CAPÍTULO 36 · SEMANA 19 5
El domingo, Álex se va al hospital a las diez menos cuarto.
Va los domingos desde hace tres semanas. Va dos horas, a veces tres, y vuelve a comer y no cuenta nada, porque ella le pidió en octubre que no contara nada y él le hizo caso, que es lo peor.
Clara espera a oír el ascensor y a contar hasta sesenta.
Después despeja la mesa de la cocina entera —el frutero, el bote de los bolígrafos, el salvamanteles— y pone encima cuatro cosas: el taco de la trazabilidad, el folio del Anexo C, su móvil y un cuaderno nuevo, comprado el jueves en el estanco de abajo.
En la primera hoja escribe una columna.
Porque eso es lo que va a pasar, y lo sabe desde el sábado por la tarde. Un día, en algún sitio, alguien va a decir cuatro frases, y ella va a tener que tener cuatro respuestas, y las respuestas no se improvisan en una sala.
1. «La firmaste tú desde casa antes de salir.»
El recuadro del pie dice que el código se envió por SMS a un terminal terminado en 384.
El suyo termina en 106. Lo tiene desde 2028. Es el que está en el volante de Solans, en el expediente del Verea, en Continua, en el juzgado, en la ficha de la unidad y en la web del estudio hasta el siete de octubre.
El de Álex termina en 384.
Clara lo comprueba en la agenda del móvil. Y después lo comprueba otra vez en una factura escaneada de la mutua del año pasado que tiene en la carpeta de los papeles del coche, porque una agenda se puede editar en cuatro segundos y una factura de 2031 no.
384.
Escribe la respuesta al lado.
El código no llegó a mi teléfono.
2. «Te llegó a ti y me lo pasaste tú.»
Esa es más fina y tarda veinte minutos en resolverla.
En la trazabilidad, tres hojas después del evento de las 07:52, hay un anexo que Iván no le señaló, con un encabezado que dice registro de acceso al documento . Cuatro líneas.
La primera dice que el enlace se generó a las 07:38:04 desde el sistema del centro.
La segunda dice que se abrió a las 07:40:11 desde un dispositivo identificado con una cadena de dieciocho caracteres y desde una dirección IP.
La tercera dice que el código se validó a las 07:41:22.
La cuarta dice que la firma se completó a las 07:41:39.
Clara mira la dirección IP y no le dice nada, porque una IP no le dice nada a nadie.
Se levanta, va al mueble del salón y saca la carpeta de las facturas. La del router no trae la dirección. Se sienta en el sofá, entra en la configuración desde el móvil y mira la dirección pública del contrato.
Es la misma.
Escribe.
El enlace se abrió desde nuestra casa a las 07:40:11.
Y entonces se queda quieta, con el pulgar todavía en la pantalla, porque acaba de darse cuenta de que esa respuesta cierra una excusa y abre otra mucho peor.
3. «Estábamos los dos en casa. La firmarías tú y no te acuerdas, con los nervios.»
Son las once y veinte.
A las once y veinticinco baja al garaje.
Se sienta en su coche, arranca sin meter marcha y entra en el menú del equipo de audio. Ajustes. Bluetooth. Dispositivos emparejados. Historial de conexiones.
Es una de esas funciones que no usa nadie y que están ahí porque el fabricante las puso, y guarda las últimas doscientas.
Baja hasta julio con el mando de la rueda, línea a línea, y tarda casi cuatro minutos.
14/07/2032 — 07:26 — Clara (iPhone) — conectado
14/07/2032 — 08:19 — Clara (iPhone) — desconectado
Se queda mirando la pantalla del salpicadero, con el motor en marcha y las luces del garaje encendiéndose y apagándose por el sensor cada vez que se mueve en el asiento.
A las 07:41, su teléfono estaba emparejado con este coche. Y este coche, a las 07:41, estaba en la M-30 o en la Castellana, porque a las 07:26 salió de este garaje y a las 08:19 se desconectó a doscientos metros de la calle Uruguay.
