Capítulo 79
Días después…
H ago lo que más me gusta del puto mundo. Abro sus pliegues cálidos y vulnerables y dejo que el sonido húmedo lo invada todo. La embisto cada vez más rápido. La penetro cada vez más profundo.
No deja de gemir y hostia puta, al final voy a tener que ponerme serio con ella. Salir de su coño, meterle la polla en la boca hasta que se le desencaje la mandíbula y así aprenda a estarse calladita.
—Estar a solas contigo siempre acaba igual, joder — le tiro del pelo tanto como me da la puta gana y ella se retuerce de placer.
—¿Vas a pedir una orden de alejamiento?
Estoy dentro de ella, metido hasta los huevos. Así que diría que no.
Durante los siguientes instantes, nuestros cuerpos son los únicos que hablan y lo hacen con mucha rabia contenida.
Mi semen sale en cascada de su bonito coño y ya quiero volver a empezar.
Me está volviendo loco. Quiero usarla el resto de mi vida. Salgo de ella, cojo sus mejillas enrojecidas y las aprieto con fuerza.
—Quiero más.
—Estás en la cama de mi mujer, Chloe. Te has corrido aquí más veces que ella.
— Yo soy tu mujer.
Mi miembro crece varios centímetros al oírla.
Soy una erección andante desde que la conozco.
—Eres una desquiciada salida y voy a enseñarte a comportarte de una vez. —Me levanto y tiro de ella.
Me pongo unos pantalones, pero ni siquiera me molesto en abrochármelos, así que tengo media polla fuera. A ella la llevo desnuda, aprovechando que estamos solos. ¿Su reacción? Soltar una risita baja desde que salimos del dormitorio y cogemos la escalera lateral.
—Has nacido para convertirme en un psicópata peor de lo que ya era, has venido a trastocar todos mis planes…
—Pero qué mala soy. —Me mira con las pupilas muy dilatadas.
Entramos al sótano que no es más que una sala espaciosa, gris, con un sofá central y una puerta en una esquina. Antes había una televisión, pero nadie la usaba así que la quité.
—Me gustaría que me follaras en todas las habitaciones de esta mansión —admite en un susurro y cuando miro entre sus piernas, la veo goteando—. ¿Has traído a Clara aquí alguna vez?
—No desde hace mucho. Y antes no tenía este aspecto.
Asiente, más contenta.
—¿Qué hay tras esa puerta?
—Un baño. El policía al que maté cuando hizo demasiadas preguntas sobre ti lleva mucho descomponiéndose en la bañera.
Esperaba que se riera, que soltara una carcajada sonora y psicótica.
Pero a Chloe se le caen los hombros y sus ojos se vuelven dos corazones brillantes.
—Te quiero.
La empotro contra la pared fría de piedra a su espalda sin importarme lo que eso le haga a su dulce piel.
—Nosotros no decimos esas cosas.
—Yo sí.
—No —le advierto, pero entonces cierra las piernas alrededor de mi cintura y sonríe, mostrando una infinita fila de dientes.
—Veo el monstruo que eres y me encanta.
Me hundo en sus pliegues con brusquedad, porque quiero darle placer casi tanto como quiero hacerle daño.
—Has dejado que me folle a Chloe, ¿pero vas a dejar que me folle también a Nathalie?
Su rostro empalidece, pero no dejo de embestirla. Cada vez más fuerte.
—¿Crees que no sé lo que haces por las noches en esta mansión? ¿Los cuadros? ¿El mechón de Clara?
—Nadie trató bien a Nathalie nunca —dice un poco ida, pero a mí no me va la necrofilia, así que la beso para traerla de nuevo conmigo.
Le muerdo el labio, la lengua.
— Nathalie quiere jugar —dice con la sonrisa manchada de sangre.
Me folla como una perturbada insaciable y viciosa, una hambrienta de mí. Lo hacemos durante horas, hasta que la idea de tener una erección hace que me duela la polla.
Me empuja hasta el sofá y aunque no me quiero acurrucar con ella, termino haciéndolo porque casi no puedo moverme. Espero que no le dé por hablar de más. A veces cuando me la follo muy duro, se le suelta la lengua y me cuenta cosas del circo que luego ni ella misma recuerda. Es un verdadero coñazo.
Por la sonrisa perversa que tiene en la cara, sé que no es Chloe la que sigue conmigo.
—Voy a transformar este sitio para ti —jadeo rodeando su muñeca con mis dedos, enjaulándola con mis esposas de carne—, ¿de acuerdo, Nathalie?
—¿Transformarlo? —pregunta subiéndose a mi regazo, acurrucándose contra mi pecho.
—Sí. Para ti.
Queda nada para el cumpleaños de mi hijo y Clara ha accedido a ver al médico. Uno que va a decirle exactamente lo que quiero que le diga. Uno que la asustará y la hará dudar de sí misma como siempre hace solita. Pobre idiota. Apuesto a que ni siquiera se conoce a sí misma. Es patética.
Aprieto la muñeca de Chloe pensando que todos mis planes están saliendo tan a la perfección que ni yo me lo creo. No puedo esperar a ver cómo termina.
Chloe no estará contenta con todas mis decisiones. Lo sé, a ella sí la conozco bien. Por eso he guardado la piedra con la sangre de Annabelle y su ADN a buen recaudo.
Espero no tener que utilizarla nunca contra ella.
Espero poder seguir trabajándomela muchos años más.
Mi alma no es capaz de querer, pero alimenta una necesidad delirante que solo ella satisface. Una droga a la que no renunciaré pase lo que pase.