Hasta que el tiempo nos alcance Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Le sonrío agradecida y veo que ya estamos ante la columnata de entrada al templo. Vuelvo a impresionarme con la grandeza y al entrar veo que hay un conjunto de hombres trabajando, sobre un tablero uno de los maestros muestra un pergamino a un joven que asiente mecánicamente.

Amenhotep se acerca a ellos y saluda con frialdad al maestro, de inmediato todos los presentes se inclinan ante él.

Coge los papiros sobre la mesa y los estudia con interés, luego se acerca a uno de los muros donde están trabajando y examina el tallado bajo relieve.

Se pone a discutir con uno de los tallistas y señala una de las figuras, el maestro habla con rapidez y gesticula mientras señala el papiro y luego el trabajo en la pared.

Me acerco al tablero donde se acumulan los rollos de papiro y curioseo en ellos sin vergüenza, Ion se acerca a mí y me da un pequeño codazo para llamar mi atención.

—¡Deja eso, princesa! —susurra en mi oreja.

—Solo estoy curioseando —respondo en susurros también.

—¿Te gusta lo que tenemos preparado para el muro norte? —pregunta Amenhotep risueño.

—¡Lo siento! —me aparto avergonzada—, es que siempre me ha gustado vuestra escritura. De hecho, he estudiado vuestra lengua gracias a vuestro embajador.

—¿En serio? —Me mira interrogante—. Volvamos al palacio de Malkata.

Salimos del templo y regresamos por el mismo camino, Ion me coge de la mano mientras paseamos por la ribera del río.

—Príncipe Amenhotep, como sabéis fui guerrero en Micenas y la inactividad no es algo bueno para un guerrero. ¿Sería posible hacer algún trabajo en vuestro ejército?

—Príncipe Ion, durante el reinado de mi padre hemos gozado de paz y prosperidad, tal vez porque preferimos hacer tratados a la guerra. Sin embargo, hablaré con mi padre sobre vuestra petición.

—Gracias —Ion se inclina y luego me aprieta la mano—, no espero menos del príncipe de Egipto.

—No me las des todavía, amigo —dice y sonríe, después entra por las grandes puertas de acceso al palacio.

Nos separamos en el pasillo de subida a nuestra habitación.

El calor es asfixiante a esta hora del día.

Entramos a nuestro cuarto y voy deprisa hacia la zona de baño donde cojo una jarra de agua fresca, vacío un poco en un recipiente y con una toalla refresco mi acalorado cuerpo.

Paso el paño por la nuca y los brazos, por último, lo empapo bien de agua y lo estrujo sobre la cabeza.

Cierro los ojos y me dejo llevar por la sensación de frescor que relaja mi piel, el susurro de Ion en mi oreja me espabila con rapidez.

—Estás preciosa con la humedad lamiendo tu piel —susurra y me da un pequeño mordisquito en la oreja.

—Hum… ¿Quieres que le haga lo mismo a tu piel para mostrarme el efecto?

—respondo con picardía, pero le tiro el paño a la cara y salgo corriendo al cuarto.

No llego muy lejos, me coge en brazos y me tira en la cama, entre carcajadas y juegos nuestras bocas se encuentran, y él no pierde la ocasión, besa mis labios y se apodera de mi voluntad.

Mi boca se abre para recibir su lengua excitante, salgo a su encuentro con la mía y empezamos un baile sensual que lanza destellos de placer a mi vientre.

Siento que me vuelvo líquida en sus manos, pero no me importa, solo quiero disfrutar del momento y descifrar a dónde conducen estas placenteras sensaciones.

Ion se pone sobre mí, sus manos exploran mi cuerpo sin pudor y la verdad, me dejo.

No sé dónde terminará esto, pero que lo disfruto es seguro, por ello me acomodo bajo su peso e imito su audacia.

Una de mis manos acaricia su torso y la otra se desplaza con libertad sobre su espalda.

Lo escucho gemir y me aparto un poco, pero no me deja, de inmediato vuelve apoderarse de mis labios sensibles e hinchados.

El ruido en la entrada de la habitación hace que se levante con rapidez, yo le sigo algo atontada por el interludio, y entonces, veo la multitud en la puerta de nuestro cuarto, a la cabeza de todos está la gran esposa real Tiy.

Nos mira con una expresión hosca, pero no se disculpa por la intromisión.

La reina de Egipto es una mujer de tez morena y hermosos ojos rasgados, muy similares a los de su hijo Amenhotep.

A pesar de su corta estatura y escasa corpulencia, su presencia es imponente, destila poder por todos sus poros.

Ella lo sabe y aprovecha esa impresión para acallar a quien se le oponga.

La siguen varias damas y esclavos con grandes abanicos de plumas enormes que se agitan alrededor del séquito, refrescando el aire a su paso.

Ion me coge la mano y la aprieta para infundirme valor, nos inclinamos ante la inesperada visita y al levantarnos, veo que tiene una expresión de desprecio que no se molesta en ocultar.

