Gatita 3 (Saga Gatita 3) CAPITULO 18 #2
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CAPITULO 18 #2

—Kitty… prepara lo que sea más sencillo para ti, lo que te de menos trabajo —interviene Sam.

—Pues… ¿te parece que les haga dos pasteles diferentes? —inquiere Agata—. Esos los puedo hornear a la misma vez.

—Me parece perfecto —dice él guiñándole un ojo y ella le sonríe—. Bueno mamá Lucy, entonces voy añadir los ingredientes a la lista.

Justo en ese momento, todos escuchan como se abre la puerta del apartamento y Charlie entra.

—Hola a todos —dice él entrando en la cocina, se inclina y besa a su esposa.

—Hola papá —saluda Sam desde la distancia.

—Hola hijo... ¡Eso Gata! ¡Así me gusta! Te veo haciendo una lista enorme, es que desde ya siento el aroma, apenas abrí la puerta lo imaginé. Sami, ¿lo percibes?

—Sí papá, tienes razón, ya huele a pastel recién horneado y a chocolate fundido —responde Sam siguiéndole la corríente.

—Estoy emocionada —confiesa Agata, riéndose—. Los chicos fueron lindos conmigo ayer, quiero hacer algo que les guste.

—Eso es genial. Ah por cierto cariño, ¿podrías hacer un pie de limón? —inquiere Charlie.

—Yo pensaba llevarles dos pasteles a los chicos —acota Agata.

—Okey, pero este no es para ellos, es que se lo prometí a un amigo —comenta Charlie.

—¿A quién? —pregunta Sam, aun sentando en el sofá.

—A Ronald, le conté que Agata había venido con nosotros y nos invitó mañana al club, para que lo conozca —explica Charlie y Agata le sonríe entusiasmada.

—¿En serio? Ay por favor, eso es tan genial —agrega Lucy.

—Pues... no entendí, ¿quién es Ronald? —indaga Agata.

—Es un amigo que conozco hace como cinco años, hemos trabajado juntos en algunas colaboraciones, él tiene un productora y también es dueño de un club —explica Charlie.

—Entiendo… ¿y porque sabe de mí?

—Es que yo te he mencionado varias veces al hablar con él —responde Sam—. Ronald es un productor bastante conocido, pero no tanto de rock, sino de cantantes pop. Hemos conversado sobre mis letras y bueno... le conté que te las escribo a ti.

—Okey, okey… —murmura ella, sonrojándose.

—Kitty… él es el dueño del Club 43 —acota Sam.

—¡Ahhh! ¡Donde ustedes se han presentado! Ahora comprendo… ¡Ay por Dios! ¡Claro que le haré una tarta! ¿Esa es su favorita? —cuestiona Agata mirando a Charlie.

—Pues no lo sé… pero cuando le mencioné que tú estabas acá, bromeó diciendo: “Por fin probaré el pie de limón con el que me jode Tyler” — comenta él y todos se ríen.

—¿Por qué te dijo eso? —pregunta Agata, extrañada.

—Sí, yo también quiero saber —añade Lucy, tomando un sorbo de su bebida.

—Porque cuando hemos ido a comer allá, Tyler siempre pide de postre pie de limón, aunque él sabe que no hay de esos en la carta del club, pero lo hace a modo de broma. Y bueno, de allí fue que salió la conversación de que él está obsesionado con el pie que hace su hermana —explica Charlie.

Finalmente después de tres horas de vuelo, Tyler y las chicas caminan muy emocionados fuera del aeropuerto y abordan un taxi.

—Buenas tardes amigo, nos llevas al supermercado Plus, el que está en la 4ta avenida —indica Tyler.

El taxista asiente y comienza a conducir de inmediato.

—¡Qué! ¿A un supermercado? —inquiere Zoe, frunciendo el ceño.

—Yo iba a preguntar lo mismo —agrega Nicole confundida.

—Sí chicas, es que todos están allá —afirma Tyler, riéndose—. Están haciendo compras, no podemos llegar al apartamento porque ahora no hay nadie, tendríamos que esperar como dos horas a que lleguen.

—¿Estás seguro que están justo en ese supermercado? —pregunta Nicole.

—Sí, la Gata me mandó recién una foto y me dijo que acababan de llegar.

Después de unos quince minutos, el taxi llega al destino, los chicos descienden, caminan con sus maletas y se detienen a un costado de la puerta del supermercado.

—Llegó el momento de ejecutar el plan —dice Tyler viendo a Nicole y está se ríe.

—¡Por Dios! ¡Estoy muy nerviosa y emocionada al mismo tiempo! —afirma Nicole, en medio de las risas.

—¿Cual plan? —inquiere Zoe, confundida.

—Nos disfrazaremos y los sorprenderemos, así no nos reconocerán tan rápido —explica Tyler agachado, abríendo su maleta.

—¡No! —exclama Zoe, indignada.

—¿No? ¿Por qué? —replica Tyler mirando hacia arriba.

—¡¿Cómo no me avisaste antes?! ¡Es que yo no traje ningún disfraz! —refuta Zoe, cruzándose de brazos.

—Tranquila boba, yo traje uno extra —aclara él, sonriéndole.

—Ah bueno… ¡Así sí! —añade ella, emocionada.

En el interior del supermercado, Charlie va empujando un carrito de compras a la vez que conversa con Sam a su lado, y le muestra unas fotos en su teléfono, justo delante de ellos, Lucy y Agata van seleccionando los productos y metiéndolos al carro.

—¿Mamá cuál de estas marcas de aceitunas es la que te gusta más? —pregunta Agata, señalando varias latas.

—Pues estas son muy buenas, aunque yo no he probado la otra marca, quizás deberíamos llevar una de esas también, y así vemos que tal son —responde Lucy.

—Entonces... ¡Ay por Dios! ¡Qué carajo! —exclama Agata interrumpiendo su frase y mirando hacia el otro extremo del pasillo.

Los demás al escuchar su reacción, de inmediato voltean y ven lo mismo que ella, una manada de tres tiranosaurios rex inflables corríendo en su dirección, a la vez que uno de ellos va empujando un carrito de compras con varias maletas adentro.

En ese mismo instante, Sam y Charlie se descomponen de la risa, a la vez que Lucy toma su teléfono y comienza a grabar la escena.

Los cuatro ven como la manada se acerca corríendo a toda velocidad, de pronto el dinosaurio con el carrito, lo suelta y los tres tiranosaurios llegan a ellos y comienzan a saltar alrededor, al mismo tiempo que se ríen y rugen.

—¡Qué demonios! —exclama Agata roja de tanto reír—. ¿Esto es normal acá? —pregunta mientras que los demás están privados de la risa.

Con dos de los dinosaurios saltando y gritando sin sentido alrededor de Agata, el tercer tiranosaurio toma a Sam por la espalda y comienza a abrazarlo, de repente lo levanta al mismo estilo de una de las la llaves de lucha que Tyler suele hacerle, ahí es donde la cara de Sam cambia por completo, deja de reírse y en cambio frunce el ceño.

—¡No! —refuta él peleando para soltarse, a la vez que sus padres continúan riéndose.