Gatita 3 (Saga Gatita 3)
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CAPITULO 1
La fiesta de cumpleaños de Agata casi termina, la mayoría de los invitados, ya se han marchado, solo quedan las familias, incluidas Nicole y Jenny.
Mientras que todos están recogiendo y limpiando el desorden que quedó, Sam se acerca a uno de los mesones, que es donde se encuentra Agata, organizando sus regalos.
—Hey... —susurra él en su oído llegándole por la espalda, ella se voltea sonriéndole—. Te ayudo a llevarlos.
—Sí, gracias Sami —responde ella, viéndolo completamente enamorada.
—¡¿Qué?! Creo que no escuché bien —replica Sam frunciendo el ceño, a la vez que finge estar indignado con esa palabra.
—Perdón —murmura Agata, poniéndose de puntillas y se acerca para darle un beso de agradecimiento.
—¡No! —refuta Sam, moviéndose hacia atrás con rapidez.
—¡¿Qué?! Creo que no escuché bien —repite ella, usando las mismas palabras de él, a la vez que se ríe y forcejea, intentando alcanzar su cara.
—En la mejilla… En la mejilla —dice él entre dientes, mientras que sigue evitando que alcance sus labios.
—¡Ay por Dios! ¡Me muero de envidia! —exclama Nicole sentada en el sofá del garaje, cuando los ve tonteando.
—¡Pues somos dos! —agrega Zoe, cruzándose de brazos.
—¡Pero si hombres es lo que sobran en este mundo! —refuta Tyler con fuerza, mientras que pasa junto a ellas, cargando uno de los altavoces, haciendo que el resto de los adultos, se ría al escuchar la conversación.
—¡Cierto, pero ninguno sirve! —declara Zoe.
—¡Es verdad! ¡Son todos imbéciles! —afirma Nicole.
—¡Auch! ¡Tyler mejor cállate! ¡Estás haciendo que nos despellejen vivos! —comenta Charlie bebiendo un sorbo de su cerveza, y Jhon se ríe.
—¡Oye Sam! —dice Jenny recogiendo la comida junto a las chicas.
Sam voltea a verla, al mismo tiempo que todos los demás se quedan atentos.
—Mejor deja de ser tan lindo, estás poniéndoselo difícil a los otros chicos —indica Jenny, causando que todos estallen en carcajadas.
—Sí, estás subiendo demasiado la expectativa —agrega Lauren, provocando nuevas risas.
—No mi vida, tú sigue siendo lindo —añade Lucy sonriéndole.
—¡Claro! ¡Cómo no tienes hijas y ya tú tienes asegurado un buen partido! ¡Entonces nosotras nos ilusionamos en vano! —replica Zoe, entre risas.
—Es verdad chicas… ustedes no tienen ni idea. Yo creo que antes, era más fácil conseguir chicos buenos, porque ahora, no saben con cuantos especímenes nos topamos —añade Nicole.
—Bueno… en eso coincido con las chicas —comenta Jhon, tomando un sorbo de su cerveza—.
Hoy en día, hay demasiados especímenes raros, pero quizás sea porque hay más vicios y drogas nuevas.
Así que… no justifico a nuestro género, solo digo, que ahora sin duda, eso ha jodido y corrompido con más fuerza a la sociedad, en especial a los jóvenes.
—¡Ay por Dios! ¡Creo que nos quedan dos opciones! ¡O nos metemos a un convento, o nos volvemos bisexuales! —exclama Zoe, viendo fijamente a Nicole.
—Lástima que sean tan lindos... ¿por qué demonios no me gustan las mujeres? —cuestiona Nicole, entre risas.
—Deberían hacer hombres basados en nuestros gustos, no según los de ellos —dice Jenny—. Oye Lucy… deberías escribir un libro: “Como criar hombres que valgan la pena.”
—¡Dios mío! ¡Son tan exageradas! En serio… ¿cuántos millones de hombres existen y cuántos conocen ustedes? —inquiere Tyler, viendo a las chicas.
—Pero Ty… porcentualmente hablando, no necesitamos conocer millones, yo aún no conozco a ningún chico que sirva —declara Zoe.
