Capítulo 3 Witham Capital #3
—Sí, pero no olvides que eres una figura pública. A mucha gente le interesa lo que haces.
—¡No! —replicó Phina—. Aquí hay algo que no cuadra.
Esos incompetentes sabían mucho más de lo que deberían y alguien, sin duda, me siguió al desayuno.
¿Cómo si no consiguieron esas fotos? Podría haber estado hablando de cualquier cosa…
de cualquier cosa, pero acertaron de lleno con el tema de mi conversación.
—Basta de especulaciones. ¿Podemos hablar de esto más tarde?
Phina estaba demasiado cansada para continuar y aceptó dejar el asunto del chivato para otro día, pero solo por una noche.
Nada apaciguaría la rabia que sentía hacia quienquiera que fuera el responsable.
Estaba segura de que alguien trataba de avergonzarla, pero ¿también la estaba siguiendo alguien? Se estremeció solo de pensarlo.
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Justo después de que Patrick se quedara dormido, Phina puso en marcha su propia investigación. Primero llamó a Isabel Hartier, su socia estadounidense y propietaria de Hartiers, una marca americana de moda, joyería y artículos de cuero.
—Qué absurdo —dijo Isabel, molesta, después de que Phina le relatara todo lo que había sucedido aquel día—. ¿Quién puede ser responsable de esto?
—No lo sé —respondió Phina—. Aquí es medianoche. La tienda no abrirá hasta dentro de diez horas. Hasta entonces no podré hacer nada al respecto.
—Bueno, ya me dirás cómo va. Hay que descubrir al responsable y ocuparse de él. No sé cómo funcionan las cosas allí, en Londres, pero aquí, en Nueva York, los saboteadores se toman muy en serio. Avísame si necesitas ayuda.
—De acuerdo. Me ocuparé de esto por la mañana. Que pases buena noche, querida.
—Igualmente —respondió Isabel.
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Cuando la tienda abrió por la mañana, Phina llamó a su responsable de Recursos Humanos y al secretario jurídico para poner en marcha una investigación formal sobre el asunto.
En menos de una hora, el secretario jurídico estaba de vuelta en el despacho de Phina, abanicándose con una hoja de papel.
—¿Tan pronto? —preguntó Phina—. No me digas que habéis encontrado al culpable.
—Sí. Lo hemos encontrado. Lo dijo con cierta vacilación.
—¿Y?
—Fue Geoffrey. Le pasó la información al Inquirer. Hablamos con nuestro contacto allí y nos revelaron su fuente. Dieron por sentado que era creíble porque trabajaba en Ophinas.
—¿Cómo sabía tanto? —preguntó Phina—. ¿Es el Geoffrey de accesorios? ¿El caballero grande? ¿El de cara de niño, siempre amable? ¿Quién podría haberle inducido a hacer eso?
—No lo sabemos. Ha dimitido esta mañana.
—¡¿De verdad?! —exclamó Phina, alzando las cejas—. ¿Dejó una dirección de contacto? Encuéntralo y averigua por qué hizo esto. Involucra a Recursos Humanos.
—Ya lo he hecho. Geoffrey no dejó ninguna dirección válida en su expediente y envió su carta por mensajero.
Phina se quedó atónita. En cuanto el secretario jurídico salió de su despacho, llamó de inmediato a Isabel. —Se ha largado antes de que nadie tuviera ocasión de preguntarle quiénes eran sus cómplices —se quejó Phina.
—Muy extraño —observó Isabel—. Tenemos que averiguar quién le indujo a hacerlo. Parece que nuestro pobre Geoffrey era un peón.
—No se me ocurre nadie que quisiera sabotearme.
—¿Estás segura? ¿Con el nivel de éxito que tienes? Piénsalo muy bien.
—Lo he intentado.
—Mencionaste que la empresa de Patrick estaba teniendo problemas.
—Sí —admitió Phina—. Pero ¿qué relación tiene eso?
Ah, ¿crees que podría ser él? Pero eso es imposible.
Patrick jamás haría algo así. Además, le mantenía al corriente de mis planes para Estados Unidos.
Siempre me apoyó plenamente. El reportaje era una versión tergiversada de la verdad y él no tiene nada que ganar haciendo algo así. Absolutamente nada.
—No sugiero que él sea el culpable, pero puede que haya estado implicado alguien de su equipo —respondió Isabel—. Sin embargo, deberías tener cuidado. Puede que no todos los que te rodean sean quienes crees que son.
—Tampoco descartaría la posibilidad de que Geoffrey estuviera trabajando con alguien de Hartiers.
—También se me ha ocurrido —convino Isabel.
—De todos modos, estoy completamente asustada.
—No creo que ahora debas preocuparte demasiado por ello.
Estas cosas ocurren constantemente. La gente se obsesiona tanto con sus puestos que llega a extremos extraordinarios para asegurarse de conservarlos.
Instinto de supervivencia, eso es todo. Para cubrir todas las posibilidades, iniciaré una investigación por mi parte para ver si el problema se originó en Hartiers.
Phina estaba más confundida que nunca después de su conversación con Isabel.
Había percibido que la alusión de Isabel a «la gente cercana a ella» podía ir dirigida a Patrick o a cualquier otra persona en quien confiara, pero no quería discutir, no con el estado de ánimo que tenía.
Sin embargo, una cosa era segura. Comprendió que el incidente había ocurrido para lograr algún propósito oculto, pero ignoraba cuál era ese propósito y quiénes eran los cómplices de Geoffrey. Estaba decidida a averiguarlo.