—Nos ha comunicado mi hijo que deseas participar con nuestro ejército.

—Señora, me he ofrecido para instruir a soldados o realizar cualquier actividad del ejército que pueda ser beneficiosa.

—Estamos en paz con nuestros vecinos —dice mientras lo mira altanera—. ¿Para qué necesitamos más guerreros?

—Para estar preparados en caso de invasión o necesidad.

—Eso no ocurrirá bajo nuestro reinado.

—No es malo prevenir.

—Ya —calla y me mira fijamente—. En ese caso, el faraón decidirá cuándo empezareis a entrenar a los guerreros más jóvenes del ejército.

—Como queráis, majestad.

—Y tú —me señala con el dedo—, mientras tu esposo realiza sus funciones de instructor, deberás entrar al harén.

—Eso no será necesario —se adelanta Ion—. Ella me acompañará en el campo de entrenamiento.

—¡Eso no puede ser! —Nos mira enfadada—. Las mujeres deben guardarse en el harén mientras su esposo trabaja.

—Pero mi esposa es extranjera al igual que yo —dice mientras la observa con seriedad—. Además, ella es una princesa guerrera cuyos conocimientos nos vendrán muy bien en el campo de entrenamiento.

—¡Noooo! Una mujer no debe entrar al campo de entrenamiento. —La reina está alterada y nerviosa, algo muy poco frecuente, sobre todo teniendo en cuenta que no ha dicho nada que no haya repetido con anterioridad.

—Sin embargo, Segmet 42 aprueba las habilidades de mi esposa. —Ion me acerca a su cuerpo cogiéndome por la cintura.

—Sigo pensando que el patio de entrenamiento no es lugar para una mujer noble.

—La señora del oeste ha bendecido a Eirene con habilidades para enfrentar a cualquier ejército. De hecho, ella es la mejor saltadora del toro en Creta.

—Si eso es así no seré yo quien me oponga, no quiero enfadar a Hator 43.

Con una última ojeada a nuestros cuerpos unidos, hace un gesto displicente con la mano y sale del cuarto con todo su séquito.

—No entiendo su obsesión para que entre al harén. —Niego con la cabeza cuando se cierra la puerta al salir la comitiva.

—Debes tener cuidado con la reina, su insistencia me hace querer salir corriendo de aquí. Por si acaso, no te separes de mi lado.

Nos sentamos en la mesa donde hay una bandeja cargada de frutas, y comemos con ansias en busca del frescor que nos proporciona su carne.

Una vez saciado el apetito nos tumbamos en la cama, el ruido de los insectos en el exterior nos acuna y adormece nuestros sentidos, aunque yo sigo dando vueltas a la insistencia de la reina para que entre al harén.

Por el embajador en Cnosos, sé que el harén de un faraón es sagrado, tanto que el heredero de la doble corona lo es también del harén del difunto faraón.

Al entrar, a no ser que tengas poder, te pierdes entre las esposas y concubinas del faraón.

Dentro están también las hijas de este, pero claro, saber que, hace unos años se casó con una de ellas; la princesa Sitamón, me deja claro que nada es lo que parece ahí dentro.

No entiendo como un hombre puede unirse como pareja a su propia descendencia.

Sé que en mi isla había tradiciones parecidas, pero el Minos nunca las aceptó.

Pensar en él hace que mi corazón se encoja de dolor, pues ya no lo tengo a mi lado, así que contengo las lágrimas como puedo.

Por otro lado, la gran esposa real Tiy hace que me estremezca con las miradas que me lanza, su escrutinio parece querer mirar dentro de mi alma.

Por Amenhotep, sé que su madre tiene la última palabra entre los consejeros del faraón, y que no solo es su opinión, sino que sus decisiones e intrigas prevalecen incluso por encima del Consejo.

Es una mujer poderosa, ella lo sabe y juega muy bien sus cartas para que nada merme su poder.

El embajador en Cnosos también me advirtió que la reina es la máxima precursora del nuevo culto a Atón 44 como una forma de imponerse ante los sacerdotes de Amón y hacer decaer su culto, así como su influencia política sobre el faraón.

Sé que es una mujer muy inteligente, pero su mano siempre está en la sombra y eso es lo que más me asusta.

El embajador también me contó que para imponer sus decisiones para construir el templo y que el faraón no se retractase, le hizo un regalo peculiar: trescientas sesenta y cinco mujeres.

De esta forma, el faraón estuvo ocupado durante un año.

Sigo dando vueltas en la cama y más vueltas en mi cabeza, hasta que Ion se me acerca y me abraza.

—¿Qué te ocurre, princesa? ¿No estás cansada?

—Sí, pero mi cabeza no para de dar vueltas.

Me guiña un ojo y me abraza para después besarme, sus labios se mueven perezosos sobre mi boca y se desplazan por mi cara hasta la oreja, mordisquea el lóbulo y vuelve a la boca, deja un reguero de pequeños besos por mi cuello y baja hasta mi pecho. Me pongo rígida y él lo nota.