Hazel House Capítulo 2 Cena con Martin #3
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Capítulo 2 Cena con Martin #3

—Claro que sí. Al final se ha tomado su encuentro con Martin como una especie de aventura. No puedo decir lo mismo de lady Macpherson. Parecía terriblemente afectada.

—¿Lady Macpherson? —dijo Phina, divertida—. A ella cualquier cosa la habría alterado. Es tan...

—¡Chist! —la previno Patrick, llevándose el índice a los labios—. Da mala suerte hablar mal de los invitados.

—Bueno, no creo que lady Macpherson vuelva a aceptar una invitación nuestra. En cambio, lady Thompson estaba encantada. Estoy segura de que se ha enamorado de Hazel House.

Patrick le quitó la copa a Phina y la condujo hacia la cama. —Basta de hablar de ellos. Quiero devorarte toda la noche.

—Qué pillo eres —susurró Phina, con los párpados vencidos por el cansancio de aquel largo día y el vino.

—Sí, cariño —respondió Patrick con voz dulce.

Se arrodilló ante Phina y la sujetó por las caderas.

Mientras ella se deslizaba por el hombro la única manga del vestido, él apoyó la cabeza en su vientre.

Phina quería quitarse el resto del vestido, pero Patrick no se movía.

Tras esperar unos segundos a que la soltara, se convenció de que se había quedado dormido y le dio un leve empujón en la cabeza. —¿Patrick? —lo llamó.

—¿Sí?

—Suéltame.

Pasaron unos segundos más antes de que Patrick la soltara lentamente. Ella bajó la cabeza para mirarlo y alcanzó a ver tristeza en su rostro, aunque él fingió una sonrisa.

—¿Va todo bien, cariño? —preguntó Phina.

—Claro. ¿Por qué?

Ella guardó silencio un momento y se apartó un poco. —¿Tiene que ver con la conversación telefónica que tuviste antes de cenar?

Se hizo un silencio incómodo antes de que él respondiera.

—¿Qué conversación? —preguntó Patrick, incorporándose enseguida para mirarla a los ojos—.

Ah... Eso. Es que estoy agotado. Cariño, era uno de nuestros inversores.

Le preocupaba que nuestra nueva producción esté consumiendo más dinero que las tres últimas películas juntas. ¿Por qué lo preguntas?

—Prácticamente le estabas gritando. Nunca te había visto tan enfadado —dijo Phina.

—¿Ves? Por eso te mantengo al margen de ciertas cosas. Te preocupas por asuntos con los que no deberías quebrarte esa preciosa cabecita.

—No quiero que me mantengas al margen —protestó Phina, enfadada—. Somos compañeros. Debería saber cuándo van mal las cosas, sobre todo si te quitan el sueño y hacen que tu humor cambie a cada momento.

Patrick se inclinó para besarla, pero ella negó con la cabeza.

—No intentes hacerme callar —dijo con el ceño fruncido.

—¡Basta, Phina! —Su tono era inusitadamente seco—. Como directora de Ophinas, yo no te digo cómo llevar tus asuntos. Déjame resolver los problemas de mi empresa a mi manera. Te quiero. Necesito que nunca lo pongas en duda. ¿Harás eso por mí?

—No tengo ninguna duda de que me quieres —dijo ella, derritiéndose entre sus brazos.

Él le acarició los labios con el pulgar, siguiendo el óvalo que dibujaban al estar entreabiertos, antes de apretar su cuerpo contra el de ella.

—Dime cuánto echabas de menos esto —susurró Patrick.

—Como nunca. Me pasé toda la noche esperándote. Dos noches, esperando a que volvieras a casa.

—¿De verdad? —gimió él, atrayéndola hacia sí.

Las luces estaban apagadas, pero entraba algo de claridad por la ventana.

Patrick distinguía los labios temblorosos de Phina, el profundo anhelo de sus hermosos ojos y su rostro perfecto.

La urgencia con que todo en ella parecía llamarlo hizo que la sangre se le subiera a la cabeza.

Entrelazaron los dedos con fuerza y él pegó sus labios a los de ella, que lo atrajo aún más hacia sí.

En aquel momento no deseaba nada tanto como tener a Phina entre sus brazos, mientras la pasión entre los dos alcanzaba una intensidad vertiginosa.

Sus besos se volvieron cada vez más apremiantes, alimentados por todos los sentimientos que habían contenido durante días, hasta que por fin se entregaron juntos al momento, sin aliento y completamente exhaustos.

Varios minutos después, yacían uno junto al otro, jadeantes. Phina fue la primera en recuperarse y sonrió mientras la voz de Elvis sonaba de fondo.

—Te quiero —le oyó susurrar. Patrick se apoyó en los codos y se inclinó para besarla en la boca antes de abrazarla y entrelazar su cuerpo con el de ella. Poco a poco, se quedó dormido.

-

Patrick siempre sabía hacer que se sintiera querida, pero aquella noche no bastaba para que ella durmiera plácidamente como él, para que respirara hondo como él.

El tictac del reloj era ensordecedor, y Phina se preguntó cuándo amanecería.

Mientras él dormía tranquilamente a su lado, los pensamientos de ella volvieron no solo a la conversación que habían mantenido aquella noche, sino también a todo lo que había conducido a ella.

Su instinto le decía que algo iba mal, y su instinto nunca la engañaba.

Habían hecho el amor con ternura aquella noche, pero, por primera vez desde que estaban juntos, su mente se encontraba a millones de kilómetros mientras su cuerpo lo anhelaba desesperadamente.