—¡Auch! —replica una vez más Charlie, causando que todos los chicos vuelvan a reírse.
—Sí… es triste, pero a veces hay que conformarse “con lo mejorcito” dentro de lo peor —añade Nicole, haciendo comillas con las manos.
—¡Chicas! ¡En serio me hacen sentir mal! —interviene Agata, acercándose a ellas —. No es justo que no tengan buenas oportunidades. Las entiendo, si Sami no existiera, todas mis demás opciones...
—¡Espera! —interrumpe Jhon rápidamente, casi ahogándose con su bebida—. ¿Cuáles otras opciones?
—¡Kitty! —exclama Sam, indignado—. ¡Yo también quiero saber! Es que... ¿tenías más opciones?
Agata se sonroja por completo, y de inmediato, se arrepiente de lo que acaba de decir frente a todos.
—¡Uff! ¡Claro que sí! ¿Es que no ven los ojos que se gasta mi amiga? —pregunta Zoe, sonríendo—. Ella es un imán de chicos, somos un súper dúo, yo la rubia empoderada y ella la chica gatúbela. Apenas entramos a la prepa, nosotras dominamos el mercado de chicos y por eso nos odian.
—¡Qué! —replican todos los presentes sorprendidos, al mismo tiempo que Agata se lleva una mano a la frente, sintiéndose cohibida.
—Un momento… ¿las odian? —indaga Lauren, atónita.
—¡Obvio! ¡ Hay un montón de chicas que lo hacen! —afirma Zoe, encogiéndose de hombros—. Son unas perras envidiosas, como no tienen la atención de los chicos… se molestan con nosotras en vez de con ellos.
—Ya va… ¿estás exagerando o es en serio? —inquiere Sam, frunciendo el ceño.
—¡Ay por Dios Sami! ¡Es en serio! ¡Tú no eres el único con ojos que ve que la Gata es hermosa! Así que procura no volverte un imbécil, porque… —Zoe hace un chasquido con los dedos—, pasarías de estar en el número uno en la lista, a ser uno más del montón.
—¡Zoe! —replica Agata, viéndola fijamente.
—Es la verdad, eres mi mejor amiga y él tiene que saber dónde está parado.
—Y esa lista que mencionan... ¿cómo de cuántos chicos estamos hablando? —indaga Jhon, aun sin estar seguro de querer escuchar la respuesta.
En el momento que Sam escucha esa pregunta, voltea a verlo con preocupación.
—¡Por favor! ¡No hay ninguna lista! —aclara Agata—. Dejen de divagar y mejor cambiemos de tema.
—Bueno… no hay una “lista” ya escrita, pero… sí son un montón.
—¿Cuántos? —reitera Tyler, mirando a Zoe.
—Pues... —responde ella mirándose los dedos, a la vez que empieza a pensar en los nombres y los cuenta en silencio.
—¡Por Dios! ¡Está bajando muchos dedos! —murmura Lucy viendo a Jenny, al mismo tiempo que Lauren asiente, sin dejar de mirar a Zoe.
—No le crean… son solo dos o tres —interviene Agata, bajando las manos de Zoe e interrumpiendo el conteo.
—¿Dos o tres? —cuestiona Sam, sorprendido.
—Dos o tres... ¡Docenas querrás decir! — corrige Zoe.
—¡Qué demonios! ¡Se supone que eres mi amiga! —exclama Agata viendo a Zoe.
En ese momento, Jhon y Sam vuelven a compartir por unos segundos, una mirada llena de preocupación.
—Exacto, eres mi mejor amiga y es por eso, que Sami tiene que cuidarte, como el puto tesoro que eres, no puede darse el lujo de volverse un idiota, porque de esos especímenes, hay montones que rechazas siempre —acota Zoe, en tono serio.
Sam por su parte, se queda en silencio mientras que procesa esa nueva información, él siempre se preocupó por Zac, pero ahora, sabe que hay dos docenas de chicos, de los que ni él, ni Jhon conocían, y de los cuales, no la protegieron.
