Capítulo 19
V uelvo a casa a media tarde. Todavía tengo mucho trabajo, pero puedo adelantarlo desde casa.
No voy a mentir, llevo todo el día duro como una piedra. Después de lo de ayer apenas he podido concentrarme en las reuniones importantes de la mañana. Hasta Damon me lo ha notado y es raro porque lleva semanas centrándose únicamente en todo lo que va mal en la empresa.
Espero poder hacer algo al respecto ya que esta mañana no he tenido la oportunidad.
Antes de entrar en casa, veo a Chloe a través de la ventana. Está distinta, vestida de punta en blanco, con un vestido que la hace parecer la au pair más cara de todo el país.
Entro en la sala en la que están Liam y ella practicando francés.
—Pero qué estudiosos estáis.
—Señor Ashcroft, buenas tardes. ¿Ha ido bien en el trabajo?
—Te dije que podías llamarme Kenerick, Chloe. Y sí, bien, gracias. ¿Qué tal vosotros? —acaricio el pelo de Liam.
—Muy bien, papá, ¿sabes…?
—Liam, ¿quieres enseñarle a Ken…?
—Chloe, no le interrumpas.
Se hace un silencio. Es incómodo y mi hijo ya no sonríe. Aun así me veo obligado a hacer esto. Es cierto que ambos han hablado casi a la vez, pero ella es una adulta y debería tener mejor vista para esto que un niño.
—Claro, Kenerick. Lo siento.
—Repíteme las normas.
Ella las recita y yo la escucho con atención. Marthia viene al oír mi voz, pero se marcha al ver lo que está ocurriendo. Cuando acaba, la obligo a repetirlas desde el principio.
Es música para mis oídos. Como cuando en las películas de terror le pisan el cráneo al personaje que peor te cae y luego el asesino se corre sobre su sangre.
—La puntualidad es una muestra de respeto que se te exigirá dentro del horario laboral… —La escucho de nuevo.
—Bien hecho. Durante los próximos tres días impartirás las clases de francés de pie, quizá así recuerdes mejor las normas. ¿Estás conforme con mi sanción, Chloe?
—Sí.
—Bien. Es mejor para ti, esto te ayudará a no repetir tus errores —comento y, dando el tema por zanjado, me acerco a mi hijo para seguir hablando con él, pero no tengo oportunidad.
—Kenerick, me había parecido oír tu voz —Clara entra en la sala de estudio con un modelito rojo despampanante que me hace recordar el que llevaba cuando la conocí.
Aunque pueda parecer lo contrario, Clara trabaja. Poco, pero trabaja.
A pesar de que no le hacía falta porque su familia era muy rica, fue a la universidad y tras graduarse en ingeniería creó una aplicación de transporte que le reportó un par de millones. No tanto como lo que gané yo con la empresa, pero sí lo bastante como para sentirse orgullosa.
El caso es que a veces imparte lecciones a empresas para exprimir el máximo potencial de dicha aplicación.
—¿Kenerick?
Me acerco a ella y la beso despacio, recreándome en los movimientos de su lengua hasta que se relaja en mis brazos. Hasta que su piel se calienta y está al borde de gemir en mi boca.
—Estás preciosa.
—Eso eres tú, que me miras con buenos ojos.
—O que me he casado con una mujer preciosa.
Ella se carcajea y cuando llaman al timbre dice:
—Ya voy yo. —Y se marcha contoneándose hacia la puerta.
—Tengo trabajo, pero luego podemos lanzar unas canastas en el jardín si te apetece, ¿vale? —le revuelvo el pelo a Liam.
—Luego tengo taekwondo —comenta y pienso que quizá su mal humor sea debido a las incesantes extraescolares a las que lo apunta su madre, incluso en verano—. Voy a por un vaso de agua, ¿quieres uno Chloe?
—Estoy bien, gracias.
Antes de que pueda ofrecerme de camarero, Liam ya ha cruzado la puerta en dirección a la cocina a la velocidad del rayo.
—Creo que mi hijo me odia.
—No te odia —Chloe me dedica una sonrisa que, para ser honesto, es muy bonita—. Solo está enfocado en hacer un buen trabajo. En eso se parece a ti, Kenerick.
Aprieto el respaldo de la silla mientras oímos los andares de Clara acercándose .
—¿Crees que lo estoy haciendo bien?
Chloe hace una mueca pensativa, inocente.
—No lo sé, ¿vas en camino de conseguir lo que quieres?
Los nudillos se me quedan blancos de apretar la silla, pero de repente, Clara llega con la tez blanquecina y llena de preocupación.
—Es la policía, cariño.
Me quedo extrañado de su sentencia. Es la primera vez que aparecen en nuestra puerta.
—¿Y qué quieren?
—Hablar con Chloe.