Capítulo 50
E l miércoles, antes de la hora de la cena, Liam nos empuja a su madre y a mí hasta el jardín trasero para decirnos algo importante. Ha preparado una mesa junto a la banqueta, té y algo de comida, así que debe ser importante.
—¿Qué ocurre, tesoro? —le pregunta Clara con voz dulce.
El mismo tono que ha usado para preguntarme «¿te acuerdas? La primera vez que vinimos a esta casa me pediste matrimonio justo aquí», como si pudiera olvidarlo.
Liam espera a que Chloe se coloque a su lado, y entonces empieza a decir palabras en francés, una detrás de otra. Su madre y yo, que no sabemos francés, asentimos como si tal cosa.
—J’apprends très vite, bientôt je pourrai parler avec les Parisiens. Merci maman, merci papa !
Nosotros aplaudimos y cuando Liam mira a su profesora, Chloe le remueve el pelo.
—Lo has hecho muy bien —susurra—. ¿Cómo terminamos?
—Eso es todo, señoras y señores, se despide Liam Northon —hace una reverencia teatral que le pone las mejillas rojas denotando que le ha dado vergüenza tanto espectáculo.
—¿Por qué has dicho eso? —Clara se yergue—. Tú eres Liam Ashcroft.
—Lo sé, mami —se acerca a ella y baja el tono—. Es solo que Chloe pensó que es muy triste que papá tuviera que renunciar a su apellido para adoptar el tuyo, dice que es algo que a los hombres no les gusta hacer. A mí me encanta llamarme Ashcroft, pero por una vez no pasa nada, ¿verdad?
—Sí pasa —intervengo—. Hijo, a mí no me importa haber renunciado a mi apellido. Ashcroft era mucho más importante que Northon. Mis padres no eran nadie.
—Tampoco hace falta que hables así, cariño —Clara me pone una mano en el bíceps y veo como es allí donde van a parar los ojos de la au pair.
—Lo siento, he sido demasiado entrometida.
—La masculinidad de mi marido no es frágil en absoluto —dice Clara en mi defensa, pero Chloe suelta una estridente risa breve—. ¿Se puede saber qué te ocurre?
—No, yo… lo siento. Dios, qué vergüenza. Es evidente que no hay nada frágil en él. Yo… ¿Me disculpan, señores? —Chloe sale por patas, ruborizada.
Clara pide a Liam que nos enseñe sus deberes, solo para que trote hasta la sala de estar y nos deje unos segundos a solas.
—¿A qué ha venido eso? —refunfuña—. Esta chica es muy rara.
—Estaba nerviosa.
—A ver si Annabelle se recupera pronto y… —deja de hablar cuando escucha pasos, pero no se trata ni de Chloe, ni de Liam.
Sino de Marthia.
—Señores, el pastel de carne estará en una hora.
—¿Pastel de carne? —repite ella—. Marthia, soy vegetariana.
La cocinera desvía la mirada hacia mí, interrogativa, y asiento.
—Gracias, Marthia —alzo la voz por encima de ella, despachando a la cocinera—. Clara, ¿no te acuerdas? Le pedimos hace varios días que adecuara tu dieta.
—¿Qué? —se queda blanca—. Yo soy vegetariana.
—¿No te acuerdas, cariño? Estuvimos hablando de que tal vez le hacía falta algo a tu dieta y que ibas a empezar a comer carne algunos días.
Me mira perpleja. En shock.
—Eso no es verdad, Kenerick, ¡no me mientas!
—No te miento.
—¿Qué estás diciendo? —Se levanta cabreada, a punto de perder los papeles—. ¿Ahora no solo me imagino que pasan cosas que nunca ocurren, sino que encima olvido las que sí? ¡¿A qué mierda estás jugando?!
—¿Mamá? —La voz de Liam suena asustada a sus espaldas.
Su madre jamás ha dicho una palabrota en su presencia. Casi no lo ha hecho en la mía.
—Todo va bien, hijo, déjanos un momento —pido, pero no es hasta que ella asiente que Liam se marcha. Me levanto también—. Cariño, he pedido cita para el médico para mañana por la tarde. También he hablado con Damon y lo he arreglado todo para tener la tarde libre.
—¿El médico? ¿Por…? ¿Por qué?
—Sé que quieres comprobar que lo de tus migrañas sea solo eso —entrelazo su mano con la mía—. Y lo cierto es que yo también. El dinero no vale de nada si no tenemos salud. Liam se merece tener unos padres sanos y fuertes —le beso el dorso—. Estaré contigo en todo momento.
Su rostro se descompone en una mueca.
—He intentado ir por mi cuenta, Kenerick, pero tengo mucho miedo de lo que pueda decir.
—Lo sé. No vas a hacerlo sola, yo estaré contigo. Hasta el final.