Hazel House Capítulo 21 ADN
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Capítulo 21 ADN

Phina llamó al detective Sommers en cuanto llegó a casa para ponerlo al corriente de la transferencia de diez millones de libras.

—¿Dónde está esta cuenta? —preguntó él.

—En el extranjero… en Suiza.

—Lo investigaré de inmediato.

—Solo para que lo sepa —dijo Phina—, le he hablado a Lombardi de Ashley.

—Creía que habíamos acordado mantener nuestras investigaciones por separado —dijo el detective Sommers, tras detenerse unos segundos a considerar las implicaciones de la noticia que acababa de recibir.

—Me pilló desprevenida y, por un momento, pensé que un poco de colaboración podría ayudarnos a obtener resultados más deprisa.

—No. Lo más probable es que tenga el efecto contrario. Me preocupa que pueda ralentizar los avances que hemos logrado hasta ahora. Ahora nos veremos obligados a cooperar y a compartir los resultados de nuestra investigación.

—Lo siento. Todo este asunto ha sido tan agotador que ya no sé lo que hago.

—Encontraremos una forma de solucionarlo.

—Gracias. ¿Ha conseguido averiguar quién es la madre del bebé?

—No. Seguimos con ello. Intenté ponerme en contacto con los Evans para interrogarlos de nuevo, pero no han respondido a mis llamadas desde aquel día. Tengo la sensación de que mienten sobre la identidad de la madre de Ashley. ¿Cómo es posible que no sepan quién es?

—Estoy de acuerdo. Si esta persona es la asesina, probablemente la estén amenazando o pagando para que guarde silencio. ¿Puede la policía obligar a los Evans a hablar? —preguntó Phina.

—No —respondió el detective Sommers—. Salvo que los acusen de un delito. En ese caso, el tribunal puede citarlos a declarar. Estamos tratando de encontrar el hospital donde nació el bebé. Sin duda eso nos llevará hasta la madre, aunque podría resultar un camino largo y tortuoso.

—¿Ha podido confirmar si el bebé es realmente de Patrick?

—De nuevo, si los acusan de un delito, una citación judicial podría permitirnos obtener la muestra que necesitamos para someter a Ashley a una prueba de ADN.

—Parece que hemos llegado a un callejón sin salida —dijo Phina, inquieta.

—En absoluto. Seguimos intentando seguir el rastro de las transferencias de acciones.

También empezaremos a seguir el rastro de los diez millones.

Creo que podrían llevarnos hasta la asesina o, al menos, arrojar más luz sobre el caso.

Ahora mismo tenemos más elementos con los que trabajar. Por favor, tenga paciencia.

—De acuerdo.

—Tengo una pregunta importante para usted —dijo el detective Sommers.

—Adelante —lo animó Phina.

—¿Cómo es su relación con la familia de Patrick?

—¿Por qué lo pregunta?

—Hemos descubierto que su madre ha contratado a un detective privado por su cuenta.

—¿De verdad? —preguntó Phina, con los ojos muy abiertos—. No hemos estado en los mejores términos desde que murió Patrick, pero se disculpó el día que leyeron el testamento.

—Por lo que sabemos —continuó el detective Sommers—, la tiene en el punto de mira. Sus investigadores la vigilan constantemente.

—¿Cómo sabe todo eso? —preguntó Phina, sacudiendo la cabeza.

El detective Sommers esperó uno o dos instantes antes de responder.

—El investigador que interrogó a su personal trabajaba para ella.

También es el mismo hombre que la ha estado siguiendo.

Seguimos el rastro y, tras hacer algunas averiguaciones en los bajos fondos, le reveló a uno de mis agentes que Irene Campbell lo contrató.

No hay nada que un poco de alcohol y una mujer atractiva no puedan sacarle a un macho salido.

—¿Qué más quiere de mí? —dijo Phina, exasperada, ignorando su último comentario.

El detective Sommers se aclaró la garganta. —Lo mismo que todos intentan averiguar: si Patrick fue asesinado y, de ser así, por quién.

—Es una hipócrita. Sus disculpas no fueron más que una artimaña para que bajara la guardia. Me pregunto si Victoria lo sabía… —la voz de Phina se apagó.

El detective Sommers vaciló un poco. —Eso no habría cambiado nada.

