GUERRA A LA DROGAS 3 Capítulo 1
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GUERRA A LA DROGAS 3

GUERRA A LA DROGAS 3

Por Elio Vic

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Capítulo 1

El operativo era tan menor que ni siquiera tenía nombre propio. Un seguimiento corto, un posible punto de venta, nada que justificara nervios ni discursos. Ese tipo de trabajo que, en teoría, sirve para mantener afilados los reflejos y recordar que no todo termina en explosiones o titulares.

—Si este tipo resulta ser solo un repartidor de pizzas, voy a exigir una —murmuró Thomas desde el asiento trasero.

—Con lo que comes, nos cierran la investigación por obesidad —respondió Victor sin levantar la vista del tablero.

Carol observaba por la ventanilla. El objetivo caminaba con paso irregular, demasiado atento a las esquinas para alguien que no esperaba problemas.

—No es pizza —dijo—. Nadie mira tanto si lleva pepperoni.

King no intervino. Conducía con una mano en el volante y la otra relajada, como si el tráfico fuera más interesante que la vigilancia. Ese silencio ya no incomodaba a nadie. Al contrario. Era una señal de que todo estaba bajo control.

El hombre entró en un edificio viejo, de esos que parecían sostenerse más por costumbre que por estructura.

—¿Entramos? —preguntó Victor.

—Todavía no —respondió King—. Dejemos que haga algo estúpido primero.

Thomas sonrió.

—La paciencia del jefe debería estudiarse en la academia.

—La tuya debería prohibirse —replicó Carol.

Esperaron.

El objetivo salió tres minutos después, más rápido, con un paquete mal escondido bajo la chaqueta. Caminó dos pasos, se detuvo, miró atrás.

—Ahora sí —dijo Carol.

Se movieron sin apuro, pero con decisión. No hubo carrera ni forcejeo. Solo una mano firme en el hombro y una voz clara.

—Tranquilo. Ya terminó.

El hombre intentó decir algo. No llegó lejos.

Mientras Victor aseguraba el paquete, Thomas revisó los bolsillos.

—Esto no da para un informe largo —dijo—. Casi me decepciona.

—No te acostumbres —respondió King—. Las cosas simples duran poco.

Carol observó alrededor. Un vecino miraba desde una ventana entreabierta.

—Nos están viendo —dijo.

—Que miren —contestó Thomas—. Hoy nos vemos profesionales.

El detenido fue entregado sin incidentes. Todo limpio. Todo correcto.

De regreso al coche, Victor cerró la puerta y exhaló.

—¿Se dan cuenta de que hace un año esto habría sido un desastre?

—Habla por ti —dijo Carol—. Yo siempre fui impecable.

King arrancó el motor.

—No —dijo—. Antes éramos un grupo de personas haciendo lo mismo. Ahora somos un equipo.

Thomas levantó una ceja.

—Eso sonó casi sentimental.

—No te acostumbres —respondió King—. Mañana volverá a doler.

Rieron. Breve. Contenido. Como todo en ese trabajo.

El coche se perdió entre el tráfico.

Y aunque el operativo había sido pequeño, algo quedó claro para todos: ya no necesitaban demostrar nada entre ellos. Esa confianza silenciosa era ahora su mayor ventaja.

Y, como suele ocurrir, también la más peligrosa.