Epílogo
Tres meses después
Stefan
Estamos sentados a la mesa y los dedos de Mira se clavan en mi muslo.
Hank está frente a nosotros, y acabamos de terminar una cena estupenda que he cocinado para dos de las personas más importantes de mi vida: pechuga de pato a la plancha con una salsa especial de arándanos que ha preparado Mira, solo para recordarme nuestra primera cita «falsa».
Dejo un sobre en el centro de la mesa. Contiene los resultados de los análisis de adn .
Estaba esperándolo, pero ahora que ha llegado, no estoy seguro de querer abrirlo.
Hank y yo hemos estado pasando tiempo juntos como padre e hijo, recuperando el tiempo perdido.
Y he estado asimilándolo todo. Pase el tiempo que pase con él, nunca será suficiente, siempre quiero más, quiero compartirlo todo con él durante los años que nos queden.
Aunque mi percepción de qué supone aprovechar el tiempo ha cambiado drásticamente desde el incendio.
Fue como una llamada de atención para que dejara de vivir en el pasado.
—¿Es lo que creo que es? —pregunta Hank, con la vista clavada en el sobre amarillo.
Quién iba a decir que algo que puede cambiarnos la vida iba a venir envuelto en algo tan vulgar.
—Lo es.
Traga saliva, y yo lo observo, con la firme presencia de Mira a mi lado. Las puntas de sus delicados dedos me acarician el interior del muslo y me hacen pensar en cosas que no debería en un momento así, pero siempre me provoca eso.
—Es curioso. —Hank sonríe—. He estado esperando esto y ahora que lo tengo delante…
Bueno, es que no me importaría seguir como estamos, sin necesidad de pruebas.
—Se hace el silencio hasta que Hank continúa—: ¿Sabes, Stefan?
Aunque este sobre no contenga lo que esperamos…
, bueno, me gustaría continuar como hasta ahora.
Lo que sentía por tu madre sigue ahí, y me agrada pensar que estaría contenta de vernos pasar tiempo juntos independientemente del adn .
Me relamo los labios y me fuerzo a ignorar la quemazón en mis ojos.
—Me gustaría.
—¿Queréis que lo lea yo? —pregunta Mira en voz baja; su pulgar dibuja círculos relajantes sobre mis vaqueros. Mueve la cabeza para mirarnos a uno y a otro, y el brillante pelo negro le acaricia los hombros.
Después del incendio se cortó las puntas quemadas y eligió un corte recto y despuntado que le sienta de maravilla. Está preciosa, y aún puedo aferrarme a su pelo cuando la tomo desde atrás.
Hank y yo mantenemos un breve contacto visual y asentimos. Mira aparta la mano y sus ojos brillan, expectantes. Yo me siento como en una montaña rusa, pero Mira es pura estabilidad y me ancla los pies a la tierra.
En un abrir y cerrar de ojos rasga el sobre y saca unos papeles de un blanco prístino.
Sus ojos inteligentes escanean la página, pero su rostro impasible no revela nada.
Deja los papeles sobre el mantel individual y frunce los labios cuando su mirada encuentra la mía.
Podría perderme en esa mirada; a menudo lo hago, pero ahora espero encontrar una señal, un indicio, aunque ella no muestra nada.
—Stefan… —Esto es una tortura. Ni siquiera sé si está tardando una eternidad en soltarlo o es que el tiempo se ha detenido. Sus suaves labios carnosos esbozan una sonrisa—. Me gustaría presentarte oficialmente a tu padre.
Hank suelta una sonora carcajada y se echa hacia atrás en la silla, con una palmada sobreactuada. Yo tiro de Mira y la estrecho entre mis brazos.
Su pelo huele a miel y su camiseta, a jabón de lavandería.
Y me doy cuenta de que sin ella, sin que el universo la pusiera en mi camino, sin ese caballo enfermo, sin mi madre muerta, sin todo esto, quizá no habría encontrado a Hank. Sin Mira, quizá nunca habría conocido a mi padre.
—Gracias. —Me acurruco contra su cuello y me distraigo unos segundos pensando cómo voy a agradecérselo esta noche.
—Siempre. —Me aparta y sonríe, con los ojos brillantes por las lágrimas no derramadas—. Y ahora ve a abrazar a tu padre.
Obedezco. Doy la vuelta a la mesa y me lanzo a los brazos abiertos de Hank. A los brazos abiertos de mi padre.
Dios, qué bien sienta.
—Encantado de conocerte oficialmente, hijo.
Su voz está cargada de emoción, y no estoy seguro de poder responder, así que lo estrecho con más fuerza. Me he pasado la vida buscándolo y por fin lo he encontrado.
Los treinta minutos siguientes transcurren entre charlas, risas y alivio. Cuando acaba la noche, Hank abraza a Mira.
—Gracias por traerme a mi chico —susurra.
No se me escapa el modo en que se limpia los ojos y asiente.
No sé cómo podré pagárselo, cómo podré compensar al universo por ponerla en mi camino.
