Capítulo 90
U n olor extraño empieza a inundarlo todo al tiempo que lo hace el humo.
Se está quemando algo. No quiero saber el qué.
Dios mío que Damon no esté muerto.
Estoy intentando llegar al despacho de Kenerick para alcanzar el teléfono de mesa, pero su espeluznante voz me encuentra antes de que tenga oportunidad de hacerlo.
—¡Clara! —canturrea alargando la primera vocal subiendo la escalera.
Oigo sus pasos acercándose y me alejo sigilosa tan rápido como puedo.
Un segundo… si él está aquí… Dios, ¿lo ha matado?
—Ya no volverán a interrumpirnos. Damon quería convencerte de que te quería más allá de tu dinero, ¿sabes? Por eso accedió a que yo te lo quitara todo. El gilipollas lo vio como un acto de amor, ¿te lo puedes creer?
Detengo mis pasos.
Doy media vuelta y grito al pasillo vacío con todas mis fuerzas.
—Kenerick, ¡no lo entiendo! —bramo con la garganta ardiendo—. ¡Tenemos un hijo juntos! ¡¿Cómo has podido…?!
—Nunca has significado para mí nada más que una transacción.
¿Sabes que imaginarte con el cráneo abierto era una de las cosas que mejor me funcionaba para que se me pusiera dura?
—Le oigo gruñir de placer—. Joder, lo primero que voy a hacer cuando te mate va a ser correrme sobre tu puto cadáver.
Y será el mejor polvo de nuestro matrimonio.
Sollozo girando la esquina y alejándome sin ver ni siquiera dónde piso.
Nunca pensé que la amplitud de la mansión en la que me crié sería lo que me salvara, pero es lo único que me compra tiempo. Encuentro la puerta de su despacho cerrada con llave y el miedo parece capaz de ahogarme. Aun así no me detengo. Más bien, todo lo contrario.
Al llegar al extremo más alejado dudo si meterme en una de las muchas habitaciones y rezar porque no me encuentre o bajar la escalera a toda prisa con la esperanza de llegar a salir de la casa.
El fuego.
Debería salir.
¿Pero llegaré a alguna parte?
¿Me alcanzarán antes?
—¿Tienes miedo por ti, Clara? —vocifera Kenerick a lo lejos—. ¿Solo por ti? No eres la única Ashcroft, ¿o es que se te ha olvidado?
Mi corazón deja de latir y los ojos se me abren con horror.
No. No. No. No. No. No. No. No.
—Mi abogado les hará la cirugía pertinente a los documentos de la mansión para que no sea lo único que nos cedes a Liam y a mí. —Oigo su risa—. Pero antes de que salga el sol, todo será mío. Pobre viudo señor Ashcroft, ha perdido a toda su familia.
Las lágrimas caen sin control por mi rostro al pensar que matarlo estaba en sus planes.
Entro en una habitación y busco un arma, lo que sea, pero en la pequeña biblioteca no hay nada útil y entro en pánico. Piensa, Clara, piensa.
La biblioteca está conectada a una sala común que tiene un balconcito interior por el que se puede ver la primera planta. Corro hasta allí sigilosa y me acerco a la barandilla con tal de que mi voz retumbe en más de una dirección y no le revele mi localización exacta.
—¡Te daré todo el dinero! Ningún abogado podrá modificar los documentos para que mi herencia sea tuya, pero yo…
¡Te firmaré lo que quieras y excluiré a Liam, pero…
! No le… Kenerick ¡por favor no le hagas daño a nuestro hijo!
—mis gritos desesperados retumban contra las paredes pero son ensordecidos por las llamas.
—¿De verdad crees que me arriesgaría? —Kenerick parece divertido y fuera de sí.
Grita y no sé si es de dolor o de rabia, pero resulta aterrador. Cojo un puñado de libros y los lanzo al piso de abajo para llevar su atención lejos de mí.