—Estaba tan segura de que la compañía de seguros de vida había enviado al detective privado… Entonces, ¿ha encontrado algo útil?

—¡Oh, no! Ni de lejos —dijo el detective Sommers con una leve diversión—.

Se ha centrado exclusivamente en la persona equivocada, así que ha llegado a un callejón sin salida.

Lo que pasa es que todavía no lo sabe. Sin embargo, a partir de ahora debemos tener mucho cuidado con quién hablamos.

Por lo que sé, usted y Nduka están fuera del radar de la policía, pero el más mínimo error podría volver a ponerlos en él.

-

A solo unos días de que terminara su visita, Rashid invitó a Phina a dar un paseo por Hyde Park.

Hacía calor y el cielo estaba despejado.

Era sábado, y Phina no tenía que estar en ningún sitio, así que no pudo rechazar la invitación.

Se reunió con él en una cafetería cercana y juntos caminaron hasta el parque.

Después de pasear unos minutos uno junto al otro, bajo frondosos árboles, y de contemplar unas vistas impresionantes, se sentaron en silencio en un banco de madera, mirando el lago.

Observaron las ondas que una suave brisa dibujaba sobre la superficie mientras gansos y cisnes picoteaban junto a la orilla.

Cauteloso ante la posibilidad de que los consideraran pareja, Rashid le cogió discretamente la mano y dijo, con toda la cortesía de la que fue capaz:

—Eres una de las mejores cosas que me han pasado en la vida.

Phina giró apenas la cabeza para mirarlo y después volvió la vista al lago. Suspiró profundamente mientras meditaba sobre lo que acababa de decir.

—¿Qué dices? —preguntó Rashid después de esperar un minuto entero a que respondiera.

Ella volvió a mirarlo. —¿Hablas en serio?

Rashid retiró la mano y rio suavemente. —Claro que sí. ¿Por qué ibas a pensar lo contrario? —Volvió a cogerle la mano, esta vez con firmeza—. Tengo que tenerte —dijo, mirándola a los ojos. Su expresión era tan intensa que sobresaltó a Phina y la hizo apartar la vista de golpe.

Mientras ella luchaba por recuperar el aliento, Rashid se inclinó hacia un lado y posó sus labios sobre los de ella, entreabiertos. Phina gimió suavemente y, cuando su voz superó los dos decibelios, supieron que era hora de irse.

Phina estaba absorta en sus pensamientos cuando Rashid le tendió la mano para ayudarla a levantarse del banco.

—Lo siento —respondió por fin—. Tengo tantas cosas en la cabeza… No consigo tomarme un respiro.

Él se agachó para quedar frente a ella y le sostuvo ambas manos. —Cásate conmigo. Eso te dará el respiro que necesitas. Te haré muy feliz. Tendremos hijos juntos y te ayudaré a hacer crecer tu negocio más allá de todo lo que puedas imaginar.

Phina lo miró a los ojos. La sinceridad que vio en ellos le hizo dar vueltas la cabeza. Bajó la mirada y negó con la cabeza.

—Dame tiempo. Tendré que pensarlo.

—Tómate todo el tiempo que necesites. Lo único —dijo, deteniéndose para pasarle la mano seductoramente por la espalda— que me importa es que recuperes la tranquilidad.

Las palabras de Rashid conmovieron a Phina. Alzó hacia él sus grandes ojos redondos antes de seguirlo hasta su coche, donde su chófer los esperaba para llevarlos al hotel.

En su habitación hicieron el amor como si les fuera la vida en ello.

—¿Dónde está el anillo? —bromeó Phina más tarde, durante el almuerzo—. ¿Pedirme matrimonio sin anillo? Debías de saber que no era el mejor momento.

—Tenía que ser sensible con la situación. Primero quería saber qué pensabas. Si saco uno ahora, ¿dirás que sí? —preguntó, retirando su mano derecha de entre las de ella para rebuscar en el cajón.

—Oh, no —exclamó Phina, cubriéndose la boca con ambas manos mientras esperaba.

Rashid rio y sacó un bolígrafo.

—No te preocupes. Cuando te pida matrimonio formalmente, será especial.

Phina suspiró aliviada.

—Casi se me sale el corazón por la boca. No vuelvas a hacerme eso jamás. —Rio hasta que se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Te quiero —dijo Rashid.

—Yo también te quiero —susurró Phina, todavía riendo entre dientes.