En realidad, sí, sé exactamente cómo hacerlo y por eso, en cuanto Hank se va, le sugiero que vayamos a dar un paseo hasta donde estaban los establos. Han quitado los escombros y ahora solo es una gran explanada, lista para que los reconstruya.
Junto al lago, Loki y Farrah pastan felices en su corral. Loki relincha al verme.
—Tu caballito del alma te está saludando, amor —dice Mira.
La rodeo con un brazo y la pego a mí, infinitamente agradecido.
Después del incendio Billie me propuso un trato: la mitad de la propiedad del pequeño potro por lo que había hecho para salvarlo. La mujer que tanto me odiaba ahora me llama «su hermano de otra madre» y me regala la mitad de uno de sus caballos más preciados. La vida es muy extraña.
Vamos hacia el centro de la explanada cogidos de la mano.
Cuando salió del hospital, Mira vino a vivir conmigo.
No acepté un no por respuesta. He aprendido que la vida es demasiado corta como para desaprovechar nuestro tiempo juntos.
Además, cuando terminó el curso, Nadia se fue a la ciudad para asistir a la facultad de Veterinaria porque le encantó trabajar con Mira.
No tardará en mudarse a Vancouver para ejercer y nos dejará la casa para Mira y para mí solos.
Un silencio cómodo nos envuelve. Hoy es uno de los días más felices de mí vida, y estoy a punto de hacer que sea aún más feliz.
Una parte de mí piensa que estar aquí tras el incendio que costó tanto debería entristecerme, pero solo siento alivio.
Aquí fue donde casi pierdo a Mira. Aquí fue donde la lie para aceptar nuestro trato.
Aquí fue donde pasé las noches con ella, conociéndola.
Aquí fue donde arriesgué mi vida para salvarla.
Y mi madre puede vernos desde donde esparcí sus cenizas.
Este lugar es mi mundo. Mi destino y mi futuro.
A partir de aquí voy a empezar a reconstruir mi vida.
Mira y yo somos como un fénix renacido de las cenizas, y no querría que fuera de otro modo. Está contemplando el tapiz rosado y naranja del cielo cuando el sol desciende hacia el horizonte tras las montañas.
Me arrodillo.
—¿Qué haces? —Posa una mano sobre su pecho.
—¿Qué crees que hago? —sonrío.
—Es…
—¿Crees que me he arrodillado para arreglarte el zapato otra vez? —Abre los ojos de par en par y mira sus zapatillas de deporte—. No te preocupes, gatita. Puedo… —le guiño un ojo— arreglarte el zapato más tarde. Pero antes quiero preguntarte algo.
—Dios mío. —Desliza la mano alrededor de su cuello, y casi puedo ver cómo le late el pulso ahí.
Saco una pequeña caja de terciopelo del bolsillo.
—Nunca me he considerado un hombre demasiado bueno, pero tampoco un mal hombre.
Solo uno con un pasado triste y sin nadie a quien amar.
Y entonces te vi, y me bastó una mirada para saberlo.
—Su mano libre me acaricia cariñosamente la mejilla—.
Supe que mi vida no iba a volver a ser la misma.
No siempre me trataste como si fuera bueno, pero sí me hiciste querer ser mejor.
Y tengo la intención de pasarme la vida intentándolo.
—Ay, Stefan. —Una lágrima rueda por su mejilla cuando abro la caja para enseñarle el fino anillo de oro con una brillante esmeralda en forma de lágrima. Dice que el verde es su color favorito porque le recuerda a mí.
—Ese fuego casi te arranca de mi lado. Casi te pierdo, y es un error que no voy a volver a cometer.
Voy a atesorarte como te mereces. Ese fuego arrasó con todo, Mira, quemó mis ansias de venganza.
Lo que saqué de él es lo único importante.
Nos dio un nuevo comienzo. El resto solo es polvo y ceniza en el viento.
Y ahora me doy cuenta de que lo que de verdad importa es lo que salió de ahí: tú y yo.
—Hago una pausa y veo el mismo amor que yo siento reflejado en sus ojos—.
Mira Thorne, ¿me harías el honor de ser mi esposa?
Cae de rodillas ante mí al instante, y me ahueca la cara con las manos.
—Sí, sí, sí, sí. Nada me haría más feliz. Ni a mí ni a mi nana.
Deslizo el anillo vintage en su dedo con una enorme sonrisa, y cuando vuelvo a mirarla a los ojos, solo veo nuestro futuro.
Te quiero, te quiero, te quiero mucho.
—El verde es mi color favorito, Stefan. —Se mira la mano con una sonrisa temblorosa. Me río y le enjugo las lágrimas antes de estrecharla contra mí y posar mis labios sobre los suyos. Sobre esos labios que pienso besar el resto de mi vida.
Un hombre mejor que yo no habría hecho un trato con ella, pero yo no soy el mejor de los hombres, y nunca he lamentado nada menos en toda mi vida.