Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 19
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CAPITULO 19

Todos se quedan observando a las chicas, al mismo tiempo que Tyler se termina de quitar el disfraz.

—Por Dios… —murmura Lucy, preocupada—. ¡Tyler! —lo reprende en voz baja, a la vez que él solo se sonríe y se acerca un poco más a ellos.

—Mamá Lucy, tranquila que Sami y yo las cuidaremos, no te estreses por nada —afirma Tyler tomándole el hombro a su amigo

—Sí mamá, tranquila. Mírala, ella está muy feliz —agrega Sam señalando hacia donde están las chicas.

—¿Por qué no me dijiste nada? —cuestiona Lucy.

—Porque era una sorpresa para la Gata y nadie tenía que saber —responde Tyler, encogiéndose de hombros.

—Aguarda… ¿nadie? —inquiere Charlie—. ¿Entonces Jhon y Lauren tampoco saben?

—Pues sí saben que yo vine, pero ellos no saben que las chicas también —aclara Tyler, sonríendo.

—¡Carajo! —dicen Charlie y Lucy al unísono, compartiendo una mirada preocupada.

—Oigan tranquilos, ellas no se vinieron escapadas, les dieron permiso —acota Tyler—. Además, yo las cuidé todo el viaje, no me les aparté de encima, también les di la ubicación y el número de teléfono del apartamento para que sus mamás supieran donde estarían.

—Ah okey. Bueno… si ambas tienen permiso de sus padres entonces está bien —afirma Charlie.

—Aunque ahora tengo triple responsabilidad, porque son tres chicas que cuidar y sus mamás confiando en mí —agrega Lucy, preocupada.

—Lucy hola —dice Zoe acercándose junto a Agata y Nicole para saludarlos.

—¡Hola mi vida! —responde ella abrazándola, para luego hacer lo mismo con Nicole.

—¡Lucy! —exclama Zoe de repente, agarrándole el brazo—. ¿Puedes por favor llamar a mi mamá y decirle que estoy bien, que estoy contigo y con la Gata, que no estoy haciendo nada indebido, pero llámala desde tu teléfono para que sepa que es verdad.

—Claro cariño —responde Lucy, a la vez que comparte una mirada rápida con los chicos, quienes solo sonríen.

—Ah y también toma —añade Zoe entregándole una tarjeta de crédito a Charlie.

—No, cariño. Está bien, no necesitas dármela, no te preocupes por los gastos.

—No Charlie, es que te la doy para que me la cuides. Así me veas de rodillas suplicándote, tú no me la entregues por nada del mundo.

—Okey… no entiendo —comenta Charlie tomando la tarjeta, a la vez que los demás se ríen.

—Es que mis padres me dijeron que me trajera la tarjeta de crédito, pero que si gastaba mucho, entonces no me harían la fiesta de cumpleaños, y como no sé cuánto es la definición de “mucho”, prefiero no gastar nada —explica Zoe, en tono serio—.

No arriesgaré la suspensión de mi fiesta, eso sí, solo no me dejen morir de hambre estos días, solo eso les pido.

—Ay tonta, claro que no morirás de hambre —interviene Sam, riéndose.

—Bueno… yo sí tengo mis tarjetas, no seré una carga y ayudaré con los gastos de Zoe también —agrega Nicole.

Tyler por su parte, se mantiene en silencio, observando con detenimiento la interacción de ambas chicas.

—Ay no mi vida, no eres una carga. Nosotros amamos que estén acá —afirma Lucy, al mismo tiempo que busca en la agenda de su teléfono el número de la madre de Zoe.

—Oigan chicas, ninguna son cargas, así que solo tenemos que organizarnos y listo —comenta Charlie, sonriéndoles.

—Bueno esa es mi única preocupación —añade Lucy, claramente fingiendo que es lo único que le mortifica—. ¿Cómo van a dormir todos ustedes? —inquiere mirando a Tyler.

