Capítulo 93
L a espalda de Kenerick es un muro que no me suelta y cuando una de sus inmensas manos me tapa la boca, sé que voy a morir. Aquí y ahora.
Maldigo que haya llegado mi momento antes de poder llevar a cabo mi plan.
Maldigo haber sido tan mala madre.
Maldigo no haberme dado cuenta de que estaba casada con un HIJO DE PUTA.
—Siento haber tardado, pequeña bestia —susurra en mi oído una voz ronca que no había oído nunca—. Liam está a salvo.
Me quedo petrificada en sus brazos, por el miedo, porque este sea otro juego enfermizo de Kenerick, porque me parta el cuello con un solo movimiento y no pueda despedirme de mi hijo…
El pánico no me deja racionalizar ni oír los alaridos de rabia de Kenerick, lejanos, furioso por no haberme encontrado todavía. El desconocido se quita un guante y me enseña la mano tatuada.
Es él.
Mi enmascarado.
Lloro sin control, sin moverme, sin emitir sonido alguno. Es él de verdad y no tengo ni fuerzas para preguntarme por qué está aquí o cuáles son sus verdaderas intenciones.
—Deja de llorar, çmenduria ime . —Su voz ronca y profunda retumba por todo mi cuerpo como el sonido más bonito que he oído en toda mi vida.
Es lo único que dice antes de hacerme soltar los libros y tirar de mí hacia la escalera lateral, que todavía no ha sido engullida por las llamas.
Y yo confío en este absoluto y total desconocido, porque tonta se nace, pero desesperada te vuelves .
Corremos sin mirar atrás.
Juro que si salgo con vida de esta, tomaré mejores decisiones.