01
flashback : repetición
re: sí, perdóname, Myaha
re: sí, perdóname, Myaha
re: sí, perdóname, Myaha
re: sí, perdóname, Myaha
re: sí, perdóname, Myaha
En mis recuerdos, Kyan está murmurando.
Una y otra vez, una y otra vez, murmura aquellas palabras que fueron su testamento.
re: sí, perdóname, Myaha
/ flashback
Actualmente, el número de muertes comprobadas es de 2796 personas, según explicaba el consejero de comunicaciones de Interpol.
Añadió que, en el mismo día a la misma hora, 6582 personas intentaron suicidarse al mismo tiempo, sin que se conozca si se pusieron de acuerdo y, de ellas, 2796 lo consiguieron.
Hice el cálculo mental de aquellas personas que fracasaron al intentar suicidarse en aquel momento fatal según las cifras más recientes de que se disponía. Había que restar 2796 del total. De ahí se obtenía el número de las que no lo consiguieron. 6582 menos 2796 eran 3786.
En aquel momento decisivo, en todo el mundo había una cantidad tan grande de gente que fracasó en su intento de morir.
El fantasmagórico consejero de comunicaciones generado por la realidad aumentada continuó hablando.
«Sin embargo, desde las ocho horas transcurridas desde que se desencadenó el incidente, quedan todavía afectados que se debaten entre la vida y la muerte, por lo que es posible que la cifra de fallecidos aumente».
Afectados.
Puesto que parece que cada uno de ellos decidió quitarse la vida, me da la sensación de que lo normal sería aplicarles el calificativo de «suicidas», mucho más adecuado, pero tanto Interpol como la cúpula de los observadores de espirales que se reunían en esta sesión informativa celebrada mediante realidad aumentada no conseguían, por más que pensaban, decidir de qué manera llamar a las personas envueltas en este suicidio colectivo a nivel mundial.
Considerando que casi al mismo tiempo un número tan grande de personas había emprendido súbitamente la acción de herirse a sí mismas, resultaba lógico intuir que, si las cosas habían llegado a ese punto, era porque dichas personas sufrieron alguna clase de influencia o perjuicio.
Pero, aun así, la montaña de cadáveres fruto de aquel acto era consecuencia de la elección que ellos tomaron por su propia cuenta.
sentido común
i: el suicidio es un acto vergonzoso, dicen todos
i: es un ataque a ese recurso de la sociedad que es el cuerpo, dicen todos
i: es una vergonzosa falta de comprensión del carácter público del cuerpo, dicen en el mundo entero
ex: en cuanto a mí, creo que cada uno es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo
/sentido común
Si nos dicen que es porque nuestros amigos y conocidos se entristecerán, puedo entenderlo.
Yo misma, si muere algún amigo, me entristecería.
Pero, cuando se trata de la elección de un perfecto desconocido que no nos causa ningún perjuicio, me gustaría que dejaran de poner esas excusas de que si el «carácter público», que si la «consciencia de recurso», lanzando con arrogancia sus frías miradas.
Myaha también pensaba así. O, mejor dicho, Myaha pensaba así.
Pero la sociedad, la atmósfera del mundo en general no iba en ese sentido.
El motivo por el que no se castigaba a los suicidas era, simplemente, porque ya estaban muertos. Muertos sin remedio.
Si encontraran una forma de castigar a los muertos, seguro que todo el mundo los juzgaría con mucho gusto.
A quienes fracasaron en suicidarse, les esperaba una buena ración de tratamiento psicológico y de fármacos.
Con objeto de que ese fracaso resultara útil una vez más como recurso social que insertar en el tejido del mundo .
Con objeto de poder ejercer la función social de convertirse en una unidad que alimente la economía mundial del tratamiento médico como un miembro más del entramado global.
Tanto Kyan como yo fuimos rescatadas de esa manera del abismo de la muerte y vueltas a ser incrustadas en el mundo, por eso lo conozco bien.
Pero Myaha no volvió a ser atrapada.
El suicidio era un delito que merecía el desprecio.
Aun cuando legalmente no fuera punible. Recordé que Myaha dijo una vez que los católicos enterraban a los suicidas en el centro de los cruces de caminos. Como castigo por haber traicionado a Dios.
Ahora, la sociedad de los Biogobiernos, la sociedad del vidalismo se veía incapaz de decidir cómo tratar a los suicidas.
Los enterradores preguntaban si había que considerarlos como víctimas o como seres despreciables.
La cuestión era algo así como «Oiga, caballero, ¿no será mejor cavar una fosa en la encrucijada y esperar? ».
La gente dudaba. Podía entenderse. Últimamente, ni siquiera en el campo de batalla morían un número así de personas.
