Gorila Capítulo 32
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Capítulo 32

D evan recorría las calles en el escúter cuando, de pronto, un coche se cruzó en su trayectoria y le cerró el paso. Antes de que pudiera reaccionar, tres hombres bajaron de un salto.

Su primera reacción fue instintiva. Giró el manillar y frenó junto a la acera. Bajó del escúter con rapidez, con el cuerpo tenso y preparado para enfrentarse a quienquiera que estuviera esperándolo.

Pero los hombres del vehículo no avanzaron hacia él.

Se mantuvieron a cierta distancia. Uno de ellos, de origen chino, levantó las manos lentamente, dejando claro que no buscaban un enfrentamiento.

—Paco quiere hablar contigo —dijo.

Devan lo observó en silencio durante unos segundos, intentando descubrir si aquello era una trampa.

Finalmente, bajó la guardia lo justo para confiar en sus palabras. Dejó el escúter aparcado junto a la acera y subió al coche con ellos.

Poco después llegaron a un hospital privado.

Paco se encontraba en una sala de espera, visiblemente afectado, esperando noticias.

—Ahora mismo está en quirófano —comentó a Devan—. Gracias a Dios, su vida no corre peligro. Ha sufrido una lesión cerebral. Los golpes que recibió en la cabeza estuvieron a punto de matarlo.

Devan permaneció inmóvil, asimilando la noticia.

El silencio que siguió fue absoluto.

—Habla. Dame una razón para no matarte. Mis hombres están esperando una orden.

Finalmente habló.

Le contó a Paco quiénes eran los responsables de todo lo ocurrido.

Le habló de Sandra, de la bolsa y de cómo todo había empezado. Le explicó que uno de los hombres de Carlos había intentado apuñalarla, que él había intervenido para salvarla.

También le contó la advertencia que le había hecho a Sandra: aquella bolsa solo le traería problemas.

Finalmente, le reveló que había sido el tatuador quien le había hablado de ella a Carlos, poniendo en marcha una cadena de acontecimientos que habían terminado en tragedia.

Cuando terminó de contarle lo sucedido, le dejó claro que necesitaba su ayuda.

No solo quería encontrarlos.

Quería acabar con ellos.

—No voy a iniciar una guerra contra Carlos porque la responsabilidad de todo esto es tuya.

Los hombres de Paco se acercaron y rodearon a Devan, sujetándolo por los brazos.

—Si hubieras aceptado mi oferta, nada de esto habría ocurrido. No habrías robado la mercancía junto a esa chica y mi hijo no estaría ahí dentro.

Sus hombres intentaron apartarlo por la fuerza, pero Devan reaccionó con rapidez. Se liberó de ellos y avanzó hasta quedar frente a Paco.

Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.

—Déjame acabar con Carlos.

Al escuchar aquellas palabras, Paco levantó una mano, deteniendo a sus hombres antes de que volvieran a sujetar a Devan.

—Yo lo apartaré de tu camino.

Paco permaneció pensativo, valorando sus palabras. Finalmente, hizo un lento gesto de asentimiento.

—Enamorarte de esa chica te debilitó. Igual que tu intento de convertirte en alguien que no eres, de escapar de lo que realmente llevas dentro.

Hizo una pausa, observándolo fijamente.

—Violencia. Has vivido rodeado de tanta violencia desde joven que ya forma parte de ti.

La llevas incrustada en el subconsciente.

Puedes intentar contenerla, enterrarla o convencerte de que has cambiado, pero siempre acaba encontrando la forma de salir.

En cuanto te sientes acorralado o amenazado, despierta.

Es un instinto. Un animal que llevas dentro y que, tarde o temprano, termina saltando.

Calló unos instantes, como si necesitara reunir fuerzas antes de continuar.

—Está bien. Acepto tu decisión. Pero seré yo quien te acompañe hasta las puertas de Carlos.