—¡Gata! ¡Qué demonios! ¿Quiénes son esos idiotas? ¿Por qué no me dijiste nada? Sabes que no me gusta eso —comenta Tyler, cruzándose de brazos—. ¡No quiero a ningún imbécil detrás de ti!
—Porque ninguno de ellos me importa —acota Agata—. Gracias Zoe, avísame cuando llegue tu papá de viaje, para que estemos a mano.
—¡Ay boba! No te enojes. Cuando tenga un súper novio, debes decirle todos los imbéciles que están detrás de mí.
Es más… necesito que desde ya, armes una lista con nombres, apellidos y redes sociales, tienes que ayudarme a que me mi futuro novio, me cuide, valore, me trate como una jodida princesa, que sepa que tengo muchas otras opciones y que si no es perfecto conmigo, pues otro en la lista le ganará —declara Zoe.
—Bueno… pero que sea una lista real —comenta Tyler—. Gata… sé que ella es tu amiga, pero no alimentes su delirio, no puedes escribir diez veces, el nombre de Brandon Jones —añade con seriedad, causando que los demás se rían sin parar.
Más tarde en casa de los Lambert, Agata va subiendo las escaleras hacia su habitación, con las manos llenas de varias bolsas de regalo, mientras que Sam, va detrás de ella ayudándola con las maletas que Tyler le regaló.
En cuanto entran, ambos dejan las cosas sobre la cama y se quedan viendo frente a frente.
—Son un montón, ¿estás feliz? —inquiere él, acomodándole un mechón de cabello.
—Sí Sami, siempre me dan regalos en mis cumpleaños, y es genial, pero… la verdad eso no me da tanta felicidad, aunque no te mentiré, no esperaba el de Tyler, ese sí me encantó, me puso muy contenta.
—Fue una gran idea, él me mostró varias opciones para regalarte, yo le dije que sin duda, las maletas era lo que te encantaría, además de que las necesitarás mucho.
—Okey... no me refería a eso, pero espera… ¿por qué dices mucho? —cuestiona ella, confundida.
—Ay mi vida, lo digo porque quiero que vayas conmigo a muchos lados —afirma él, acariciándole la mejilla.
—En serio... ¿no solo a Florida?
—A Florida para empezar, pero cuando tengamos que ir a alguna presentación y estés de vacaciones o un fin de semana, pues claro que quiero que vayas conmigo, y estoy seguro de que Tyler también lo querrá, estoy tan feliz de que eso ya no es un problema.
—¿Ya no es un problema? Sami… ¿a qué te refieres específicamente?
—Bueno... no te mentiré, porque ya se resolvieron las cosas con él, pero…
yo estaba en medio de su pelea. Ty no quería que yo te llevara a las gira de medios, presentaciones, fiestas o a nada que fuera de la banda.
Porque habíamos prometido que no dejaríamos que una chica interfiriera con el trabajo.
—Claro… eso lo entiendo, tampoco me gusta que me toquen mis cosas cuando estoy cocinando —afirma Agata—.
Sami… yo no quiero interponerme, obvio que amo verte cantar, siempre lo he hecho y lo sabes, pero no sería tampoco justo para ti, que él tenga una novia lunática o intensa que les joda la paciencia, o los moleste mientras trabajan.
—Exacto, por suerte para nosotros… tú no eres una lunática, porque eres más que la novia de un miembro de la banda, tienes el beneficio de ser su hermana, así que te perdonamos el hecho de ser intensa —comenta él, tomándola de la cintura.
—¿Intensa? ¿Soy intensa? —cuestiona ella indignada, con la boca abierta.
—¡Uff sí! ¡Y eso me vuelve loco! —confiesa él, dándole un beso en los labios—. Amo que seas tan intensa y que sepas lo que quieres, como y cuando, y no te detengas hasta obtenerlo.
—Okey… Descrita así, me haces parecer muy intensa, como si fuera a abusar de ti —murmura ella, viéndolo a los ojos.
—Sí… abusa de mí, esa es una de mis fantasías —susurra él, acercándose a su oído.
—Sami... —responde ella suavemente, apretándole los brazos.
