Capítulo 24. Vinculados
N o sé por qué estoy nervioso.
No se debe a que tenga dudas, en absoluto. Se debe a que, por primera vez, me pregunto si será posible que me deje aquí, en este altar, solo.
—Vendrá —me asegura Astria.
Ahora mi general ya lo sabe casi todo. Sabe que Isla es su prima. Sabe que es la gobernante de Wildling.
Se lo conté porque Isla se convertirá en mi esposa. Y será también gobernante de Nightshade. Astria se asegurará de que mi corte la acepte… o muera por su espada.
Hoy será nuestro testigo.
Pero mi esposa todavía no ha llegado.
No la merezco. Ella perdonó lo imperdonable. Me salvó la vida después incluso de que pusiera la suya en peligro.
Su acto tuvo consecuencias. Ese poder que desató… no solo exterminó a los drek. Ahora tiene que vivir con el sentimiento de culpa por lo que hizo. Con el dolor. Yo hago todo lo que puedo para consolarla.
Algunos días son mejores que otros.
Hemos aplazado la fecha varias veces, hasta ahora. Hoy ha llegado el momento de intercambiar las palabras que nos vincularán, de pronunciar los votos que ya hemos demostrado de muchas otras maneras.
¿Qué implica una más?
El amor no solo es algo que me creía incapaz de sentir. Es algo que no creía merecer.
Pero cuando me mira… me sorprendo buscando las partes de mí mismo que existieron tiempo atrás y que ya no están envueltas en sombras.
Cuando me mira veo un motivo al otro lado de la oscuridad: la luz que siempre estuve destinado a encontrar.
Veo formarse un cúmulo de estrellas. Es mi propio po der. Y del interior surge la mujer más hermosa que ha existi do jamás.
—No pensarías que te iba a dejar solo, ¿verdad? —dice sonriendo—. Me seguiste a la muerte. Casarme contigo es lo mínimo que puedo hacer.
Su belleza es pura perdición. Un brillo asoma a mis ojos al ver cómo se acerca enfundada en su vestido de boda.
Su nueva modista se lo confeccionó a medida. No permitió que lo viera, así que lo miro ahora con avaricia, y tengo la sensación de que el corazón se me va a derretir en el pecho.
Nuestra historia está bordada en el vestido: volutas de sombras combinadas con flores multicolores. La muerte reunida con la vida para crear algo hermoso.
—Te gusta, ¿no? —me pregunta cuando se reúne conmigo delante del altar.
Lo cierto es que podría haber venido cubierta de tierra y barro, como estuvo durante buena parte de nuestras pruebas, y yo habría sonreído tanto como ahora.
Levanta una mano para rozarme el hoyuelo que ha descubierto. Reclino la cara contra sus dedos.
Percibo la incredulidad de Astria y me importa un comino. Nos volvemos hacia ella, que se dispone a leer algo en un antiguo libro.
Los gobernantes nightshade nunca se han casado. Ninguna mujer ha vivido jamás en sus dependencias. No se conocen precedentes, así que le pedí a Astria que buscara en la biblioteca que tanto ama y seleccionara los mejores votos que pudiera encontrar.
—¿Listo? —me pregunta Isla.
—Siempre.
Astria empieza.
—El amor es la rendición definitiva. —Se vuelve hacia mí—. Grim Malvere, ¿estás dispuesto a afrontar la batalla más importante, sin armadura ni armas? ¿Estás dispuesto a desnudar tu mente y tu alma ante otro ser por los siglos de los siglos?
—Lo estoy —digo, e Isla sonríe.
Ahora Astria la mira a ella.
—Y tú, Isla Crown, ¿estás dispuesta a deponer dagas, espadas y escudos para entregarte a la vulnerabilidad que supone una unión de mentes y almas por los siglos de los siglos?
—Lo estoy —dice, y esta sonrisa, esta felicidad… son infinitas. Igual que la piedra que planeo regalarle como símbolo de nuestra unión, porque no merece nada inferior a eso.
—En ese caso, Isla Crown y Grim Malvere, os declaro unidos hasta el fin de los tiempos. En esta vida y en la siguiente.
—Y en todas las que vengan después —añado para que quede muy claro, y luego envuelvo a Isla entre mis brazos.
Nuestro beso es tierno, delicado. Noto sus lágrimas en mis mejillas. Solamente cuando siguen cayendo soy consciente de que yo también estoy llorando. Nuestras lágrimas se mezclan. Nuestros sentimientos están entrelazados.
Y nosotros también. Por siempre jamás.
Hasta el final de los tiempos.