Gorila Capítulo 40
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Capítulo 40

E l interior de la estación de tren de Valencia bullía con el movimiento constante de viajeros.

Entre los andenes, los trenes aguardaban con las puertas abiertas, preparados para llevar a cada pasajero hacia un destino distinto.

Había algo hipnótico en aquel lugar: la sensación de que cada persona que caminaba por la estación llevaba consigo una historia.

Personas anónimas, desconocidas entre sí, que se cruzaban durante unos segundos sin llegar a saber nada unas de otras, pero que cargaban a sus espaldas una vida entera de experiencias: ilusiones cumplidas y sueños frustrados, encuentros que habían cambiado sus vidas, relaciones que se habían roto y otras que habían vuelto a empezar, pérdidas, reencuentros, decisiones acertadas y errores de los que quizá todavía se arrepentían.

Devan subió al vagón del tren con destino a Barcelona. Desde allí continuaría su viaje hacia Francia.

Buscó su asiento y se acomodó junto a la ventana.

Sin saber por qué, las palabras de Sandra volvieron a su memoria.

Sonrió levemente al recordar aquella conversación en la que ella le había dicho que se parecía a un gorila.

La comparación le había parecido absurda en aquel momento, casi divertida. Ahora, sin embargo, empezaba a comprender que encerraba algo de verdad. Sandra había sabido ver más allá de su manera de comportarse cuando lo conoció.

Había comprendido algo de él que ni siquiera él mismo había sido capaz de reconocer.

Aquella comparación con un gorila, que al principio le había parecido absurda, adquiría ahora un significado distinto: la verdadera fortaleza no consistía en imponerse mediante la fuerza, sino en tener el valor de utilizarla solo cuando era necesario y la sabiduría de elegir la calma siempre que fuera posible.

El tren comenzó a moverse lentamente, alejándose de la estación e iniciando su viaje.

Pero para Devan no era solo un viaje.

Era el comienzo de una nueva vida.

La guerra le había enseñado a sobrevivir. El amor le había enseñado por qué merecía la pena hacerlo. Y esa sería la única batalla que nunca estaría dispuesto a perder.