Gatita 2 (Saga Gatita 2) CAPITULO 1
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Gatita 2 (Saga Gatita 2)

Gatita 2 (Saga Gatita 2)

Por Andrea Pisani

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CAPITULO 1

Agata se encuentra en shock, mientras observa como Sam, el chico que ama, besa los labios de una de las gemelas, ella decide gritarle con fuerza, desde lo más profundo de sus entrañas y completamente fuera de sí misma.

Él reconoce su voz al instante, y sin dudar, voltea hacia su derecha con el ceño fruncido, es ahí, donde la nota, parada sujetándose de la tarima con ambas manos.

—¡Imbécil! ¡Mentiroso! —reclama ella, furiosa—. ¡Eres un maldito mentiroso!

Sam se queda perplejo al verla, de inmediato remueve sus manos de encima de la chica, atónito, no puede creer lo que está pasando, mientras que su mente intenta encontrarle algún sentido a lo que escucha.

«¿Kitty? ¡Es Kitty! ¿Qué demonios hace aquí? ¡Ella no puede estar acá!»

Sam no ha terminado de reaccionar, cuando ve como Agata se da la vuelta y se aleja de él, completamente enojada.

—¡Mierda! ¡Mierda! —exclama él angustiado, en voz alta, levantándose a toda prisa.

Por su parte, Agata avanza enfurecida sin mirar atrás, mientras que Sam detalla con sorpresa, como ella se sumerge entre la multitud de chicos, él empieza a llamarla, desesperadamente desde el borde de la tarima.

—¡Kitty! ¡Kitty!

Él grita agobiado, pero de inmediato se da cuenta que ella no voltea, sino que en cambio, continúa alejándose cada vez más. Por lo que, Sam entiende y asume, que Agata lo vio coquetear y besarse con la gemela, explicando su actitud.

—¡Kitty! —grita nuevamente desesperado, a la vez que las lágrimas corren sin cesar por sus mejillas.

Mientras que Agata, sigue caminando enfurecida, con paso firme y sin mirar atrás, le cuesta un poco avanzar, debido a la cantidad de personas, por lo que decide moverse al borde de la piscina para rodearla más rápido.

Sam viene unos metros detrás de ella, intentando alcanzarla, pero le resulta difícil por tanta gente atravesada en su camino.

—¡Kitty! ¡Kitty! —repite de manera incesante, pero sin obtener ningún respuesta de ella.

Agata llega hasta uno de los extremos de la piscina, en donde se encuentra un chico desnudo, con el torso y brazos totalmente untados con pintura corporal de neón, él está tonteando, jugando a lanzar al agua a las chicas de su alrededor.

Ella sigue caminando y apartando a las personas que se le atraviesan, ya que a esta altura no le importa nada, solo necesita salir de ese infierno cuanto antes.

Continúa empujando y abriéndose paso entre la gente, ella aparta al chico colocando la mano sobre su espalda, en cuanto él siente que lo tocan, se voltea y de inmediato procede a alzarla en el aire.

—¡No! ¡No! ¡Suéltame! —exclama Agata, enojada.

—¡Como ordenes! —responde el chico riéndose, a la vez que la arroja con fuerza dentro de la piscina.

Mientras tanto, Sam observa todo desde tres metros atrás, ve como el chico desnudo, levanta a Agata desde la cintura, en ese instante, su rostro se transforma por completo, ya no está asustado o confundido, sino que en cambio, se encuentra furioso, por lo que avanza sin dudar convertido en una bestia, con ansias de matar.

En el momento que nota como lanzan a Agata al agua, comienza a correr, apartando a las personas, hasta que llega a donde se encuentra el chico, lanzándole un puñetazo, como este estaba de costado, no lo vio venir, por lo que sin comprender la razón, solo se voltea y le devuelve el golpe a Sam, empezando una pelea entre ambos.

Justo ahí, se arma una revuelta alrededor de los dos chicos peleándose, los invitados gritan mientras que se aglomeran para observar la trifulca.

—¡Mierda! ¡Maldita sea! —grita Agata histérica, desde dentro de la piscina, a la vez que comienza a nadar hacia la orilla, en busca de la salida.

Ella escucha el bullicio que hay detrás, pero no tiene idea de lo que ocurre, por lo que continúa avanzando, en cuanto empieza a subir las escaleras, ve a una de las gemelas, ahí de pie, por lo que se enfoca en su trasero, para poder determinar si es la misma a la que Sam estaba besando antes.

—¡Maldita perra! —grita Agata, acercándose a la chica y dándole una cachetada con fuerza—. ¡No toques nunca más a Tyler!

La gemela al instante, y sin saber quién es, solo devuelve el golpe, para luego ambas agarrarse por los cabellos, causando que en pocos segundos, caigan al agua.

Por su parte Tyler, quien estaba en el medio de la piscina, escucha el alboroto y cuando se da cuenta de la aglomeración de personas en la orilla, decide nadar hasta allá, ahí es cuando nota que Sam está peleando con alguien, por lo que sale rápido y enfurecido del agua, toma los brazos del chico por su espalda para separar la pelea.

—¡Basta Sami! —exclama Tyler.

Sam al escucharlo, levanta el rostro para mirar a su amigo, dejando ver que está todo ensangrentado y lleno de golpes.

—¡Kitty está aquí! —dice desesperado, señalando hacia el agua.

—¡¿Qué?! —inquiere Tyler, confundido.

—¡Sí! ¡Este idiota desnudo la tocó! ¡Levantó a Kitty y la arrojó a la piscina! —explica Sam a toda velocidad, atropellando las palabras mientras que mantiene la vista fija en el agua, intentando ubicarla.

—¿Tocaste a mi hermanita? —cuestiona Tyler iracundo, dándole un puñetazo en la cara al chico, para luego empujarlo a la piscina.

