Capítulo 70
—E stamos perdiendo mucho dinero, Kenerick. La cosa no va nada bien. Como sigamos así, acabaremos en bancarrota —dice a través del manos libres de mi despacho.
—Ya lo sé, Damon —pongo los ojos en blanco—. No seas coñazo.
—¿Coñazo? ¿En serio?
Sí, tanto como lo era mi padre.
Un hombre demasiado ocupado con su mediocridad como para no darse cuenta de que su mujer se había vuelto alcohólica y su hijo mayor era el responsable de la muerte de todas las mascotas que había tenido la familia Northon. Y el responsable de que la cuna del hijo menor acabara ardiendo.
Nadie pensó en culpar al único superviviente de aquel gran incendio que acabó con tres de los cuatro miembros de la familia. Al fin y al cabo, yo solo era un crío.
¿Quién iba a decir que aquel chaval conseguiría hacerse un nombre por follarse a la rica adecuada?
Conocer a Clara fue clave para mi recorrido laboral. Su dinero me financió desde el primer día, aunque ella nunca lo haya sabido. Conseguí escalar en la empresa y hacerme un nombre, sí. Pero no fue suficiente para el fuego que ardía en mi pecho.
Voy a pasar a la historia. Esta casa va a ser mía y el dinero de los Ashcroft también.
Tendré la posición que merezco.
Puede que haya nacido en la casa equivocada, pero yo siempre he sido de alta cuna.
—¿Kenerick? ¿Me estás escuchando? —pregunta Damon.
—La verdad es que no.
—¿Eres consciente de que todo por lo que has trabajado podría irse al traste?
—La empresa no entrará en bancarrota. —Me asomo a la ventana de mi despacho y veo a una mujer joven, con una mueca contraída en la cara, dos coletas recogiendo su pelo oscuro y una piedra en la mano manchada de sangre .
Se me acelera el corazón.
Decir que parece ida sería quedarse muy corto.
Trago saliva sintiendo la garganta seca, pero no puedo dejar de mirarla. Se ríe sola y se tapa la boca como si no pudiera contenerse, entonces se muerde la mano hasta que gime del dolor.
Mi polla da una sacudida.
—¿Y eso tú cómo sabes? —sigue Damon—. Mira, si te digo la verdad, no parece que seas consciente de que nos quedan pocos meses antes de que empiece a correrse la voz y todo se joda. Si los accionistas se enteran…
Mi mejor amigo sigue hablando, pero yo no le estoy prestando excesiva atención. Esto es lo que pasa con los subordinados a los que invitas a tu casa y les dejas tu coche: se toman demasiadas confianzas como para echarte la bronca.
—He tenido que acercarme a casa en taxi, que no se repita. Ven en un par de horas, ¿entendido? Hablaremos de nuestras opciones. Y tráeme mi puto coche —cuelgo antes de darle opción a nada.
Bajo las escaleras centrales de la mansión Ashcroft a toda prisa así que cuando la chica llama al timbre, yo ya estoy allí.