Capítulo 15 #2
A la sala empiezan a entrar sirvientes cargados de bandejas; en ellas hay copas de vino y cerveza; otras con fruta, pan, dátiles y pequeños rulos de carne, y estos se pasean entre los invitados, ofreciendo lo que portan.
Ion coge dos copas de vino y me ofrece una. Luego toma un par de rulos de carne y los comparte conmigo. Miramos a nuestro alrededor en busca de alguien conocido, pero al ser nuevos en esta tierra y llevar tan poco tiempo aquí, es una empresa difícil.
—¿Puedo preguntar vuestro nombre y de qué tierra venís?
Me vuelvo sorprendida y veo ante mí al simpático anciano que me sonrió al entrar en el salón.
—¡Hola! —Ion se coloca junto a mí—. Yo soy el príncipe Ion de Micenas y esta es mi esposa, la princesa Eirene de Cnosos.
—¡Encantado de conocerlos! —Se inclina un poco como saludo—. Soy Amenhotep, hijo de Hapu, arquitecto del señor de las dos tierras. —Sonríe y deja ver una boca casi vacía de dientes, eso le hace aún más simpático ante mis ojos.
—Encantada, Amenhotep, hijo de Hapu. —Su cara afable me hace ser indiscreta—. ¿Puedo preguntaros algo?
—Lo que queráis para calmar vuestra curiosidad, bella princesa. —Vuelve a sonreír con simpatía.
—¿Vos habéis construido este palacio?
—Ah, ¡entonces no me equivocaba al pensar que admiráis mi obra!
—¡¿En serio?! Es magnífico el palacio, mire donde mire solo veo grandeza y belleza.
—Gracias por vuestro halago —dice sonriente—. Si os gusta la arquitectura, tal vez queráis que os muestre otras obras que estoy dirigiendo aquí, en Tebas.
—¡Eso sería fantástico!
—Supongo que yo estaré incluido —interviene Ion, que se aprieta junto a mí con gesto adusto, llamando la atención del arquitecto real.
—Por supuesto, príncipe. —Nos mira sonriente—. Mañana, mis obligaciones como intendente de los rebaños de Amón me ocupan gran parte del día, pero os haré llegar mi invitación para mostraros el conjunto funerario del faraón Amenhotep III.
—Lo esperaremos ansiosos —contesto entusiasmada y pego saltitos de emoción, lo que le hace reír a carcajadas.
—Ahora si me disculpan, necesito hablar con la esposa real Sitamón, de la que soy el administrador de sus bienes.
Se inclina ante nosotros y lo veo ir hacia la zona abierta donde descansa la hija y esposa del faraón, cuando llega veo que la reina Tiy se aleja de la reunión con cara de pocos amigos, se nota que no tienen muy buena relación.
Pero claro, si ella es promotora del culto a Atón y el arquitecto real pertenece al culto de Amón, no me extraña que se repelan en actos sociales.
Me vuelvo hacia Ion
—¿Has visto cómo se…?
—Sí, lo he visto —me corta.
—Curioso que el que dicen amigo del rey, sea ignorado por la reina —murmuro pensativa.
—Eirene, en el poco tiempo que llevamos aquí he podido comprobar que en el palacio corren intrigas políticas como el fuego entre hojarasca. Será mejor que nos mantengamos alejados de ellas si no queremos quemarnos.
—¡Princesa! —Se acerca el príncipe de Egipto—. Quisiera presentaros a Nefertiti. Es hija de Ay, alto dignatario de mi padre; el faraón.
—Encantada de conoceros, princesa.
—Lo mismo digo, Nefertiti.
La miro con interés, es casi una niña. De hecho, parece que aún no se ha desarrollado como mujer; claro que el príncipe de Egipto no es mucho mayor.
Se nos acerca Ay, con paso decidido, se inclina ante Amenhotep y coge a su hija por el codo.
En sus gestos y brusquedad, noto que está enfadado y no entiendo sus malos modos ante extraños.
—Si nos disculpáis, la reina pide hablar con mi hija. —Su voz ronca y brusca va acorde a su físico. Se lleva casi arrastras a Nefertiti, sin darnos opción a despedirnos.
—Vaya, un poco grosero este alto dignatario. —Me giro hacia Amenhotep que se encoge de hombros.
—Al menos su hija es preciosa. —Me sonríe con simpatía mientras se encoge de hombros—. He visto que habéis hablado con el arquitecto real.
—Sííí. Se ha ofrecido a mostrarnos su obra en Tebas. —Ion me coge del codo y me da un leve apretón.
—Tened cuidado —nos mira muy serio—, en este momento hay mucha tensión religiosa y el arquitecto real está en el lado contrario.
—¿A qué te refieres?
—Mi madre, la reina Tiy, quiere quitar poder a los sacerdotes de Amón, por eso está favoreciendo el culto a Atón. El arquitecto real es leal al culto de Amón —levanta una ceja y nos mira—. Si queréis visitar edificios construidos por mi padre, yo mismo os los mostraré con gusto.
—Muchas gracias, príncipe, lo tendremos en cuenta. —Ion se inclina y yo lo imito.
Se aleja de nuestro lado y acude a una llamada silenciosa de su madre.
Ion y yo nos miramos y en silencio nos entendemos; me temo que tendremos que esperar para aceptar la invitación del arquitecto real, nuestra situación en Tebas es muy precaria y no es cuestión de alterar un avispero a nuestro alrededor.
Vemos al faraón retirarse, lo que significa que podemos abandonar la sala sin ofender a nadie.
Ion coge mi mano y me conduce a nuestra habitación.
En silencio recorremos los pasillos hasta llegar a la segunda planta donde se ubica nuestro cuarto; esta vez no me he detenido a admirar las pinturas, ni el pavimento ricamente decorado.
Ni siquiera las magníficas columnas que dan paso a los salones consiguen atraer mi atención, pues mi cabeza repasa una y otra vez lo que nos ha dicho el príncipe.
Hasta hoy no me he dado cuenta de las luchas de poder que surgen en torno al trono.
Recuerdo las discusiones del Minos con madre y también las veces que lo escuché protestar en soledad, contra algunos de sus consejeros.
Pequeñas piezas van encajando en mi mente y lo que antes pensé era una injusticia, ahora entiendo que no fue más que una forma del Minos para eludir a los consejeros.
Seguro que lo presionaban para elegir un sucesor, por eso quería un tratado de unión con un príncipe extranjero.
Era su forma de protegerme y respetar el legado de Cnosos.
Descubrir que no me abandonó, que no me negó la sucesión al trono de alabastro, que no me engañó cuando me aseguraba que sería una gran Minos. Ahora entiendo que solo ganaba tiempo para mí, para que mi hermano naciera y calmar a los consejeros que pugnaban por adquirir poder frente al Minos.
El reconocimiento del equilibrio que tuvo que mantener el Minos para mantenerme a salvo de las intrigas, me hace sentir como una tonta.
Yo pensaba que era tan inteligente y que estaba preparada para hacerme cargo del legado de mi sangre, cuando realmente, no sabía nada ni estaba preparada para lidiar con las intrigas de palacio.