Epílogo
Rebecca
Seis meses después
Hoy es el día que tanto llevo esperando. Apenas he dormido esta noche, nerviosa, dando mil vueltas en la cama, impaciente por verlo.
Miro el calendario, tachando el último hueco que queda. Hoy Axel vuelve a casa, y no de visita, sino para quedarse indefinidamente.
Con ayuda de Calloway, su plan funcionó.
La productora aceptó finalizar su contrato antes de tiempo si cumplía con el planning del próximo documental.
Tuvo que aceptar horas extra y se ha enfrentado a limitaciones imposibles respecto a los días libres.
En estos seis meses, apenas hemos tenido más de dos días seguidos juntos antes de que tuviera que irse de nuevo, y esto, con suerte, cada dos o tres semanas.
Ha sido duro, recuperarlo y no poder disfrutar de él como se debe. Pero ha sido más fácil con la promesa de que sería temporal, de que después de un último esfuerzo, volvería a casa y empezaríamos una vida juntos. Aunque juntos ya estamos.
Cada día me levanto con un mensaje suyo, deseándome un bonito día; y cada noche, otro, recordándome lo mucho que me echa de menos.
En Harvard estuvieron encantados de ofrecerle un puesto fijo como profesor.
Muchos a su alrededor han criticado esta decisión, dejar su trabajo en lo más alto de su carrera para dedicarse por completo a la enseñanza.
Lo que no saben es que, a pesar de tener una tremenda pasión por la investigación y el periodismo, él siente que ya ha alcanzado su objetivo.
Ahora prefiere seguir explorando dentro de las aulas, motivando a sus alumnos a sacar lo mejor de sí mismos.
También sé que hacerlo mantiene vivo el recuerdo de su padre. Se siente muy orgulloso de seguir sus pasos.
Hablando de la familia, hace unos tres meses, hicimos las presentaciones pertinentes.
Primero, viajamos a Detroit. Mis padres justo habían vuelto de su viaje y decidieron hacer una barbacoa para recibirnos.
La imagen de tenerlos a todos me pareció realmente idílica, incluso Brad puso de su parte, no es que sean los cuñados más amistosos, pero por lo menos ahora se toleran algo mejor.
Un mes después, fuimos a Chicago, donde su madre me recibió con los brazos abiertos. Silvia es realmente encantadora, y una mujer de armas tomar. Desde entonces, ha venido a visitarme dos veces a Boston, a pesar de que su hijo no estuviese.
Otra que ha venido de visita es Amber, y si todo va bien, Peyton regresará a la ciudad muy pronto.
Ellas sí que chillaron cuando las puse al día, son las fans número uno del equipo Axel.
No les sorprendió en absoluto cuando les conté mi encuentro con Cara, de la que no he sabido nada desde entonces, cosa que agradezco, parece que por fin se ha dado por vencida.
En cuanto a nosotros, seguimos fluyendo.
Hemos tenido conversaciones intensas sobre lo que buscamos en la vida, y los dos estamos de acuerdo en que algún día, sería bonito darnos el sí quiero como es debido, nos lo merecemos.
Pero, en cuestión de familia, queremos seguir siendo solo nosotros dos.
No siento la llamada de la maternidad, tampoco lo descarto, nunca se sabe, es solo que ahora prefiero centrarme en otras cosas.
Creo que es una decisión demasiado importante como para plantearla impulsivamente y, egoístamente hablando, quiero disfrutar de mí y de nosotros.
Quiero priorizarme, he trabajado mis inseguridades, mi miedo al fracaso y mi estabilidad mental respecto a estos temas. Ahora que por fin lo he conseguido, quiero saborearlo lentamente.
Por el ventanal del salón, sonrío al ver como un coche que reconozco por fin ha llegado.
Axel
Después de un largo viaje —el último viaje—, cuando aparco en la entrada de casa, dejo caer la cabeza en el respaldo, admirando la fachada de ladrillo rojo con ventanas azules.
Se acabó. La distancia ya no será un obstáculo. Aunque tengo que decir que lo hemos llevado increíblemente bien. Lo único que he hecho ha sido pensar en ella, contando los días para volver a casa.
Las visitas eran fugaces, demasiado cortas. Y el tiempo fuera ha sido largo, lento y, a veces, incluso tortuoso. Lo bueno es que he estado tan ocupado que no tenía tiempo de regodearme en las ganas de volver.
Becca tampoco ha parado ni un instante. La cogieron en una de las entrevistas que programó justo antes de que yo me marchara.
Ofreciéndole un puesto en el equipo técnico de una clínica.
Está enfocada en la asistencia de familias con pocos recursos y en la rehabilitación de pacientes con diversas patologías como, por ejemplo, estrés postraumático.
Rebecca se encarga personalmente de que consigan una reinserción activa y favorable.
Cuando solo llevaba un mes en la clínica, la directora descubrió que la gestión de Becca era impresionante, y como posee el máster en la materia, la ha propuesto como candidata principal para ocupar su puesto, ya que ella se jubila pronto.
Hace poco liquidó su deuda del préstamo estudiantil.
Me ofrecí una y otra vez a pagarla por ella, pero se negó todas y cada una de las veces, alegando que ya había hecho más que suficiente comprando la casa.
Porque, sí, la compra se llevó a cabo y ahora es nuestra.
Y digo «nuestra» porque jamás la compartiría con nadie más.
Becca es el amor de mi vida y me encargaré de que no lo olvide nunca. Es mía y me gusta ser suyo, como siempre debería haber sido.
Bajo del coche y me dirijo a la puerta. Sin las maletas, ya tendré tiempo de cogerlas más tarde, primero necesito verle la cara y darle un beso.
—Hola, preciosa —entono bien alto nada más verla.
Me espera sonriente en mitad del salón, pero no tarda en acercarse y rodearme la cintura en un abrazo.
—Hola, cariño —responde risueña.
La beso y, joder, es increíble. Estoy seguro de que esto solo es el comienzo de los cimientos que construiremos juntos.