Capítulo 97
D espués de la llamada, ella consiguió llevarle hasta el bolardo de piedra bajo que había al final de la barandilla.
—¿Tienes una aspirina? —preguntó ella.
Él negó con la cabeza. Ella logró sentarlo y sostenerle la espalda. Mantuvo la mano apoyada en la parte superior del brazo de él. Frank estaba sudando profusamente ahora. Su respiración no se había calmado.
—Frank, respira hondo.
—Sí. No te preocupes, muchacha.
—No me preocupo, Frank —dijo ella. Darle la razón no costaba nada; la llamada ya estaba hecha.
Él cerró los ojos.
Un pequeño pánico recorrió a Gerry. No dejó que aflorara en su tono de voz, pero quería que él se mantuviera concentrado. —Frank, mantén los ojos fijos en mí, si puedes.
Él sonrió al abrirlos. —Eres buena conmigo, Gerry, muchacha.
—Quizá sea mejor que no hables. Todo va bien. Alguien viene de camino.
Ella mantuvo la mirada firmemente clavada en la suya.
Normalmente, esto le resultaba difícil. Ahora no. Lo que era difícil en ese momento era controlar el pánico que sentía por dentro.
No había sido capaz de salvar a sus padres en el accidente del yate.
Pero estaba aquí con Frank, ahora. Se le había presentado esta oportunidad de salvarlo. Y no iba a fallar.
Mantuvo el rostro de la forma en que había aprendido a hacerlo en las escenas del crimen: neutral, presente, disponible.
A lo lejos, una sirena.