daniel observó la estancia.
—Si la dejó aquí, tiene que seguir en alguna parte.
Adrián recordó entonces la dependencia técnica utilizada por Salvatierra durante la restauración. Habían encontrado allí herramientas y varias carpetas, además de un antiguo medidor de nivel, pero no habían revisado completamente el pequeño armario empotrado detrás de la mesa de trabajo.
Regresaron al lugar.
La cerradura estaba deteriorada por el tiempo. Isabel autorizó su apertura mediante un procedimiento que evitara dañar la madera original y, cuando finalmente consiguieron acceder al interior, encontraron varios instrumentos utilizados durante la intervención de 1978.
En el estante inferior había una caja de madera.
Sobre la tapa aparecía una sola palabra.
REFLEJOS
Daniel la abrió.
Dentro descansaba una pequeña pieza transparente. Era un cristal cuidadosamente tallado cuya superficie conservaba pequeñas irregularidades que revelaban un trabajo preciso, aunque claramente manual.
Lucía lo sostuvo frente a la luz.
El haz cambió inmediatamente de dirección.
—Un prisma.
Adrián volvió a observar las notas de Salvatierra.
Por fin habían encontrado aquello que el restaurador había llamado la llave de cristal.
BLOQUE 2
Antes de utilizarla, Daniel documentó cuidadosamente las dimensiones de la pieza y los ángulos de sus caras, prestando especial atención a las pequeñas imperfecciones visibles en el material.
Nada indicaba una fabricación imposible para la época.
La calidad del trabajo era notable, pero las superficies conservaban señales compatibles con métodos artesanales de tallado y pulido.
Omar examinó el estuche.
En el interior había una etiqueta añadida por Salvatierra.
«No confundir función con origen. Pieza probablemente reutilizada.»
Adrián comprendió inmediatamente la advertencia.
Salvatierra había sido especialmente prudente con las interpretaciones.
Encontrar un objeto dentro de una estancia antigua no demostraba que hubiera sido fabricado al mismo tiempo que ella.
El prisma podía haber llegado allí siglos después y haber sido incorporado por alguno de los grupos que estudiaron aquellas estructuras.
Lucía llevó la pieza a la Cámara de los Reflejos.
No intentó colocarla inmediatamente. Primero buscó en las fotografías de 1978 la posición exacta desde la que Salvatierra había realizado sus pruebas. En una de las imágenes aparecía una pequeña base de piedra situada cerca de la entrada superior de luz.
La base seguía allí.
Hasta entonces la habían interpretado como un simple apoyo relacionado con trabajos posteriores de conservación.
Daniel comparó sus dimensiones con las del prisma.
—Encaja.
Eso no demostraba que la base hubiera sido construida originalmente para aquella pieza. Salvatierra podía haber seleccionado un prisma que se adaptara al soporte existente o haber utilizado aquella superficie simplemente porque resultaba adecuada para mantenerlo estable.
Lucía colocó cuidadosamente el cristal.
La luz incidió sobre una de sus caras y cambió de dirección antes de alcanzar el estanque.
Daniel observó el recorrido.
—Ahora entiendo lo de «corrector».
El conducto superior proporcionaba una entrada de luz limitada cuya dirección variaba según la posición solar. El prisma permitía modificar ligeramente la trayectoria del haz durante las pruebas y reproducir determinadas condiciones sin necesidad de esperar una fecha concreta del año.
Omar encontró otra anotación de Salvatierra.
«Utilizar únicamente para comprobación. La lectura original depende de la luz natural.»
Aquella frase resolvía cualquier duda.
El restaurador no afirmaba que el prisma perteneciera al mecanismo histórico. Lo había utilizado como una herramienta para estudiar el comportamiento óptico de la cámara y comprobar hipótesis sin tener que esperar meses para reproducir determinadas condiciones de iluminación.
Lucía giró lentamente la pieza hasta alcanzar el ángulo indicado en las notas.
Una franja de luz llegó hasta uno de los pilares.
Daniel ajustó después el nivel del estanque dentro de los márgenes que Salvatierra había registrado durante sus pruebas. El reflejo cambió de posición y terminó alcanzando el muro norte.
Las incisiones que ya conocían comenzaron a distinguirse con mayor claridad.
Omar se acercó.
—Hay más texto.
Hasta ese momento habían pensado que las marcas terminaban en aquel punto. Con el nuevo ángulo de iluminación pudieron comprobar que continuaban varios centímetros hacia la derecha, ocultas por el desgaste superficial de la piedra.
Daniel fotografió la zona desde diferentes posiciones mientras Omar comenzaba a identificar los caracteres conservados.
La inscripción hacía referencia al traslado de determinados documentos después de 1491. El texto estaba deteriorado y no mencionaba de manera inequívoca una ciudad, pero conservaba una expresión suficientemente clara.
«La casa del Tajo.»
Lucía levantó la vista.
—Toledo.
Omar no quiso precipitarse.
—Es una posibilidad muy fuerte, pero el Tajo atraviesa otros lugares. Necesitamos otra referencia.
Adrián recordó entonces una anotación de Salvatierra fechada en 1997.
La buscó entre las copias.
TOLEDO — confirmado mediante archivo de Burgos.
La inscripción de Granada no demostraba por sí sola que el destino fuera Toledo, pero explicaba de dónde podía haber surgido una parte de la investigación que Salvatierra había continuado posteriormente en Burgos.
Daniel siguió fotografiando el muro.
Más abajo apareció otra referencia.
1502.
Esta vez nadie habló durante varios segundos.
Era exactamente la fecha asociada al expediente que buscaban.
Adrián observó ambas referencias.
La casa del Tajo.
1502.
Ya no estaban delante de una coincidencia aislada.
Una inscripción antigua, correctamente iluminada mediante el procedimiento que Salvatierra había utilizado durante sus investigaciones, contenía dos datos que coincidían con el expediente del Proyecto Umbral.
El prisma no había revelado un mapa oculto ni había activado ningún mecanismo desconocido.
Simplemente les había permitido leer mejor una inscripción que siempre había estado allí.
Y aquella inscripción reforzaba de manera considerable la pista que conducía hacia Toledo.
BLOQUE 3
La parte final del texto estaba muy deteriorada.
Omar necesitó comparar las fotografías tomadas con diferentes ángulos de iluminación antes de proponer una lectura parcial, y se negó a completar las zonas perdidas mediante suposiciones.
Trabajaría únicamente con los caracteres que todavía podían distinguirse.
La inscripción parecía referirse a documentos separados después de la entrega de Granada. Una parte habría sido enviada hacia territorio castellano y, en una sección posterior, aparecía mencionada una revisión realizada años después.
1502.
Adrián señaló la fecha.
—Ese puede ser nuestro expediente.
Lucía observó nuevamente el muro.