—Tranquila mamá Lucy, eso ya lo tengo perfectamente solucionado —replica él—. Oigan, la cama de Sami es muy grande, ahí duermen las chicas, así que solo tenemos que comprar un colchón inflable grande, donde dormiremos nosotros dos. Además, también queda libre el sofá, por si alguien esta apretado.

—Sí, eso suena bien para mí —dice Sam, mirando a sus padres.

—Pues… terminemos de hacer las compras y vamos a buscar ese colchón inflable —indica Charlie mirando a los chicos.

—Yo me ofrezco a hacer pizzas hoy, porque saben que es mi especialidad —dice Nicole.

—¡Sí! ¡Sí! Yo te ayudo —afirma Agata, emocionada.

—¡Noche de pizzas! ¡Suena genial! —agrega Zoe.

—Entonces tenemos que comprar un montón de champiñones para complacer a alguien especial —comenta Sam sonriéndole a su madre.

—Sí y maíz, mucho maíz natural —agrega Lucy mirando con complicidad a su hijo durante un instante, para luego separarse un poco del grupo y llamar a la madre de Zoe.

Una vez que terminan las compras, todos avanzan hacia el estacionamiento, los chicos comienzan a cargar el equipaje y las bolsas del mercado al maletero de la camioneta, al mismo tiempo que Charlie y Lucy se suben a los asientos delanteros.

Unos minutos después, ellos observan a través del espejo retrovisor como todos los chicos se montan. Sam primero, seguido de Agata, y él de inmediato la toma por la cintura para que se siente en su regazo, en cuanto ella lo hace, ambos se abrazan y comienzan a tontear.

Tyler por su parte, se encuentra de pie afuera, atrapado en una diatriba mental, ya que no sabe cómo actuar y solo tiene dos opciones: subir en el medio o quedarse junto a la puerta, pero con ambas tendría el mismo desenlace, alguna de las chicas se tendría que sentar sobre sus piernas.

«¿Qué mierda hago? ¡Carajo! Decide rápido… ¡A la mierda! Me subo en medio, porque así no es sospechoso, mejor que entre ellas decidan quien se me sienta en las piernas.» Piensa Tyler, al mismo tiempo que se sube rápidamente detrás de Agata.

Allí sentado en el medio, él se toma las manos y las apoya sobre su regazo, casi como un niño pequeño esperando un regaño, no se atreve ni a mirar hacia afuera, no sabe que harán las chicas, pero él decide solo mirar fijamente a la cara de Lucy, quien se mantiene observando hacia el asiento trasero pendiente que todos los chicos se suban a la camioneta.

—¡Que bueno que tengas una camioneta grande!

Tyler escucha la voz de Nicole al subirse, al mismo tiempo que prensa los labios y sonríe sutilmente sin voltear a verla.

«¡Sí! ¡Sí! ¡Esto es genial!» Piensa él, apartando las manos de su regazo, esperando a que ella se monte sobre sus piernas.

—Sí Charlie, es increíble, porque cabemos todo —comenta Zoe, al entrar al automóvil y cerrar la puerta.

Finalmente Tyler voltea hacia ellas, y es ahí donde se da cuenta que Zoe está sentada sobre el regazo de Nicole.

«¡Maldita sea! ¿Entonces ninguna se sentará conmigo? Simplemente genial…» Piensa esto último con sarcasmo, a la vez que mira hacia su otro lado, para notar a Agata y Sam susurrándose y tonteando de mil amores, por lo que niega con la cabeza, frustrado.

—Bueno chicos, sonrían —dice Lucy, tomándoles una foto—. Ahora necesito mandar esta fe de vida a tres mamis diferentes —bromea sonríendo.

«¡Ay por Dios! Ahora sí estoy feliz, menos mal que ellas se sentaron juntas, lo menos que quiero, es que los Hill o Jenny vean a sus hijas sentadas sobre mis piernas.» Piensa Tyler riéndose en voz baja, hasta que siente como Sam pasa el brazo por detrás de su cuello.

