Harrison (The Level 1) 24. Clínica de Maternidad Privada Walker, Westminster #3
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24. Clínica de Maternidad Privada Walker, Westminster #3

—Cuando volví de la universidad, tenías dieciocho años, eras toda una mujer.

—Me dedica una sonrisa de esas que mojan las bragas—.

Bueno, eso creías tú. —Le doy una palmada en el brazo—.

Habías pasado de ser la chica por la que me moría cada fin de semana que venía de visita a ser una mujer con la que quería estar.

Me inquietó. Y luego pasó lo del lago… —Me río a carcajadas al recordar el incidente.

—Pobre Brandon —digo, negando con la cabeza—. El chico se llevó un susto de muerte cuando lo tiraste a él y a su bici al lago. Lo único que hizo fue saludarme y pedirme salir a tomar un helado.

—El día es el correcto, pero te estás acordando del incidente equivocado.

—¿Te refieres a lo de detrás de la heladería? —Asiente—. Me llevasteis a tomar un cucurucho después de tirar a mi cita al lago. —Su mirada recorre mi cara. Ladeo la cabeza mientras recuerdo—. ¿Cuando intentaste besarme y te rechacé? ¿Ese incidente?

—No me rechazaste —replica—. Fui yo quien te dijo que no.

—Tonterías —mascullo, y él se ríe. Es guapísimo cuando está feliz.

Quiero ser la razón por la que sonríe—. Apenas podías quitarme las manos de encima.

Si Russell no hubiera aparecido al doblar la esquina, podría haber tenido mi primera experiencia sexual allí mismo, aprisionada contra la pared junto al contenedor de reciclaje.

Se irrita ante mi comentario. —Tu primera vez no debería haber sido así. Un momento robado en tu dormitorio sin ninguna conversación después. Fue increíblemente egoísta por mi parte. Deberías odiarme. —Aparta la vista de la mía.

—Mírame, Harry —le digo, y él levanta la vista a través de unas preciosas pestañas oscuras.

El hombre que tengo delante no es el abogado fuerte y seguro de sí mismo que tiene todo bajo control.

Está vulnerable aquí sentado, teniendo esta conversación—.

Quizá la forma en que ocurrió no fue la ideal, pero fue con la persona adecuada. No lo cambiaría.

Sus labios se estrellan contra los míos y me besa profundamente, sus fuertes manos ahuecando mi cabeza, sujetándome contra él. Me aparto, sin aliento, con el pecho subiendo y bajando visiblemente.

—Joder, quiero llevarte a casa —susurra contra mis labios—. Pero no puedo.

—Solo por unos días —le digo.

—No, Violet, no te vas a mudar conmigo —dice con firmeza.

—¿Por qué? —espeto, apartándome—. ¿Estás volviendo a alejarte? Ni siquiera me has quitado las bragas. Debe de ser un puto récord para ti, lo de salir huyendo.

—No estoy huyendo. Escucha lo que tengo que decir. —Se levanta, se acerca y se asegura de que la puerta esté bien cerrada—. Tu padre te buscará en mi casa —dice, volviéndose hacia mí—. Necesito que estés en un lugar seguro con alguien que pueda apoyarte durante los meses que quedan de tu embarazo.

—Tú podrías hacer eso si quisieras. Ese apartamento es una puta fortaleza.

—Escucha —repite, caminando de nuevo a mi lado—. La señora D. vive en el mismo edificio. Tiene una habitación libre. He hecho arreglos para que te quedes allí.

—Pero no quiero… —Levanta una mano para que deje de hablar.

—Violet, quiero que esto funcione entre nosotros. Es contigo con quien quiero estar el resto de mi vida. Pero… —Abre mucho los ojos—. Solo volviste a Londres en junio. Has estado en una relación larga con un hombre que te mintió. ¿Crees que lanzarte de cabeza a una conmigo es una buena idea?

—Tú no eres Aiden —replico—. Tú me quieres.

—Sí, y por eso estoy haciendo esto. En casa de la señora D. estarás a salvo y podré verte todos los días, pero tendrás tu propio espacio a más de dos puertas de distancia. Si te quedaras en mi apartamento, dudo que pudiera quitarte las manos de encima.

—Yo no querría que lo hicieras.

Sonríe sensualmente y mi corazón late con más fuerza.

—Estás embarazada de seis meses. Has pasado por un infierno. Quiero que te tomes un tiempo para ti. Necesito que averigües si soy yo a quien realmente quieres, porque no puedo perderte. Prefiero no empezar esto en absoluto si eso es lo que va a pasar.

—Entonces, ¿quieres que seamos amigos? —farfullo, con mis pensamientos en completo desorden por nuestra conversación. Me salva y luego me rechaza.

—No, quiero que seamos mucho más que amigos —dice, sentándose en la cama a mi lado.

Se hunde ligeramente bajo su peso—. Quiero llevarte a la cama cada noche.

Quiero arrodillarme y pedirte que seas mi para siempre.

Quiero tener un hogar contigo. —Deja de hablar y pone una mano en mi vientre hinchado—.

Quiero llamar mío a este pequeño e increíble ser humano que estás gestando.

—No lo entiendo, Harry —susurro mientras las lágrimas llenan mis ojos. Se escapan por mis mejillas.

—Que sepas esto —dice—. Te quiero para siempre.

Lo único que te pido es que te tomes un tiempo para asegurarte de que eso es lo que tú también quieres.

Mientras tanto, quédate con la señora D.

Te veré todos los días. Podremos hablar.

Podremos besarnos. Podremos fingir que somos adolescentes.

—Me da un beso rápido en la mejilla—. Con esto te estoy dando tiempo.

Con esto quiero que tengas la posibilidad de elegir.

Disfruta de tener el control de tu destino.

—Apoya su frente contra la mía—. Pero rezo para que me elijas a mí.