Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 33
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Capítulo 33

M ientras conduzco uno de los coches de los Ashcroft, que probablemente cueste más que tós’ mis órganos juntos en el mercado negro, pregunto:

—¿Tienes ganas de ir a la escuela de verano, pequeñajo?

—¡Sí! —exclama Liam desde el asiento de atrás.

Soy lo peor porque mientras me explica de manera adorable que las actividades acuáticas se le dan de cine, yo pienso en morrear a su padre. ¡No es culpa mía! ¡Es que estaba como para que lo multaran con la camisa verde de hoy!

¿Y ese estúpido hoyuelo?

MÁTAME CAMIÓN.

Es el tipo de hombre que te tiene con la mano metida en el pantalón todo el día cual adolescente salida. Deberían detenerlo por lo bien que olía a aftershave y a colonia masculina. Debía de haberse duchado hacía poco porque todavía tenía el pelo un poco mojado.

Cabrón. Monstruo.

Al darme las llaves del coche, sus dedos han rozado los míos y me he sentido tan, tan…

—¿Chloe? —pregunta Liam arrancándome sin piedad del pensamiento indecente como quien saca a una monja de un club de striptease.

—¿Qué prefieres, playa o piscina? Yo piscina. Mi amigo Kyle tiene una enorme.

Intento no poner los ojos en blanco.

—Playa, creo.

—¿Crees? ¿No lo sabes?

—Bueno… Tengo que tirar de imaginación, Liam, no he ido nunca.

—¿Nunca? —se le alzan las cejas con tristeza—. ¿Cómo puede ser? ¿Tus padres no te llevaban de vacaciones?

—La verdad es que no me crié con ellos. —Hago una mueca—. Luego cuando crecí tuve que pasar por una serie de operaciones chungas y que te diera el sol no era nada recomendable. No pasa nada.

—¿Operaciones?

—Sí. ¿Sabes cómo se dice en francés?

—No —musita aún con pena—. No lo sé.

—Yo tampoco —sonrío al espejo retrovisor—. Prometo buscarlo para la clase de esta tarde, ¿vale?

—Vale. —Las comisuras de sus labios se niegan a subir—. ¿Estuviste muy malita?

—¿Malita?

—Si te operaron muchas veces, debía ser por algo grave, ¿no?

Aparco y me desabrocho el cinturón para poder darme la vuelta en el asiento.

—Te responderé a esa pregunta si puedes hacérmela en francés a la vuelta.

Liam se desabrocha y abraza mi asiento del conductor de forma rápida, aunque sentida. Es un gesto un poco raro, pero me vale.

—Podemos hacer una excursión a la playa todos juntos. ¿Te apetece? Se lo pediré por favor a mis padres, quizá digan que sí.

Sonrío y le acaricio el pelo.

—No te preocupes, ahora tengo otros sueños.

—¿Como cuáles? —pregunta más alegre, deseando oírlos.

—Como este trabajo y lo voy a perder si llegas tarde por mi culpa, así que, ¡desembarque, soldado!



Paso por una librería antes de volver a casa, con tal de encontrar un puto libro de francés más masticable. ¿Puede ser el idioma más snob que aprender o son todos igual de coñazo? Al llegar a la mansión los dejo en mi dormitorio y veo que en la mesita de noche está ese nombre impreso de nuevo.

Melisa.

Bajo a desayunar, más hambrienta que una vagabunda con los intestinos ensangrentados y me topo con Clara, que se ha puesto el pijama y ya no está tan guapa.

—Clara.

—Ha sido solo un malentendido, ¿vale? —dice a la defensiva.

—No es eso, no me importa llevar a Liam cuando sea. Quería preguntarte sobre algo que he visto en mi habitación. Melisa está…

—¿Nosotras no hablamos ya de eso? — Me interrumpe apretando el cordón de la bata hasta que se le ponen los nudillos blancos—. Es el nombre del modelo de la cama, ¿vale, Chloe? El modelo. Nada más.

—No, Clara, yo…

—¡Tengo cosas que hacer! —Sale escopeteada por el pasillo sin darme oportunidad a decirle que lo he encontrado en otro mueble y que eso no estaba ahí cuando llegué.

Es evidente que me voy a quedar con las ganas.

Entro en la cocina y pillo a Jonah y a Marthia haciendo su magia mañanera. Sé que no debería, que la au pair ideal es la que se mete en sus asuntos, pero me arriesgo.

—¿Quién es Melisa?

Ambos se tensan. Ninguno responde.

Saben quién es, pero no quieren decírmelo. Tendré que averiguarlo por mi cuenta.