Fotografía la pantalla del salpicadero. Sale mal, con reflejo. Apaga las luces de dentro y la vuelve a fotografiar.
Escribe la respuesta en el cuaderno, apoyándolo en el volante.
A las 07:41 yo iba conduciendo.
4. «El tique lo pudo coger cualquiera.»
La guantera de Clara es un desastre organizado.
Hay dos manuales, un paquete de pañuelos, las bombillas de repuesto, el triángulo, un bolígrafo que no pinta desde 2029 y una cantidad de tiques que ella misma no ha querido cuantificar nunca, porque los va metiendo ahí y una vez al año los tira todos de golpe sin mirarlos.
La última vez que los tiró fue en enero.
Los saca y los pone encima del asiento del copiloto.
Le lleva cuarenta minutos.
Los ordena primero por tamaño, que es como se ordenan las cosas cuando hay muchas y no sabes bien qué buscas.
Después por color del papel. Y al final por lo único que sirve, que es la fecha, haciendo montones sobre el asiento, sobre el salpicadero y sobre sus propias rodillas, con la puerta abierta porque dentro no cabe.
Hay ochenta y siete.
Hay tiques de gasolineras de Getafe, de Alcorcón y de Illescas. Hay uno de una ferretería de Coslada de marzo, de cuando el desagüe. Hay cuatro del mismo aparcamiento de la calle Uruguay: uno de febrero, uno de abril, uno de junio y uno del catorce de julio.
Está impreso en papel térmico y ya se está poniendo marrón por el canto, porque el papel térmico se muere solo y en dos años no se lee nada.
Lo primero que hace es fotografiarlo tres veces, con luz, sin tocarlo más de lo necesario.
APARCAMIENTOS URUGUAY S.L.
ENTRADA: 14/07/2032 08:20
SALIDA: 14/07/2032 11:34
IMPORTE: 9,60 €
Sube a casa con el tique en la mano y con los otros ochenta y seis metidos en una bolsa del pan.
En la mesa de la cocina lo coloca todo en fila, de izquierda a derecha, por hora, y va escribiendo debajo de cada cosa una etiqueta en un pósit.
07:26 — sale el coche del garaje.
07:38 — se genera el enlace.
07:40 — se abre desde esta casa, en la que ya no queda nadie que sea ella.
07:41 — se valida un código enviado al teléfono de su marido y se firma su nombre.
07:52 — Iván Rúa descongela NV-1147.
08:19 — su teléfono se desconecta del coche.
08:20 — ella entra en el aparcamiento de la calle Uruguay.
Treinta y nueve minutos.
Clara los mira y lo que piensa no es lo grande. Lo grande le va a llegar esta noche, y le va a llegar mientras se lave los dientes, que es como llegan las cosas grandes.
Lo que piensa ahora es una cosa técnica, pequeña y exacta: que entre las 07:41 y las 08:20 no existe ningún momento en el que alguien hubiera podido explicarle nada.
No es que no se lo explicaran. Es que no había hueco.
Se sube a la silla y fotografía la fila entera desde arriba. Después baja y fotografía cada elemento por separado, con el pósit al lado.
A la una menos veinte lo recoge todo, lo guarda en la caja LIbrOS 3 y devuelve los ochenta y seis tiques a la guantera.
Y después hace la última cosa.
Va al salón, al cajón de debajo de la tele, donde está la tableta que compraron en 2029 y que usa Álex para los partes de avería y para ver vídeos en la cama.
Antes de tocarla, le hace una foto.
Encuadra el cajón entero: la tableta ligeramente girada hacia la izquierda, el cable enrollado por debajo, una funda de gafas apoyada en la esquina derecha y dos pilas sueltas.
Después la coge, mira la parte de atrás, copia el número de serie en el cuaderno, letra a letra, y la vuelve a dejar.
Tarda casi un minuto en dejarla exactamente igual. Mira la foto, la mueve dos milímetros, vuelve a mirar la foto, coloca la funda de gafas.
Cuando Álex entra por la puerta a la una y cinco, ella está haciendo la comida y hay música puesta.