Mucho más todavía porque en la sociedad del vidalismo apenas moría nadie, salvo por envejecimiento, accidente o algún raro caso de asesinato.
El cáncer o el resto de las enfermedades eran eliminados en tiempo real por el WatchMe, que monitoreaba el cuerpo para hacer frente al instante a los elementos patógenos que surgieran.
Ah, sí, sí, ya se me olvidaba: y también, sobre todo, por la consciencia de ser un recurso, lo que llevaba a observar un correcto mantenimiento de sí mismo.
Una vida que odiaba durante dos minutos la aparición de un mínimo de grasa.
La gente que había intentado matarse hacía ocho horas, en cierto sentido, podía verse como que habían quedado colgando en tierra de nadie.
En una grieta que se abría entre la condición de culpable y la de víctima.
Me encontraba participando en este cónclave a distancia desde la habitación del hotel en que me alojaba.
El Departamento de Inspección de Espirales había decidido que este era un caso en que debía intervenir, que se trataba de alguna clase de delito que atentaba contra el respeto a la vida, que era el valor más preciado de todos, y por eso había notificado a todos los inspectores de alto rango acerca de este cónclave urgente mediante realidad aumentada.
En este momento no se tenía la menor idea sobre de qué delito en concreto podría tratarse, pero existía la esperanza de que en algún momento pudiera demostrarse que se había cometido algún espantoso crimen.
El encargado de Interpol siguió hablando de «los afectados».
Decía que los afectados se hallaban repartidos entre veinticinco países, y que todos eran miembros consensuados de la comunidad de tratamiento médico Sukunabikona, que, en adelante, llamaremos Biogobiernos Sukunabikona.
Los métodos a los que recurrieron los afectados habían sido muy variados.
listado: ítem
i: tijeras
i: palillos
i: salto al vacío
i: ahorcamiento
i: corte de venas
i: sierra mecánica
i: cuchillo de mesa
/listado
Y otra serie de variantes que conformaban un muestrario realmente copioso de recetas.
La referencia a la sierra mecánica correspondía al caso de un trabajador de la industria forestal que, en mitad de su faena, de pronto cortó con la sierra su propia cabeza.
En el caso de los palillos, se trataba de una persona que estaba comiendo y que de repente se los clavó en un ojo y, al parecer, luego se dedicó a remover con ellos su cerebro.
Solo con los casos de los que se tenía conocimiento, la cifra alcanzaba los 6582, y en todos ellos los afectados habían convertido en armas mortales los artículos que tenían más a mano, por lo que, en cierto sentido, resultaba lógico que las armas más representativas de los incidentes fueran los utensilios de cocina.
listado: diálogo
d: anda, si este lapicero parece ideal para clavárselo en la carótida
d: bah, esta sierra mecánica sí que viene que ni pintada para cortarse la cabeza, ¿no crees?
d: oh, creo que si me clavo estos palillos en el ojo, a lo mejor llego hasta el cerebro
d: hmm…, pero si esta soga es perfecta para ahorcarse…
/listado
En cuanto a Kyan, que optó por un cuchillo de mesa, por lo que respecta al método, rechazó desde un primer momento el esfuerzo de elegir alguna clase de patrón.
—Esto ha sido un ataque terrorista fulminante por parte de terceros, dirigido a la sociedad vidalista —dijo el inspector de espirales situado a mi lado.
Se trataba de un inspector de alto rango que estuvo como observador del proceso electoral que se celebró en cierta región en guerra civil.
Pero, aunque diga «a mi lado», eso no significa más que la posición que ocupa en la imagen de realidad aumentada que utilizábamos.
Lo cierto es que yo estaba sola, sentada en una cama del hotel que reservé y moviendo los labios para hablar con alguien a quien realmente no veía.
Visto por alguien de fuera, debía de ofrecer el aspecto de una estúpida.
aburrimiento
Ataque terrorista fulminante por parte de terceros. Qué gran definición. Una frase imponente que no servía para nada.
No suponía más que una pérdida de tiempo, pero nosotros, que vivíamos en esa sociedad vidalista cuya prioridad era la "armonía, como mínimo teníamos que valorarla como una frase constructiva mientras asentíamos para mostrar conformidad, sin dejar que se nos escapara una sonrisa.
Porque en eso consiste lo que llaman saber leer el ambiente como un adulto.
/aburrimiento
Con todo, una antigua amiga mía se había transformado ante mis propios ojos en uno de esos «afectados».
No me sobraba disposición de ánimo como para preocuparme del ambiente o fingir hipocresías.
Así que, mientras calculaba el momento justo para no resultar maleducada, pregunté acerca del estado actual de los «afectados».
El encargado de Interpol se giró hacia mí y contestó: