Capítulo 78
L o único que puedo hacer al llegar es cerrar la puerta tras de mí.
—¿Has perdido la puta cabeza?
—¿Se la has metido?
—No. —Me desabrocho el cinturón porque está desnuda y, hostia putísima, no soy de piedra.
—No puedes follártela si yo no te lo pido.
—No lo he hecho. Pero iba a empezar a sospechar si no la tocaba. Antes de que llegaras tú lo hacíamos varias veces al día.
—No me importa. Si vuelves a follártela sin que yo te lo pida le cortaré el cuello y te haré beber su sangre.
La empotro y la aplasto con violencia contra la pared de la habitación. Le raspo la mejilla con la incipiente barba y froto mi erección contra su culo.
—¿De verdad acabas de hacer algo tan arriesgado como llamar mi atención delante suyo?
—Te morías de ganas de verme el coño. Te he hecho un favor.
Le doy la vuelta con brusquedad.
La verdad es que sí.
—Debería despedirte.
—No puedes, ni tampoco quieres. —Saca la lengua y la pasa por mi cuello de manera ascendente, hasta llegar a mi oído—. Si no querías que tuviéramos un secreto, haber cerrado las cortinas el primer día. Ahora atente a las consecuencias.
—¿Me estás amenazando?
Nos besamos como si estuviéramos luchando el uno contra el otro.
Su cuerpo blando y suave es todo un contraste con la dureza del mío, que va a lograr atravesar mi pantalón y a hundirse en su perturbado sexo marcándola para que no se olvide de mí ni una puta vez.
De pronto se aleja, midiendo la situación, tomando un millón de decisiones con ese ceño fruncido suyo.
—Deberías tener un castigo. Has roto nuestro acuerdo al hacer que se corriera sin que yo te lo haya pedido.
—Tú no pones las normas aquí, el señor Ashcroft soy yo. En cambio la que ha decidido desnudarse en el pasillo por su ataque de celos has sido tú y todavía no he oído ninguna disculpa.
—Prometo que voy a esforzarme mucho en no cometer más errores —dice con el tonito ridículo con el que habló la primera vez que entró en mi despacho—. ¿Me despedirán si lo hago, señor Ashcroft? Si es así, ¡creo que no podré pegar ojo del miedo!
Emite una risita insoportable que me hace querer penetrarla hasta quitarle las ganas de respirar. Tiro de su brazo y la acerco a mí tirándole tanto del pelo que me quedo con varios mechones en la mano.
—De. Rodillas.
—Todavía no.
—Perdona, ¿no acabo de darte una orden? ¿Es que quieres que te castigue?
Su respuesta consiste en cogerme la polla y empezar a hacerme una paja. Entonces se separa de mí y va hasta la cómoda.
—Te he hecho dos preguntas, Chloe. No contestarlas sí va contra las reglas de esta casa.
Ella sonríe satisfecha de su desobediencia. Saca un tanga de encaje de Clara y vuelve hasta mí. Me rodea la base de la polla con él y se arrodilla.
—¿Sí? Pues que no se le olvide, señor Ashcroft. Me merezco dos penalizaciones… y pienso cobrármelas.
Lo habitual en mí sería que mi venganza fuera calculada, fría, estudiada hasta el milímetro, pero ella no me lo permite.
Tiro de su labio inferior abriéndole la boca y en cuanto cojo mi erección, se la meto de una sentada hasta el fondo. Pero es ella la que se carga todo mi autocontrol. Es ella.
Emite un sonido de queja por la sorpresa, uno de asfixia y quiero taparle la nariz para que se ahogue.
—Vamos, no finjas que no te cabe entera, si has nacido para mí. Abre más la boca si no quieres que te desencaje la puta mandíbula.
La embisto, la uso, me alimento de las lágrimas que se escapan de sus ojos por el esfuerzo. Quiero que empiece a morir arrodillada y ser yo quien le conceda un poco más de vida.
—Nunca he probado una boca como la tuya, joder. Eres una puta perfecta —gruño, ¿y qué hace ella?
Manosearme la base con el tanga de Clara de barrera mientras me hace la mejor mamada de la historia.
Alza sus imposibles ojos ámbar hacia mí mientras se lo doy todo, y sé lo que quiere de mí. Estoy a punto de correrme como un adolescente, ni siquiera puedo pensar. Pero lo hago. Salgo de su boca y me corro en su pecho, manchándola y dejándola hecha un desastre mientras ella gime más rápido.
Deseo que me diga que me he pasado de la raya, pero ese momento nunca llega con Chloe. Sé que está a punto de correrse, pero no quiero dejar que lo haga. Aún no se lo merece.
—Ahora límpiame.
—Que te limpie tu mujer.
Como ya se ha cobrado sus dos penalizaciones quiere ganarse otra.
Le abro la boca y la atraigo hacia mí.
—Así son las normas de esta casa, Chloe. Si incumples alguna, la au pair se vuelve la puta criada que me limpia la polla después de chupármela.
Lo hace y se le da tan bien que vuelve a ponerme durísimo.
Busco maneras de degradarla todavía más.
—Póntelo —pido tirándole el tanga de Clara a la cara, que está húmedo con mi semen.
—No he hecho nada para ganarme semejante insolencia.
—Que. Te. Lo. Pongas.
Tuerce el gesto. Su mirada se vuelve maquiavélica.
—¡Ah! —suelta un gemido rotundo, como si la estuviera follando con brutalidad .
Gime más fuerte.
Mi corazón deja de latir hasta que la alcanzo y la empotro contra la puerta del armario tapándole la boca con la mano.
—¿Qué crees que haces? —Que se haya arriesgado a que nos oigan me cabrea, pero también me pone muchísimo.
Chloe desvía la mirada hacia mi mano, para que la deje contestar. En cuanto la aparto de sus labios, ella se inclina y chupa los míos.
—Si quieres que me ponga el tanga de tu mujer, fóllame con él primero. —Chloe lo envuelve en mi mano, en dos de mis dedos y luego los atrae hasta su entrepierna.
Empiezo a masturbarla con ellos, empapando la tela de encaje blanca.
—Me pone saber que tu mujer no está al corriente.
—Y a mí me pone saber que te has corrido pensando en mí cientos de veces.
—Cállate.
Añado un tercer dedo, cabreado de que me toree. Y un cuarto.
—No confundas que te mire con que seas importante.
Aquí mando yo, ¿te enteras? Vuelve a darme una orden y te meteré cualquier cosa en el coño menos mi polla, ¿me has entendido?
—le meto los cuatro dedos con fuerza hasta que se corre con la violencia de un huracán y el encaje blanco se mancha de sangre .
Esto es algo que llevamos haciendo desde que llegó aquí.
Al acabar siempre dejo la ropa interior de Clara ensangrentada en la cama de Chloe, oculta bajo las sábanas, y ella se masturba con el premio. La vida nunca ha sido tan excitante.