Hechizos & Chocolates: Guiada por el Viento (Pliegues del Mundo de las Brujas 2) Prólogo
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Hechizos & Chocolates: Guiada por el Viento (Pliegues del Mundo de las Brujas 2)

Hechizos & Chocolates: Guiada por el Viento (Pliegues del Mundo de las Brujas 2)

Por Jenny Swan

© inepub.com

Prólogo

C on dificultad, Melinda luchó por recuperar la consciencia.

Estaba tumbada en un suelo de piedra, el frío penetraba a través de su fino vestido y se apoderaba de sus extremidades.

Lentamente, abrió los ojos. Todo a su alrededor era borroso y nada se veía con claridad.

Sintió algo tirando de ella, pero no había nadie a la vista.

No podía distinguir ninguna forma nebulosa que pudiera explicar esta sensación.

¿Dónde estaba? ¿Qué había ocurrido?

Exhausta, cerró los ojos y sintió algo que sacudía los cimientos mismos de su magia.

Era el hechizo que había sellado el pliegue donde Vincent von Eisenfels llevaba preso más de treinta años.

Algo había logrado infiltrarse en el hechizo protector y luchaba contra él.

Vincent. Tenía que ser él. Como en una visión, vio ante ella el escudo del pliegue y observó cómo un destello brillante de luz penetraba en él y se ramificaba en su interior como si fueran venas.

El hechizo se estaba debilitando.

Sus manos temblaron mientras intentaba abrir los ojos de nuevo, pero no podía ver nada más que una extraña mezcla de gris y marrón.

Una cálida sensación, proveniente de su animal espiritual, fluyó a través de ella. Le enviaba imágenes de su nieta curioseando en su escondite. Mayla la estaba buscando y no estaba sola. Había descubierto los chocolates. Con suerte, detectaría la magia oculta...

Melinda apretó los puños e intentó con todas sus fuerzas reunir su fortaleza.

Había dejado que su nieta se enfrentara al mundo de las brujas sin preparación.

¿Por qué no la había traído de vuelta antes?

Mayla no estaba entrenada. No había recibido una educación mágica ni había aprendido los fundamentos de la brujería de sus padres.

Había sido un error mantenerla a salvo durante tanto tiempo, dejarla en la oscuridad.

Con determinación, se esforzó por incorporarse y se puso en cuclillas sobre el frío suelo, pero inmediatamente titubeó, a punto de derrumbarse.

Con las manos extendidas, luchó por mantenerse erguida.

Tenía que salir de allí antes de que Vincent rompiera el escudo alrededor del pliegue.

No podía dejar a Mayla sola ante su destino y debía defender su posición como cabeza del Círculo de Fuego hasta que su nieta estuviera preparada para asumir el cargo.

Parpadeó sin energía y su entorno se volvió más nítido.

Un resplandor brillante flotaba a su alrededor, dificultando la visión, pero más allá podía distinguir gruesos barrotes grises.

Una reja. Estaba en una jaula. ¿Qué estaba pasando?

¿Dónde había estado antes de que ocurriera todo esto?

¿Quién tenía el poder para mantenerla prisionera aquí?

Intentó concentrar su magia, sentirla en las yemas de sus dedos, pero no había nada. Mientras tanto, el resplandor a su alrededor crecía con más intensidad. ¿Qué podía ser?

Antes de que pudiera comprender lo que estaba sucediendo, sus poderes la abandonaron. Se desplomó en el suelo y se quedó dormida, con un suave grito en los labios que nadie escuchó:

—Mayla… —susurró, antes de que la oscuridad la reclamara.