Capítulo 5
Llego al hangar sobre las diez. Hannah se queda con Meg hasta que termine mi vuelo turístico de la mañana, y luego nos relevaremos para que ella pueda hacer algo de mantenimiento.
Toda la situación es frustrante de cojones, pero no quiero correr ningún riesgo con Tyler.
Ya ha demostrado lo inestable que puede ser y me mataría si algo le pasara a Meg.
—Hola, Neil.
Oigo una voz que me llama y me giro para ver a Dana cruzando el aparcamiento a trote ligero.
Lleva unos pantalones de yoga ajustados que se ciñen a sus deliciosas curvas y sonrío al pensar en lo increíble que fue anoche.
Sacudo la cabeza para quitarme los pensamientos guarros de la mente mientras se detiene frente a mí.
—Hola, ¿qué pasa?
Me inclino para besarla y ella da un paso atrás. Es una reacción extraña y me pregunto si habrá pasado algo. Me mira y noto que algo va mal.
—Me han llamado esta mañana.
Respira hondo y se cruza de brazos a la defensiva.
—Mi colega cree que ha encontrado otro Junkers K47 y quiere que vuele a Topeka para verlo.
—¿Qué?
Me quedo de piedra. Mi padre estaba convencido de que el suyo era el único en condiciones de volar en el mundo, y si hay otro en Estados Unidos que sea algo más que un puñado de chatarra, sería un bombazo.
—Sí. Me voy en unas horas, pero quería verte antes de marcharme.
Se pone de puntillas y me besa. La atraigo hacia mí, disfrutando de la sensación de su cuerpo mientras me rodea con los brazos y me mete la lengua hasta la campanilla. Un coche entra en el aparcamiento y maldigo entre dientes cuando ella se aparta.
—Vale, eh…
No sé qué decir. Si hay otro K47 por ahí, probablemente retiren la oferta original y estoy seguro de que no quiero venderlo por menos.
Quizás la decisión se tome sola y pueda volver a mi vida, pero me doy cuenta de que eso también significa que Dana se habrá ido, y un escalofrío de angustia me recorre el cuerpo mientras se me revuelve el estómago solo de pensarlo.
—¿Necesitas que te acerque a Fairbanks?
—No, voy en coche. Tengo que devolverlo.
Se muerde el labio como si quisiera decir algo pero no encontrara las palabras.
—Será mejor que me vaya.
La sigo con la mirada mientras se aleja, lanzándome una última mirada antes de subirse al todoterreno y alejarse por el camino lleno de baches.
Tengo la cabeza a mil y, mientras despego para el vuelo turístico, me doy cuenta de que estoy peligrosamente distraído.
Intento apartar todo el asunto de mi mente y centrarme en el trabajo mientras ofrezco a los pasajeros lo que han pagado.
Cuando aterrizamos, me despido de ellos y vuelvo a la oficina a hacer algo de papeleo.
Tommy se acerca a echar el rato unos minutos y consigo relajarme un poco mientras intento olvidarme de todo el drama.
Necesito que Hannah revise uno de los indicadores del Caravan, así que decido volver a casa para relevarla de su turno de vigilancia.
Cuando entro, me recibe un olor delicioso. Meg se gira y me sonríe.
—Dios, huele de maravilla. ¿Qué estás preparando?
Le doy un beso mientras Hannah se acerca y sonríe, señalando hacia la puerta.
—Volveré en unas horas, ¿vale? —dice Hannah mientras coge su bolso y me da un beso en la mejilla, saliendo disparada antes de que pueda decir nada.
—Asado de ternera. Hannah dijo que a lo mejor traías a Dana, así que pensé que podríamos cenar algo antes de tu vuelo a Fairbanks —responde Meg mientras levanta la tapa de una de las ollas y remueve el contenido.
—Dana ha tenido que irse. Le ha surgido algo.
—¿Volverá? —pregunta Meg, con una expresión de decepción ensombreciendo sus bonitas facciones.
—No lo sé —respondo con sinceridad. No quiero entrar en lo que me contó sobre el otro Junkers, así que cambio de tema—. ¿Estás bien?
Me sirvo un vaso de agua y me siento en uno de los taburetes de la isla de la cocina.
—Sí —dice mirando al suelo y mordiéndose el labio. Espero a que continúe—. Me siento muy mal por toda esta situación.
Unas lágrimas le resbalan por las mejillas y la atraigo hacia mí.
—Es una mierda, Meg, pero no es culpa tuya. Seguramente perderá el interés en unos días y todo volverá a la normalidad.
Le beso la coronilla y ella me rodea con los brazos, abrazándome fuerte, y la sensación es muy agradable. Cuando su mano baja y me desabrocha los vaqueros, se la aparto, pero ella insiste y no me puedo creer que quiera follar ahora mismo.
Su mano se desliza dentro de mis pantalones y sus labios encuentran los míos. Exhalo lentamente mientras me agarra la polla con los dedos, sonriendo al notar cómo se me pone dura, y me recorre la punta con la uña.
—Es que no me canso de ti, Neil —susurra mientras me besa y me acaricia suavemente.
Exhalo cuando se arrodilla frente a mí, me roza la punta con los labios y me la mete más adentro.
Es una sensación increíble. Se levanta y me lleva al sofá, empujándome contra los cojines mientras cae de rodillas frente a mí y se quita la camiseta.
No lleva nada debajo y se junta los pechos antes de deslizar mi polla entre ellos y apretarlos con fuerza.
Me encanta lo que veo y lo que siento, y bajo la mano para retorcerle el pezón rosado mientras jadea.
Se desliza arriba y abajo unas cuantas veces antes de volver a metérmela en la boca. Su lengua me envuelve y me mira mientras aumenta la succión. Cada movimiento de su cabeza me acerca más al límite y le agarro el brazo, queriendo devolverle el favor. Se aparta con un chasquido y me mira.
—Has hecho tanto por mí. Quiero darte algo. Relájate.
Su voz es entrecortada y me recuesto en el sofá, cerrando los ojos mientras su boca caliente me trabaja e intento aguantar.
Entro en su garganta y sigo mientras me la mete entera, deslizándose arriba y abajo, aumentando la succión y aflojando.
La sensación es increíble y me corro, soltando un chorro caliente de semen en su boca mientras ella deja escapar un gemido y me agarra la polla con fuerza para darme las últimas sacudidas.
—Joder —jadeo, y ella sonríe, traga y luego lame unas gotas de semen que le han resbalado por la comisura de los labios.
Echo la cabeza hacia atrás mientras se une a mí en el sofá, acurrucándose a mi lado.
La rodeo con el brazo y le beso la cabeza mientras pega su cuerpo al mío—.
No quiero que te sientas mal por lo que está pasando, Meg. Es culpa de Tyler, no tuya.
—Lo sé —dice en voz baja—. Pero todo sería tan perfecto si él simplemente desapareciera. Yo… te quiero.
Hace una pausa y el corazón me da un vuelco.
—Y quiero a Hannah, y mi vida es mucho mejor ahora de lo que era antes.
Dejo que sus palabras calen y, mientras estamos tumbados en el sofá, se queda dormida. Me doy cuenta de lo difícil que debe de ser toda esta situación para ella y de que haré lo que sea necesario para mantenerla a salvo y mantener unida a nuestra nueva familia.