Harmony 02
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teorema: número

i: cuando los niños se vuelven adultos, se convierten en palabras

i: cuando los adultos se vuelven cadáveres, se convierten en espuma

/teorema

No, eso no es exacto. Dicho más correctamente, sería:

regla: número

i: el cuerpo de los niños no debe hacerse palabras hasta que no se convierta en el de un adulto

i: cuando mueren los adultos, no deben descomponerse hasta convertirse en espuma

/regla

La historia debe contarse ateniéndose a dichas prohibiciones.

El motivo es que el cuerpo de los niños es impaciente y de pies ligeros.

Porque no se quedan quietos ni un segundo en el mismo sitio.

Y en cuanto al cuerpo de los adultos, avanza con paso firme e incesante hacia la muerte, pero, en comparación con el de los niños, su velocidad es mucho más lenta.

Por otra parte, en los cuerpos impacientes no entra el WatchMe.

El WatchMe no entra en los cuerpos de pies ligeros.

El motivo es que el WatchMe vigila la constancia de las propiedades de un organismo y, en el crecimiento diario del cuerpo de un niño, no puede concebirse la constancia.

Por eso:

listado: ítem

i: mientras las tetas todavía siguen creciendo

i: mientras el culo todavía sigue creciendo

i: WatchMe no entra en mi cuerpo

i: si WatchMe entra en el cuerpo, es prueba de haber llegado a adulto

/listado

Y yo, que soy alumna de bachillerato, ni de broma pienso hacerme adulta.

—Dejémoslo claro todas juntas.

Quien así hablaba era Myaha. Myaha Mihie. Mientras todos se hallaban recogiendo las cosas para marcharse, ella, que se sentaba en el pupitre de detrás del mío, se inclinó hacia delante para quedar a mi altura.

—Vamos a anunciar juntas que nosotras no nos convertiremos en adultas.

listado: ítem

i: este cuerpo

i: estas tetas

i: este conejito

i: estos ovarios

/listado

—Vamos a gritarle con serenidad al mundo entero que todo eso es únicamente nuestro.

En pocas palabras, Myaha y yo éramos dos niñas raras.

Hallándome en este mundo de consciencia colectiva, tan repleto de atenciones, si dijera que estaba por completo aislada, estaría mintiendo, pero aun así todos los días me embargaba el mismo sentimiento.

declaración

i: ni de broma voy a convertirme en uno de ellos

/declaración

Este mundo tan inmensamente amable, tan atento hacia todos y que se preocupaba incluso de mí, metiéndome prisa con toda cordialidad... Ni de broma quería que me hiciesen participar en ese tiempo y ese espacio.

—He descubierto una cosa, Twan… —comenzó Myaha con ojos centelleantes.

Myaha era una sabelotodo. Era la que mejores notas sacaba de clase y la que más problemas causaba. Myaha, aparte de Kyan Reikado y de mí, no hablaba con nadie más que lo estrictamente necesario.

Todavía hoy no sé qué fue lo que le gustó a Myaha de Kyan y de mí.

Mis resultados escolares, por ejemplo, no eran especialmente buenos y mi aspecto físico, pues, vaya, malo no es que sea, pero tampoco es que destaque en ese sentido.

Y en cuanto a Kyan, puede decirse más o menos lo mismo.

Pero nunca le he preguntado a Myaha por qué decidió ser amiga mía.

—¿Sabes? Hace mucho tiempo, al parecer, había adultos que pagaban por nuestro cuerpo.

Adultos que buscaban sexo dando una cierta cantidad de dinero a niñas como nosotras.

Y, a pesar de que no se trataba de niñas pobres, por lo visto había un montón de chicas que, sin sentir la menor culpa por eso, eran ellas mismas quienes estaban dispuestas a convertir sus cuerpos en un instrumento sexual a cambio de dinero.

Tanto quienes compraban como quienes vendían alcanzaban un buen número y así iban degenerando mutuamente y lo cierto es que esas transacciones de dinero se llevaban a cabo en hoteles de toda la ciudad.

—¿Es que quieres vender tu cuerpo? —pregunté con una risita.

Porque, por el tono con que hablaba Myaha, parecía que estaba diciendo que, si de verdad eso era posible, se iba a ir volando a cualquier barrio de diversiones para probar.

Si es que todavía hoy existieran semejantes lugares, claro.

Un lugar donde una chica pudiera degenerarse cuanto quisiera, donde fuera posible echar a perder toda su vida, donde pudiera deshacer su cuerpo poco a poco mediante el sexo sin amor, las enfermedades, el alcohol, el tabaco y las sustancias estimulantes.

Las enfermedades, el alcohol y el tabaco eran elementos especialmente importantes.

Mantener sano el propio cuerpo. Este país llamado Japón se hallaba obsesionado con dicho concepto, y en él o, mejor dicho, en toda la esfera de Biogobiernos del mundo, no podían encontrarse esos tres elementos, por más que se buscaran.