—Amo que estés acá, me hacías falta —murmura Sam acercándose y Tyler asiente sonriéndole.

—Gracias por venir —comenta Agata, estirándose para abrazarlo—. Y gracias por invitar a las chicas, esto es lo más genial que se te ha podido ocurrir.

«Bueno... al menos es genial para uno de nosotros dos…» Tyler le sonríe, sintiéndose feliz por su hermana a pesar de su desgracia.

—Te amo, en serio te amo mucho —afirma Agata.

—Lo sé, yo también te amo —responde él, suavemente.

—¡Y yo también te amo mucho! —dice Zoe uniéndose al abrazo—. ¡Eres tan genial!

«¡Ay por Dios!» Piensa Tyler, al mismo tiempo que su corazón se acelera al sentir a Zoe sobre él.

Acto seguido, siente como le toman una mano y aunque no está viendo hacia abajo, puede distinguir el anillo en el dedo pulgar, por lo cual sabe que es Nicole y no puede evitar sonreír de nuevo.

«¡Ay por Dios! Me voy a morir de verdad.»

—¡Que bellos! ¡Así me gusta verlos! —exclama Lucy, al notar que todos están amontonados abrazándose.

Antes de regresar a casa, Charlie conduce a través de la ciudad para hacerles un breve recorrido y que puedan ver el atardecer junto a la playa. Al llegar al apartamento, las chicas suben con Lucy llevando consigo el equipaje, mientras que los chicos se quedan bajando las bolsas de compras.

—Bueno niñas, bienvenidas —dice Lucy, al entrar—. Agata cariño, tú muéstrales el resto y llévalas para que dejen las maletas, yo voy al baño rapidito.

—Okey mamá Lucy. ¡Vamos chicas! —comenta Agata, emocionada.

En cuanto las tres ingresan a la habitación de Sam, Agata se sienta en el borde de la cama.

—Es preciosa… no me imaginé que Charlie tuviera tantas guitarras —comenta Nicole viendo una de las paredes repleta de ellas.

—Sí, y en su oficina en el estudio tiene más que acá —acota Agata.

—¡Ay por favor! ¡Gata esta cama es enorme! —exclama Zoe, acostándose en ella boca arriba.

—¡Sí! ¡Es genial!

—Y… ¿qué tan resistente es? —inquiere Zoe bromeando con picardía, a la vez que se acerca a Agata, la toma de la cintura y la hala encima de ella.

Nicole por su parte comienza a reírse al ver como Zoe la mueve sobre ella, hasta que las tres están riéndose sin parar.

—Bueno ya, responde… ¿qué tan resistente es?

—No lo sé —murmura Agata, encogiéndose de hombros.

—Espera… ¿cómo que no lo sabes? —replica Zoe, frunciendo el ceño—. Tienes dos noches acá.

—Sí pero… yo no dormí con Sami —responde Agata, en voz baja.

—¡Qué! ¿Por qué? —inquiere Zoe, indignada.

—Espera… ¿ibas a acostarte con Sam? ¿Tan pronto? —susurra Nicole viendo hacia la puerta.

—¡No! —dicen Agata y Zoe riéndose al unísono.

—Ah… ¿entonces? No entiendo —agrega Nicole, confundida.

—No me acostaré con él, pero… sí quería jugar y eso. Es que Sami me gusta mucho —aclara Agata.

—Sí, es que ella quiere experimentar todo el jugueteo y el manoseo, eso es lo que quiere la Gata —acota Zoe.

—Mierda… ahora me siento mal —comenta Nicole.

—¿Por qué? —cuestiona Agata, entrecerrando los ojos.

—Gata no pensé en eso, tú querías estar sola con Sami, sé que no tienes momento para hacer eso con él cuando estás en casa, y ahora… te arruinamos el plan.

—Pues sí —afirma Agata encogiéndose de hombros y sonríendo tontamente.