Hazel House Capítulo 14 La carta
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Capítulo 14 La carta

—Sabía que esto pasaría —oyó Phina que Lady Thompson se quejaba al conocer la noticia de que los aseguradores se habían echado atrás en su acuerdo para cotizar en la Bolsa de Londres—. Deberías haber dimitido cuando el camino estaba despejado.

—Nada en el mundo me hará dimitir de la empresa que tanto me ha costado construir —replicó ella, a la defensiva. Lamentó haber cogido el teléfono cuando sonó.

—¿No te importa que hayamos perdido al garante de la OPV? —continuó Lady Thompson—. Creía que sacar Ophinas a bolsa era tu sueño.

—El escándalo, por mucho que intente arruinarme la vida, no arruinará nuestro negocio —le aseguró Phina—. Nos iba bien antes de que se me ocurriera salir a bolsa y nos seguirá yendo bien.

—No, no, no. No nos va tan bien como dices. Las ventas se han desplomado. El escándalo está afectando a la percepción pública de la marca. Me preocupa que empeore si no se hace nada por frenarlo.

—Iris… déjame recordarte que levanté esta empresa con sangre, sudor y lágrimas, y jamás dimitiré para complacer a nadie. Soy inocente de los delitos de los que se me acusa y pronto podré demostrarlo.

—Esperemos que no sea demasiado tarde cuando lo hagas —respondió Lady Thompson con sarcasmo—. ¿No tienes que pensar en el futuro de tu hija por si te declaran culpable? Déjame reformularlo. ¿Prefieres dejar que la empresa muera antes que ceder el poder?

—Pase lo que pase, no voy a cambiar de opinión respecto a esta decisión —replicó Phina—. Y no sé adónde quieres llegar, pero tengo que irme.

Phina colgó furiosa antes de que Lady Thompson pudiera responder. —Menuda gilipollez —murmuró entre dientes—. Esa mujer tiene mucho morro y estoy empezando a perderle el respeto.

Aún era temprano y una ligera nevada de abril azotaba los marcos de las ventanas, formando dibujos distintos cada pocos segundos.

Todavía aturdida por la falta de decoro de Lady Thompson, Phina se apresuró con su rutina matutina y llegó a Ophinas una hora antes de lo habitual.

Era hora, pensó, de poner las cosas en su sitio.

Convocó a sus principales empleados a una reunión improvisada en la sala de juntas.

Se cruzaron varias miradas inquietas mientras los invitados entraban en la sala, pues Phina no había mencionado por qué quería verlos.

—¿Alguna pregunta? —preguntó, mirando de un extremo de la mesa al otro.

Todos la miraron con las cejas levantadas hasta que la responsable de Recursos Humanos tomó la palabra.

—Hay una cuestión que sé que preocupa a la mayoría porque he recibido montones de preguntas del personal al respecto.

—¿Cuál es? —preguntó Phina, enderezándose en la silla.

—Nos gustaría saber qué significa para el futuro de la empresa el rechazo de nuestro asegurador.

Phina hizo una mueca. —Nuestros planes siguen plenamente en marcha. Tened la seguridad de que estamos trabajando muy duro para encontrar un nuevo asegurador, pero hasta entonces todo sigue como siempre. ¿Más preguntas?

Después de atender un par de peticiones más, se ofreció a responder la pregunta que sabía que atormentaba a todos, aunque no se atrevieran a formularla.

—Lamento haber tardado tanto en abordar este asunto.

Algunos me conocéis desde hace muchos años y sabéis que no hay manera de que haya podido cometer los delitos de los que se me acusa.

—Hizo una pausa mientras un murmullo recorría la sala.

Varios miembros de su personal asintieron y clavaron la mirada en ella, esperando con ansiedad a que continuara—.

Quería muchísimo a mi difunto marido, Patrick.

La noticia de su muerte me impactó tanto como a cualquiera y no he logrado entender las acusaciones.

A pesar de la situación de mi vida personal, estoy plenamente comprometida a resolver la OPV cuanto antes.

Algunos empleados levantaron la mano para hablar.

—Un momento —dijo Phina, alzando el índice—.

Responderé a todas vuestras preguntas, pero antes quería felicitaros a todos por manteneros firmes y sacar el trabajo adelante cuando yo no estaba allí para orientaros.

Juntos, seguiremos llevando nuestra empresa en una dirección positiva y repararemos nuestra reputación.

Siguieron más miradas y asentimientos.

Después de la reunión, Phina reunió todas las fuerzas que pudo para rebuscar entre todo el papeleo de su escritorio.