—¿Qué?
—Por Dios… haces que se me acelere el corazón, me dan más ganas de tocarte todo —dice ella, abrazándolo con fuerza.
—¿Me deseas? —le susurra él al oído y Agata asiente—. Me encanta que lo hagas, deséame siempre, porque te amo demasiado.
—Cariño —interrumpe Lucy entrando a la habitación, haciendo que los chicos se sueltan con rapidez—. Mira… me olvidé de darte esto.
Agata toma la bolsa y en cuanto la abre, ve varios paquetes de papel fotográfico y sonríe.
—¡Mamá Lucy! ¡En serio me leíste la mente! Justamente iba a prender mi computadora, para comprar más papel. En verdad, amé la cámara instantánea —afirma ella, destapando uno de los empaques.
—Sí lo sé, quiero que tengas muchos recuerdos lindos —añade Lucy, agarrando la cámara de la cama—. Déjenme tomarle una foto a ambos, para mí.
—Toma dos, quiero una para colocarla en mi habitación —comenta Sam, rodeando la cintura de Agata con su brazo.
—Entonces que sean tres —agrega ella, sonríendo—. Porque yo también la quiero.
Lucy asiente y les toma las fotografías.
—Bueno… entonces trata de descansar hoy —indica ella unos segundos después, mientras que abanica en el aire, las imágenes en su mano—. Cariño, ya son las dos de la mañana, no te quedes toda la madrugada haciendo la maleta, porque si no, al llegar a Florida, estarás muerta del sueño.
—Sí, trataré de hacerlo en una hora y así me acuesto.
—¡Ay por Dios! ¡Salieron tan bellos! —comenta Lucy observando la foto y entregándoles una a cada uno—.
Chicos, en serio, adoro que se quieran tanto, les voy a pedir algo…
por favor nunca se peleen. Obviamente se molestarán con cosas, porque todos pensamos diferente, pero en verdad, siempre comuníquense entre ustedes primero, porque no los quiero ver sufríendo a ninguno, y menos por estupideces o malos entendidos, que pueden resolverse hablando.
—Sí mamá— responde Sam, con una sonrisa en el rostro.
—Claro mamá Lucy —afirma Agata.
—Bien… hasta mañana mi vida —susurra Lucy, dándole un beso en la frente a Agata—. No te tardes cariño, también tienes que hacer tu maleta —añade viendo a su hijo antes de salir de la habitación.
—Tranquila ya voy —dice él mirando a su madre, luego se voltea—. Te amo Gatita—dice Sam, abrazándola—. Sueña conmigo, mucho.
—Tú igual —responde ella, apretándolo con más fuerza—. Sami… ya quiero que sea mañana.
—Yo también mi vida, no sabes cuánto esperé, para poder llevarte conmigo. En serio… es que no puedo creerlo, que por fin va a pasar.
—Yo soñaba con eso, en serio… hasta lo soñaba despierta —confiesa Agata.
Sam le sonríe, luego le deposita un pequeño beso en los labios, y ambos se quedan viendo fijamente a los ojos, durante unos segundos.
—Me gustó mucho dormir contigo anoche Sami, eso en serio me gustó.
—Lo sé, a mí también, mejor dicho… me encantó. Eres más de lo que siempre imaginé, me haces sentir como nunca antes lo había hecho.
—Ya quiero dormir contigo en Florida —murmura ella acariciándole los brazos, a la vez que continúa viéndolo a los ojos, con tanta intensidad y entrega.
—Yo quiero lo mismo. Ay por Dios… En serio… me estás volviendo loco —le susurra él, al oído—. Mejor me voy… Gatita, ya para de mirarme así… me calientas demasiado.
Sam le sonríe pícaramente, le da un corto beso en los labios y sale de la habitación, mientras que Agata, se queda de pie, escuchando como él corre escaleras abajo, luego se deja caer en la cama, con una sonrisa en el rostro, sintiéndose completamente enamorada, en ese momento, le llama la atención el peluche del gato que está junto a sus almohadas, enseguida lo toma, y lo abraza con fuerza, desbordada de felicidad.