Una serie de artículos que antes habían recibido escasa atención se hallaban ahora bajo control de los Biogobiernos y, por obra de la poderosa mano de la medicina, se había elaborado una lista de sustancias delictivas donde iban siendo incluidas una tras otra para apartarlas de la sociedad.

—Si todavía existe esa clase de adultos, nos debe de quedar alguna esperanza a nosotras. Podríamos llegar a pensar que no importa llegar a adultas. ¿O no?

Tal y como decía Myaha, si afluyeran por las calles de la ciudad esa clase de adultos degenerados, gente del más bajo nivel, nosotras podríamos dejar de odiar este colegio o este mundo .

Seguramente. Sin embargo, el mundo se iba volviendo más, más y más honesto, saludable, pacífico y hermoso, con una bondad que ya parecía imparable, inacabable.

Por más que una dijera «Modérate un poco», ni el mundo ni el ambiente se iban a dar por enterados.

declaración: ira

”Nosotras no conocemos los bajos fondos.

Para que podamos vivir sin conocer los bajos fondos, nos lo dan todo servido”

/declaración

Esa era la muletilla de Myaha.

Myaha lo sabía todo. Por ejemplo:

listado: ítem

i: el modo de fabricar un arma química capaz de matar a 50000 habitantes de una ciudad manipulando algo tan normal como el sistema Medicare de refinación de medicamentos particulares cambiando las moléculas medicinales medimol creadas por dicho sistema

i: igualmente, la manera de engañar al Medicare para que fabricase una pequeña cantidad de endorfinas que proporcionasen un sentimiento placentero

/listado

—Los adultos poseen todos una caja mágica.

Así dijo Myaha en cierta ocasión.

—Solo con tener medio tanque de medimol del que usa el Medicare se puede conseguir casi cualquier cosa. Por ejemplo, hacer gas venenoso en el baño de tu casa es un juego de niños.

A Myaha le encantaba explicarnos qué instrumento tan peligroso era el Medicare.

El Medicare para uso doméstico era la panacea, capaz de cualquier cosa.

Siguiendo las directrices de los diversos programas informáticos con que trabajaba dicho sistema, se podían refinar las diferentes medimol para terminar con cualquier clase de patógeno que hubiera en el cuerpo.

Era una mano mágica que aplastaba todas las enfermedades.

Dicho del modo contrario, según ella, era también una mano mágica que permitía causar cualquier enfermedad.

Decía que, si no se podía usar así, era porque el sistema del Medicare había sido programado para no hacerlo, pero que, si se conseguía engañar al sistema, se podía hacer que el mundo entero volcara.

Y que lo que impedía su uso era únicamente la codificación instalada en Medicare.

Se introducían en el WatchMe los códigos para uso del Medicare que distribuían los Biogobiernos y de esa manera se descargaban en el Medicare de cada casa, donde se preparaban las sustancias necesarias para hacer frente a cada enfermedad.

Si nos lo proponíamos, podíamos hacer que cientos de millones de personas en todo el mundo 1 que usaban el Medicare y que pasaban el día vigilando sus cuerpos sin cesar mediante el WatchMe cayeran víctimas de alguna enfermedad incurable.

«En otras palabras, es cuestión de proponérselo», repetía con frecuencia Myaha.

Exceptuando los momentos en que estaba hablando con nosotras, Myaha pasaba el tiempo leyendo tranquilamente, sentada en el banco de un parque donde jugaban los niños.

Leer un texto en esa clase de medio de comunicación obsoleto hecho de papel era la única afición suya que conocíamos.

Una vez le preguntamos por qué insistía en algo tan molesto como leer libros, pudiendo recurrir a la realidad aumentada que ofrecía la red, que le permitía leer sin tener que ir cargando con el libro. Nos contestó:

—Cuando una quiere experimentar la soledad, lo mejor es recurrir a un medio obsoleto, ya muerto. Así, estamos solo los dos, el medio en cuestión y yo.

Después, continuó hablando con esa característica voz suya, fría y suave, que invitaba a caer en el sueño.

—También valdría el cine o la pintura. Pero desde el punto de vista de la durabilidad, los libros son la opción más resistente.

—¿Qué quieres decir con eso de la durabilidad?

—El tiempo que dura la sensación de soledad.

Myaha se descargaba de la Biblioteca Completa Borges en la red los datos de aquellos textos que deseaba leer y después se iba a propósito a una encuadernadora para que le hiciera un libro con ellos.

Todavía se mantenía algún negocio de esa clase, dirigido a la gente de gustos excéntricos.

La mayor parte de la asignación monetaria que recibía Myaha de sus padres desaparecía con esas «encuadernaciones».

Creo que muchos de los conocimientos que poseía Myaha los adquiría de esos «libros».

Al parecer, mientras nadaba en aquellos mares de letras, Myaha aprendía a diario cómo pulir su pretensión de convertirse en una mortífera arma social.

«Creo que ya estoy bastante afilada…».

Esta era otra de las muletillas de Myaha.