Ganar nunca fue el plan 6
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Carita de perrito abandonado

Jordan

La puerta se abre y aparece Elly con el pelo mojado y solo una camiseta del equipo.

Me quedo sin palabras.

Elly me mira con el ceño fruncido.

—¿Cómo has conseguido mi dirección?

Después de lo que podrían ser unos segundos o media vida, carraspeo y consigo responder:

—Hola a ti también. ¿Qué tal estás, Jordan? ¿Quieres pasar? Oh, me has traído una cookie de chocolate blanco. Muchas gracias, Jordan.

Elly sonríe, abre la puerta y me deja pasar. Punto para mí.

Al momento suena el portero automático.

—Sí, lo conozco, no hay problema. Muchas gracias, Carlos. —Cuelga y me mira—. A mí portero no le has dado muy buena impresión…

Y, como si fuera un crío, de nuevo me entran ganas de bajar y decirle: «chúpate esa».

Elly me hace un gesto con la mano para que pase hasta el salón, donde veo una pizza y una cerveza sobre la mesa.

—Hay más en el frigorífico. Voy a cambiarme.

Y se dirige hasta la habitación, pero va de espaldas. Al principio no entiendo qué está haciendo, aunque luego me doy cuenta.

—¿No quieres que vea el nombre que llevas en tu camiseta? —digo medio riendo.

—Muy audaz. ¿Qué te ha dado la pista? ¿Que voy andando como un cangrejo?

Me echo a reír.

—¿Tienes un crush con alguien del equipo?

—¡Cállate! —grita mientras desaparece por el pasillo.

Voy hasta la cocina y abro la nevera; todo está perfectamente ordenado, justo el tipo de nevera que esperaría de ella. Estoy tentado de abrir el congelador para ver si hay tarrinas y tarrinas de helado.

Saco una cerveza y me quedo apoyado en la isla. ¿De quién será el nombre de su camiseta?

Echo un vistazo a la estancia. Se parece a mi casa, solo que la suya es más grande, más lujosa y decorada con más colores. Más cálida.

Elly vuelve con unos pantalones anchos blancos y un top blanco de manga larga. ¿Cómo se puede tener ese aspecto con ropa de estar por casa? La veo sentarse en el sofá con las piernas cruzadas sobre los cojines.

—Te cambio un trozo de pizza por la cookie.

Me acerco hasta ella y me siento en el suelo con la espalda apoyada en el sofá, dejo la bolsa con las galletas sobre la mesa y cojo un trozo de pizza. Me giro para poder mirarla.

—Así que tienes un crush con alguien del equipo… Nunca lo hubiera dicho, la verdad.

—No tengo un crush con nadie, el nombre de la camiseta es pura casualidad y por eso no quiero que lo veas y saques ideas equivocadas.

—Claaaro, porque lo más normal es utilizar para dormir una camiseta con el nombre de un chico al azar… ¿Es el mío?

Elly niega con la cabeza y vuelvo a ver esa sonrisa tan sexy que me dedicó en el vestuario.

—Ya te he dicho que cualquiera menos estrellitas consentidas... Y si le dices a alguien que duermo con una camiseta del equipo eres hombre muerto. —Desaparece la sonrisa sexy y vuelve la Elly que conozco—. Bueno, ¿y qué haces aquí? —me pregunta mientras coge otro trozo de pizza.

Y yo empiezo a sudar.

—Eh… ¿Sigue en pie tu oferta?

Elly deja la pizza a medio camino de su boca y me mira unos segundos que se me hacen eternos.

—¿Tan mal estás?

En su tono hay lástima y me doy cuenta de que esto no tiene sentido. Sí, estoy fatal, pero esto es problema mío y debería ser capaz de gestionarlo como un adulto, pero cuando estoy a punto de responderle justo eso, Elly vuelve a hablar sin esperar mi respuesta.

—¿Cuándo habría que salir?

Gracias al cielo, el alivio se come mis ganas de ser un adulto responsable y empiezo a hablar atropelladamente:

—El jueves, y volveríamos el domingo por la mañana. Por supuesto yo pago tu billete, y no tenemos ni que besarnos ni tocarnos ni nada, solo tendremos que dormir en la misma habitación si queremos que sea creíble, pero yo puedo dormir en el suelo.

—Vaya, veo que alguien ha estado pensando mucho en ello… Lo que no es nada creepy …

Sí, soy patético y estoy desesperado. Yo lo sé y ella también.

Elly me mira sin responder.

—Venga, no seas mala. ¿Qué dices?

—Ok, pero quiero que sepas que, cruzando el pasillo, va a haber una niña muy triste porque no voy a poder ir con ella a pedir caramelos. Le tienes que comprar un regalo muy chulo…

Una vez más no me imagino a Elly en plan truco o trato con una niña pequeña.

—Le compraré un pony.

Elly se ríe.

—Me gustaría ver la cara de su madre. Ok. Entonces ¿cuál es el plan?, ¿dónde vamos?, ¿cuánta gente va a haber?