—¡Mierda! ¡Mierda! ¿Dónde está? —inquiere Sam, a la vez que comienza a correr de vuelta hacia la tarima.

—¿A dónde vas? —pregunta Tyler, yendo detrás de él.

—¡Por mi mochila! ¡Me voy! ¡Tengo que ir a buscarla! ¡Y tú vístete! —replica Sam, volteando a verlo—. ¡Pareces otro idiota desnudo! ¡Carajo! ¿Qué demonios hace Kitty aquí? ¡Mierda!

«Ella está furiosa… seguro que me vio besar a la gemela, y encima de todo, ese idiota la agarró. ¡Maldición! ¡Hay muchos imbéciles desnudos! ¡No puedes estar acá! Por Dios… tengo que encontrarte ya.» Piensa Sam mientras que toma sus cosas, a la vez que Tyler se coloca los pantalones.

—¡Kelly! ¡Oye! Tenemos que irnos, pero volvemos más tarde por nuestros equipos —dice Sam, bajando de la tarima a toda velocidad y limpiándose con su mano, la sangre que brota de un corte en su labio.

—¡Espérame! —grita Tyler corriendo detrás de él, aún abotonándose el pantalón.

—¡Mierda! ¡No la veo! —exclama Sam frustrado, a medida que rodean la piscina.

—¿Pero ella cayó al agua?

—Sí claro, el idiota ese la arrojó —responde Sam—. Kitty le gritaba que no, pero aun así lo hizo.

—¡Sam! ¡Aquí hay muchas chicas! ¿Cómo anda vestida?

—Igual que cuando nos trajeron, en jean y la camiseta blanca con el cupcake enfrente. ¡Carajo! ¡¿Dónde demonios está?! —cuestiona Sam, angustiado.

Los chicos terminan de rodear toda la piscina y siguen sin conseguirla, para cuando llegan a las escaleras, se encuentran con las gemelas, una está sentada en el piso mientras que la otra, está agachada enfrente, revisándole la cara.

—¿Qué te pasó? ¿Te caíste? —pregunta Tyler, al verle el golpe enrojecido que tiene en la mejilla y el cabello despeinado.

—¡No! ¡Obvio que no me caí! ¡Fue la estúpida de tu novia que me golpeó! —replica ella furiosa, causando que los chicos se miren confundidos.

—¡Sí Tyler! ¿Por qué demonios no le dijiste a mi hermana que tenías novia? —reclama la otra gemela, cruzándose de brazos.

—¡Yo no tengo novia! ¡Están equivocadas! —aclara Tyler, en tono serio.

—Entonces fue una fanática o una obsesionada contigo, pero esa perra dijo que no te tocará y hasta me dio una cachetada.

—¿Quién era? —cuestiona Tyler, frunciendo el ceño.

—No sé… yo nunca la había visto antes —responde la chica, soltando un resoplido.

—¿Cómo era? —interviene Sam.

—Pues… más baja que yo, de pelo negro largo, vestida con una camiseta de cupcake.

—¡Mierda! —exclaman los chicos, al unísono.

—¿Dónde está ella? —insiste Sam, llevándose las manos a la cabeza.

—Ni idea, pero espero que en el hospital. Golpeé a esa maldita perra, como se lo merecía —dice la gemela, riéndose.

—¡Qué! ¡Es mi hermanita! —exclama Tyler, indignado—. ¡¿Cómo se te ocurre golpearla?! ¡Es una niña! —grita enojado.

En ese instante, ambos chicos salen corriendo hacia el interior de la casa, para comenzar a buscar a Agata por todos lados, completamente desesperados, después de unos minutos, se separan para poder registrar todas las habitaciones.

Agata sale furiosa de la piscina, luego de que se cayera mientras que peleaba con una de las gemelas, ahora se encuentra toda empapada.

Ella va murmurando cosas a medida que camina hacia el interior de la casa, al pasar frente a un espejo, se detiene y se lleva la mano a la cara, pasándola con suavidad sobre su mejilla, nota el moretón y sisea por el dolor que siente.

Ella observa detenidamente el aspecto que tiene, se encuentra toda mojada, con el cabello desordenado y enredado, también tiene un par de rasguños en el cuello, además de que tanto su camiseta blanca como sus brazos, están todos manchados de pintura.

—¡Qué asco! —exclama frunciendo la nariz, a la vez que intenta sin éxito, limpiar algo de la pintura que el idiota desnudo le transfirió del cuerpo al levantarla.

Ella sigue avanzando hasta la cocina en busca de servilletas, sin poder sacarse de la mente, como ese chico ebrio la tocó y ensució toda, se siente asqueada.

Al entrar, observa que el lugar está repleto de chicos, deja escapar un suspiro, hasta que recuerda la imagen de Sam acercándose a la gemela para besarla, lo cual la enerva aún más.

Comienza a buscar con frustración algo para limpiarse, entre el desorden de la cocina, en ese momento, su atención se centra en una joven que está revisando su teléfono, y es ahí donde se da cuenta de su mayor problema.

—¡Mierda! —exclama preocupada, llevándose la mano al bolsillo trasero de su pantalón—. ¡No! ¡Maldición! ¡No puede ser! ¡No puede ser!

Agata continúa repitiendo esas palabras mientras que detalla su teléfono empapado.

—Hasta donde sabía, las gatas maullaban, no gritaban.

—¡Ay Zac! —replica ella, volteándose de inmediato—. ¡Me asustaste!

—¿Yo? Si la que gritó fuiste tú —aclara él riéndose, mientras que come patatas fritas de una bolsa.

Agata frustrada, suelta un suspiro y vuelve a enfocar la mirada en su teléfono.