Hasta que la guerra nos separe Capítulo 17
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Capítulo 17

Días después…

Livi miraba el cielo buscando indicios de lluvia. Las nubes se estaban amontonando, como bolas sucias de algodón Se puso las botas y fue a buscar a Ion. Tenían mucho trabajo por delante.

Cuando llegó a casa de su amigo vio que estaba acompañado. Cuando Ion la vio le sonrió y le dijo:

—Livi, este señor te busca aunque no quiere decirme por qué.

El forastero se dio la vuelta y Livi sintió que se volvía de gelatina. Tenía ante ella a Heller que la miraba con sus bellos ojos negros.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó casi gritando.

Heller se acercó a ella.

—Eso debería preguntarte yo a ti. ¿Qué haces aquí?

Livi bufó.

—¿No has hablado con tu padre?

Heller asintió. Había averiguado toda la verdad. La verdadera razón por la cual su padre había decidido ayudar a Livi lo había dejado consternado, sin habla. Jamás habría imaginado que su padre escondiera tantos secretos. Pero él necesitaba a esa mujer más que a nada en el mundo.

—Necesito que vuelvas conmigo, Livi. Hay una cosa que te falta por saber.

Livi lo miró. Estaba igual de guapo, igual de sensual e igual de prohibido.

—Yo no quiero saber nada de ti. Me has amargado la vida.

Ion carraspeó e intervino:

—Creo que deberías escucharle, Livi.

La joven miró al campesino, sorprendida.

—¿Desde cuando le defiendes?

—Desde que le dije que te amo —dijo Heller.

Livi abrió los ojos como platos. ¿Heller estaba diciéndole que la amaba?

—Te estás olvidando de un pequeño detalle, Heller. Eres un asesino.

Heller bajó la vista al suelo.

—Nunca fui capaz de matar a nadie…Intentaba ser lo menos cruel. Ahora ya sabes la verdadera razón por la que me alisté en la Guardia. Quería vengarme de los judíos porque nuestra hermana había muerto por culpa de uno.

—A Elena la mató la Guardia de Hierro, no el hombre del que estaba enamorada —dijo Livi con tristeza.

Heller la miró. Esos hermosos ojos estaban llenos de decepción, de dolor pero también había un atisbo de amor. Heller lo sabía, Livi lo amaba.

—Dejé la Guardia. Estoy dispuesto a ser un hombre nuevo. Por ti. Contigo. Te quiero.

—Eso no cambia nada —dijo indiferente Livi —Yo no te amo.

Heller le acarició la mejilla.

—¿Estás segura?

Livi vio que sus labios descendían para posarse sobre los suyos. Se apartó. No lo amaba. Lo despreciaba. Pero también lo amaba. Suspiró resignada.

—Márchate —musitó Livi.

Heller se arrodilló y le dijo:

—Quiero una segunda oportunidad. Te lo pido de rodillas.

Livi se quedó sorprendida ante aquel gesto. El prepotente Heller estaba pidiéndole de rodillas que volviera con él.

Sintió que el odio que se había obligado a sentir hacia Heller aflojaba. No podía negar más tiempo la realidad. Ese hombre, ese grandísimo estúpido se había colado bajo su piel y en su corazón y Livi tenía la sospecha de que iba a ser muy difícil arrancarlo de allí.

—¿Por qué todo es tan difícil contigo? —le indicó que se levantara—. ¿Por qué tuviste que volver?

—Porque quiero que estemos juntos.

Heller le cogió las manos y la miró con esos profundos ojos negros que tanto la turbaban. Tal vez… Solo tal vez… Pero no sabía si podría llegar a perdonar a Víctor por todo el daño que le había causado a su familia. Suspiró resignada.

—Está bien.

Una sonrisa enorme se dibujó en el rostro de Heller. Le cogió la cara entre sus manos y la besó tiernamente. Livi se sintió feliz por primera vez en mucho tiempo.

Debajo de aquel cielo gris que presagiaba tormentas, se estaba escribiendo su futuro. Un futuro lleno de amor y felicidad.

—Mi padre me ha pedido que te diga algo más —dijo Heller cuando por fin se separaron, sin soltarle las manos—. Quiere venderlo todo. La casa, las propiedades de Alemania, todo. Dice que quiere empezar de cero, lejos de Bucarest. Lejos de los recuerdos.

—¿Y tú? —preguntó Livi—. ¿Qué quieres tú?

Heller la miró largo rato antes de contestar, como si sopesara cada palabra.

—Yo quiero estar donde estés tú. Aquí, en este pueblo lleno de barro, si hace falta. O en cualquier otro lugar del mundo, mientras sea contigo.

Ion, que había estado observando la escena apoyado en la pala con una sonrisa que no se molestaba en disimular, carraspeó sonoramente.

—Bueno, ya que parece que os vais a quedar un rato más, ¿alguien va a ayudarme con Alba o vais a seguir con vuestras declaraciones de amor en medio del camino?

Livi se rió, una risa limpia y sincera que llevaba semanas sin brotar de su pecho, y por primera vez desde que había salido de aquella casa en Bucarest sintió que el peso que cargaba sobre los hombros se aligeraba un poco.

—Ve tú —le dijo a Heller, empujándolo suavemente hacia Ion—. Después de todo, tendrás que aprender a vivir aquí si quieres quedarte cerca de mí.

Heller la miró con una ceja enarcada, como si no pudiera creer del todo lo que acababa de escuchar, y después se echó a reír también.

Se quitó la chaqueta, se remangó la camisa y siguió a Ion hacia el establo, mientras Livi se quedaba parada en mitad del camino, observando cómo las nubes oscuras empezaban, por fin, a abrirse.

FIN