Capítulo 83
D amon llama a la puerta cuando me subo la bragueta y Chloe termina de colocarse la ropa en su sitio. ¿Cuánto rato ha pasado? Hostia puta.
—¿Por qué no puedo pasar? —insiste mientras le como la boca a Nathalie.
—Hazlo firmar esta noche —pide en susurros—. Quiero ser la señora de la casa desde ya.
—Pasa, Damon.
El tío casi atraviesa la puerta. Chloe se marcha contoneándose y no acierto a escuchar lo que dice mi amigo. Siento alivio porque se marche de una vez, solo así podré pensar con claridad. O pensar, a secas.
—Tu au pair está muy buena.
—Cállate.
—Las quieres todas para ti, ¿eh? —se acerca a la ventana y la abre, ganando el premio a las sutilezas, pero a mí me importa una mierda si aquí huele a sexo—. ¿Qué vas a hacer cuando te quedes con todo el dinero de Clara? ¿La dejarás marchar?
—¿Y eso a ti qué te importa?
Su mirada se vuelve fría. Dura.
—Lo único que te interesaba de Clara era su dinero.
La he visto en la fiesta. Ha tenido que huir a esconderse a la cocina un buen rato de lo nerviosa que estaba.
Es evidente que vas a conseguir todo lo que querías y no voy a permitir que se te olvide que es así solo porque yo te he ayudado —dice muy seguro de la importancia de su rol en todo esto, pero qué va, Chloe ha sido mi mejor baza.
—Todavía no ha firmado los papeles conforme me cede toda su herencia.
—Lo hará. ¿Qué harás tú entonces?
—¿Por qué te interesa saberlo?
Exhala, cabreado.
—En cuanto se quede sin nada pienso demostrarle lo mucho que me interesa aunque no tenga ni un solo dólar y tú, Kenerick, no te vas a entrometer.
—Dudo que quiera estar contigo cuando sepa que me has ayudado a quitárselo todo, Damon. — Y aunque detesto admitirlo, preferiría ver a Clara muerta antes que abrazada a él.
No es una muestra de debilidad, a mi Clara me la trae floja. Pero a ojos de la gente de Westchester estaría perdiendo contra mi socio y eso es algo que no puedo permitir.
—Aquí lo importante no es si confías o no en mis habilidades como seductor, Kenerick, sino si te harás a un lado de una vez cuando termines tu plan. Tiene que ser mía. A poder ser esta noche.
Su codicia asoma su fea cabeza y tengo que controlar mis impulsos de rebanársela. Pero puedo aprovecharme de esto.
—¿Quieres acelerar las cosas? Entonces consigue que firme los papeles de la herencia.
—¿Y cómo quieres que consiga eso?
Lo miro y pienso qué gran fracasado es. Siempre se ahoga en un vaso de agua.
Jamás dominará el arte de la manipulación.
«—Sí, les daré la noche libre a todos y así podré follarte en cada habitación de esta inmensa mansión.
Clara se retuerce con anhelo y anticipación. La sujeto cuando le flojean las piernas.
—No puedes decirme eso y esperar que no reaccione.
—De verdad que odio tener que irme. Ahora mismo odio muchísimo a Damon.
—Pues ya somos dos.
—Un equipo para todo.
—¿De qué querías hablar?
—Ah, sí. He recibido una llamada interesante —tanteo.
—¿De quién?
—Del hospital. Annabelle ha salido del coma.
Se le ilumina el rostro por las ganas que tiene de que nos cambien de au pair. Tal y como imaginaba que pasaría.
—¿Hablas en serio? ¡Eso es una gran noticia!
—¿Crees que podrías decírselo tú a Chloe? Tengo mucho trabajo y…
—¡Descuida!».
Chloe ha vuelto del hospital muy contenta y tras una llamada de mis hombres he descubierto que Annabelle ha acabado muerta. Qué sorpresa, ¿eh?
Esta mañana temprano, cuando los sanguinarios hombres a los que pago para que me hagan el trabajo sucio me alertaron de que Annabelle podía despertar, no me parecía nada bien dejar un cabo suelto.
¿Una au pair que pudiera venir aquí y jodernos el teatrillo? No, gracias.
Pero no me convenía ser yo quien le diera la noticia a Chloe porque podría haberme visto venir a mí y a mis intenciones.
Clara ha sido la mensajera perfecta.
¿Quién podría haber previsto que Chloe actuaría así a mis espaldas?
No me ha dicho nada en todo el rato que hemos estado follando, pero no hace falta. Yo siempre voy un paso por delante.
—¿Kenerick?
—Si te digo cómo conseguirlo, ¿de qué me sirves, Damon?
Y por fin, cierra la bocaza.