Su ayudante, Gina, iba de un lado para otro consiguiéndole todo y a todas las personas que necesitaba para completar su trabajo.

Al final del día, estaba satisfecha con los resultados y segura de que iba por buen camino para recuperar las riendas de Ophinas.

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De vuelta en Hazel House, se sirvió una copa de champán y se sentó en el sofá con las piernas estiradas.

Patrick ocupaba sus pensamientos y, por mucho que intentaba quitárselo de la cabeza, seguía allí.

Aún le costaba perdonar y esperaba que la bebida ahogara los pensamientos negativos que le rondaban constantemente la cabeza y la obligaban a odiar su recuerdo.

Aquella noche soñó que tenía veintitantos años, vivía en el Caribe y, mientras pasaba descalza junto a un río, veía a sus amigos navegando en un yate.

Los saludó con la mano, pero ellos se limitaron a mirarla sin devolverle el saludo.

Al darse cuenta de que no la habían reconocido, siguió caminando y utilizó los trozos de lana de colores que había dejado a lo largo del sendero para desandar sus pasos.

Cuando divisó la bicicleta que había dejado aparcada en el punto de partida, tuvo toda la confirmación que necesitaba para saber que estaba en el lugar correcto.

Para su disgusto, descubrió que la entrada estaba bloqueada por una maraña de glicinas infestada de serpientes venenosas.

Mientras buscaba desesperadamente otra entrada, vio a los amigos a los que había saludado antes entrando por otra ruta.

El nuevo camino estaba junto al suyo y era agradable y sin obstáculos.

Aún sintiéndose satisfecha al despertar, Phina se descubrió sonriendo y reflexionando sobre su sueño durante varios minutos.

El sueño le recordaba a su vida hasta entonces, siempre procurando mantener su camino recto y seguro, solo para llegar a una encrucijada y descubrir que las acciones de otros podían obligarla a tropezar.

Pero bastaba con mirar alrededor para encontrar un camino libre, divertido y exento de dolor.

Las decisiones de Phina a partir de aquel día la condujeron a una misión: perdonar a Patrick.

Trazando un paralelismo con su sueño, sabía que, si no soltaba aquello que percibía como su origen, tendría que enfrentarse a las enredaderas y las serpientes.

Ambas eran fuerzas destructivas que desempeñaban un papel crucial a la hora de obstaculizar sus sueños, incluida su capacidad para seguir adelante.

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En su recién estrenada búsqueda por perdonar y retomar su vida con normalidad, sin perder de vista su objetivo de descubrir quién había matado a Patrick, Phina se adentró en el tráfico londinense el fin de semana anterior a Pascua para reunirse con Victoria y dos amigas de ambas: Marion y Deena.

Habían quedado en un restaurante de moda del Soho.

Marion y Deena ya estaban sentadas cuando ella llegó.

Pidieron una botella de champán mientras Phina miraba furtivamente hacia la puerta.

—Victoria ha cancelado en el último momento —soltó Deena.

A Phina se le encogió el corazón. Había estado deseando ver a Victoria, a quien no veía desde hacía meses.

Su distanciamiento empezaba a preocuparla.

Al principio había pensado que Victoria sencillamente estaba demasiado ocupada para quedar, pero pronto descartó aquella idea por considerarla producto de su imaginación.

Ahora tenía claro que Victoria la estaba evitando a propósito.

—Anímate —oyó decir Phina a Marion entre la música atronadora que sonaba de fondo.

—¿Se me notaba tanto? —respondió Phina, incorporándose al darse cuenta de que había caído en un estado de ánimo sombrío—. Pero estoy bien.

—No, no lo estás —dijo Marion, rodeándola con un brazo—. No puedo imaginar qué haría yo en tu lugar, así que no pretendo restar importancia al trauma que has pasado, pero intenta divertirte esta noche, ¿vale?

Phina miró a Marion con los ojos vidriosos mientras Deena observaba. Pidieron sus platos y charlaron mientras esperaban.

—¿Alguien sabe por qué Victoria ha cancelado? —preguntó por fin Phina, cuando ya no pudo soportar seguir ignorando la situación. Esperaba arreglar las cosas con ella aquella noche.

Deena siguió mirando al frente. Marion apartó la mirada durante un segundo antes de clavar en Phina una mirada inexpresiva.

—¿Me estoy perdiendo algo? —preguntó Phina, sacudiendo ligeramente la cabeza.

—No estoy segura —acabó diciendo Marion—. Sinceramente, creía que vendría.

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