Gorila Capítulo 1
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Gorila

Gorila

Por Alfredo De Braganza

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Capítulo 1

U na luminosa mañana de principios de otoño, el mar Mediterráneo amanecía en calma frente a la costa valenciana. Bajo un cielo limpio y un sol que apenas empezaba a calentar, una pequeña patera avanzaba lentamente hacia tierra firme, balanceándose sobre un oleaje casi imperceptible.

Entre los ocupantes viajaba Devan Rajaratnam.

Permanecía sentado en silencio, con una vieja mochila encajada entre las piernas, la única pertenencia que había conservado tras un largo viaje.

Lo rodeaban hombres de origen magrebí, agotados por la travesía, con la mirada perdida entre la incertidumbre y la esperanza.

Devan rozaba los cincuenta años, aunque cualquiera le habría atribuido diez menos.

Su espesa barba negra, salpicada apenas por unas pocas canas, enmarcaba un rostro curtido por el sol.

El cabello, oscuro y rizado, caía desordenado sobre su frente.

Tenía unos hombros anchos y una constitución atlética que delataban años de disciplina física.

Permanecía inmóvil, observando el horizonte con la serenidad de quien había aprendido a sobrevivir en las circunstancias más adversas.

Cuando la costa comenzaba a distinguirse con claridad, una potente lancha neumática apareció a gran velocidad desde mar abierto. Estaba ocupada por tres personas jóvenes de piel blanca. Se aproximó hasta quedar pegada al costado de la patera.

Ninguno de los migrantes reaccionó. Permanecieron inmóviles, como si aquella maniobra formara parte de un ritual conocido o, simplemente, comprendieran que no debían hacer preguntas.

Solo el patrón magrebí de la patera y dos pasajeros que actuaban como sus cómplices parecían saber exactamente qué estaba ocurriendo.

Uno de los ocupantes de la lancha, un joven corpulento de expresión dura, llamado José, comenzó a repartir órdenes a los de la patera con absoluta autoridad.

—¡Rápido! ¡Darnos los fardos! ¡No tenemos mucho tiempo!

Dos magrebíes levantaron una lona oculta bajo varios bidones y comenzaron a extraer voluminosos paquetes envueltos en plástico negro, cuidadosamente protegidos del agua.

Trasladaron la mercancía con rapidez de una embarcación a otra, sin dejar de vigilar el horizonte.

A lo lejos, apareció la silueta blanca de una embarcación de Salvamento Marítimo, que avanzaba a toda potencia levantando una larga estela de espuma.

Sus tripulantes llevaban tiempo siguiendo aquella ruta, utilizada con frecuencia por organizaciones dedicadas al tráfico de drogas que aprovechaban las pateras para introducir mercancía ilegal en España.

—¡Más deprisa! —gritó José, mientras ayudaba a cargar los últimos fardos.

En pocos segundos, la operación había concluido.

En ese momento ocurrió.

José apoyó mal un pie sobre la borda mojada de la lancha neumática. Perdió el equilibrio y cayó al agua con un fuerte chapoteo, alejándose varios metros de las embarcaciones.

—¡Déjalo! ¡Vámonos de aquí! —vociferó Rodrigo, uno de sus compañeros, al comprobar que la embarcación de Salvamento Marítimo estaba ya a escasa distancia.

Pero el piloto de la lancha no reaccionó a su orden. No podían dejar tirado al jefe del grupo.

Ante la falta de reacción por parte de ellos por socorrer a José, Devan, sin detenerse a pensar, dejó la mochila en la patera y se lanzó al mar.

Nadó con brazadas firmes hasta alcanzar a José, que luchaba desesperadamente por mantenerse a flote. Lo sujetó por un brazo y, haciendo gala de una fuerza sorprendente, lo empujó hacia la lancha neumática. Entre Rodrigo y el piloto consiguieron subirlo a bordo en el último instante.

El motor rugió con estruendo y la embarcación salió disparada mar adentro. Mientras, Devan subía de vuelta a la patera.

La nave de Salvamento Marítimo inició la persecución, pero la lancha, mucho más ligera y veloz, fue aumentando la distancia hasta convertirse en un punto casi imperceptible en el horizonte. Finalmente abandonaron la persecución para atender la patera que había quedado a la deriva.

Poco después, la embarcación alcanzó la costa valenciana. Exhaustos, deshidratados y con la angustia todavía reflejada en el rostro, los recién llegados fueron auxiliados por los equipos de emergencia.