Extra
Yo os declaro…
—En la vida hay personas que no se rinden y mis padres son un claro ejemplo de ello. Son de esas personas que se enfrentan a los obstáculos y que no se dejan vencer por los problemas.
»No abandonan, porque para ellos renunciar no es una opción, aunque a veces sientan que no pueden más, piensen que no sirven para nada o crean que poco queda de lo que un día fueron.
»No, ellos no se dejan vencer. Ellos renacen de sus cenizas, transformados y más fuertes, como el ave fénix que demuestra una resiliencia inquebrantable.
Se convierten en personas más fuertes y valientes, de las que se apoyan en su familia cuando creen que pueden caer, vuelven al nido a sanar las heridas y vuelan alto cuando se recuperan.
»Para llegar ahí en ocasiones el proceso es doloroso; la vida a veces se empeña en poner a prueba tu resistencia, pero lo mejor de todo es que ellos jamás pierden su esencia.
No importa cómo de intenso sea el dolor, cómo de alocada sea la decisión o cómo de difícil sea la situación, ellos no dejan de intentarlo, de luchar; por ellos mismos y por los que quieren.
»Parafraseando a mi abuelo, que me ha ayudado con este discurso. Gracias, nono. Diré que «ser resiliente no significa mantenerse imperturbable ante las adversidades, sino más bien adaptarse y crecer a partir de ellas».
»En el caso de mis padres, Bruno y África, aprendieron no solo a sobrevivir, sino a salir más fuertes de las dificultades y a forjar una nueva identidad que hoy brilla con sabiduría y fortaleza. Superaron obstáculos, creencias; maduraron, vencieron sus miedos y renacieron de las cenizas.
»Cada prueba, cada dificultad, los transformó y unió aún más, y eso nos sirve de ejemplo cada día a mis hermanos y a mí.
»Y si algo le agradezco a la vida es que nunca me ocultan la verdad cuando hablan sobre ellos.
Por ejemplo, la explicación que me dieron cuando fui lo suficientemente adulta como para comprender sus miedos al saber que yo llegaría al mundo.
Jamás podré dejar de agradecerles ese acto de valentía, o de locura, que hicieron al arriesgarse e intentar ser felices formando esta familia.
»Nunca me han prometido que ser fuerte no duela, de hecho mi madre dice que duele que te cagas, pero si algo he aprendido de ellos es que no puedes dejar que tus cenizas se las lleve el viento, sino que debes incorporarlas a tu esencia y desplegar las alas para volar más alto que nunca, sin temor a las tormentas.
»Ellos se prometieron al mismo tiempo que vine al mundo y hoy, por fin, ha llegado el día de su boda. No puedo estar más orgullosa de los padres que tengo y de abrir esta ceremonia.
»Así que: papá, mamá, os quiero con cada latido de mi corazón, y llevaré siempre con orgullo mi nombre: Abril de la Vega Remo, porque me recuerda de dónde vengo y a quién quiero parecerme.
»¡Ah, por cierto! Espero que recordéis estas increíbles palabras cuando veáis el pequeño chichón que le he hecho a vuestro nuevo coche. ¡Os quiero!