—Uno de mis amigos tiene una casa cerca de un lago, es superbonito, hay montañas, seguro que nieve. Quizá no en plan pijo como a ti te gustaría, pero de verdad es un sitio muy guay.

—Me lo estás vendiendo fatal, no me gusta nada el frío.

—También vamos a disfrazarnos, puedes elegir los disfraces tú.

—Vamos de mal en peor. ¿Al menos habrá mucha comida y alcohol?

—Todo el que quieras.

—¿Y tus amigos me van a odiar? ¿Son team ... como sea que se llame tu ex?

—Se llama Maya y no te van a odiar porque no hay teams , cada uno ha pasado página. Bueno, yo no, pero para eso estás tú.

—¿Y tus amigos?

—Son es el dueño de la casa, es decir, sus padres, y solíamos pasar el 4 de julio allí todos juntos, las amigas de Maya y mis amigos. Cuando lo dejamos las cosas se jodieron un poco entre todos, y este es el primer año que volvemos, así que, es muy posible, que sea todo un poco tenso.

—En serio, ¿por qué vas?

—Porque bastante malo es ya no haber superado lo de Maya, como para que encima no pueda hacer planes con mis amigos.

—Vale, eso lo entiendo. Continúa.

—Ok, luego esta Cat; ella y Son llevan saliendo juntos desde el instituto. Y Dan, que es un picaflor y nunca está con nadie, aunque siempre tiene a alguien. No hay que hacerle mucho caso porque es un bocazas y, cuando te vea, va a decir muchas tonterías.

—¿Por qué?

—Solo créeme. Y, bueno, luego está Maya, que va a llevar a alguien que no conozco, y sus amigas Lisa y Jess, que creo que están solteras.

Elly asiente, memorizando todo lo que le digo.

—¿Algún mal rollo que deba saber? ¿Seguro que nadie va a querer asesinarme durante la noche?

—No, solo vas a presenciar muchos silencios incómodos y a mí hecho mierda. ¿Seguro que quieres venir?

—No. ¿Quién en su sano juicio querría ir? Pero entre la carita de perrito abandonado que llevas y el panorama tan triste que me has presentado… si no te acompañase me sentiría culpable toda mi vida.

—¿Doy mucha pena?

—Bastante —responde Elly sin pestañear.

—Gracias por los ánimos.

—Para eso estamos.

—Y yo no pongo cara de perro abandonado.

—Sí la pones. ¿Y qué quieres que salga de todo esto?

Miro a Elle sin entenderla. Ella pone los ojos en blanco.

—¿Quieres intentar recuperarla, aunque esté con alguien o demostrarle que lo has superado?

—Eh... no lo sé.

—Claro que lo sabes.

—¿Y a ti qué más te da? —digo un poco a la defensiva, lo cual no tiene ningún sentido porque la chica quiere ayudarme.

—Para saber cómo comportarme.

—No te entiendo.

Elly suspira.

—Si quieres recuperarla tenemos que ponerla celosa, pero que nuestra relación parezca quebradiza; y si quieres demostrarle que lo has superado tenemos que parecer la pareja más estable del mundo.

—¿El cerebro de las tías hace todo eso? —pregunto, anonadado.

Las tías son mucho más complicadas que los tíos.

—No sé si el de todas, pero sí el de las que trabajamos de relaciones públicas donde la imagen es fundamental.

—Vale, eso tiene sentido. —Pienso un momento, aunque la verdad es que no necesito ni un segundo: quiero volver con ella—. Ponerla celosa.

Creo que leo decepción en los ojos de Elly; no me extraña, a mí también me hubiera gustado decir que quiero olvidarla y pasar página, pero la verdad es que no soy capaz.

—Ok.

Nos quedamos un rato en silencio. Elly le da un trago a su cerveza.

—Vale. Tendremos que inventarnos una historia o algo, ¿no? —Me pone bastante nervioso todo esto, sé que no debería hacerlo.

—Con lo mal que se te da mentir, mejor nada de inventarnos historias. Para que no te cojan en una mentira, lo mejor es que sea lo más parecido a la verdad. Si nos preguntan cómo nos conocimos decimos la verdad; dónde trabajamos, decimos la verdad.

—¿Y si quieren saber cuándo empezamos?

—Hace unos meses, y lo llevamos en secreto porque no queremos que nadie del equipo lo sepa. Y, al acabar el fin de semana, si hay suerte vuelves con tu novia y, si no, al menos no lo habrás pasado solo.

—¿Por qué me ayudas?

—Ya te lo he dicho: das mucha pena. Ahora bien: si las cosas se arreglan con ella, no me tengas allí haciendo el idiota; me lo dices y yo me cojo un vuelo y me vuelvo.

—No creo que tengas que preocuparte por eso, ella ya está con alguien.

—Por si acaso, no me gusta que me tomen por tonta.

—Nunca haría algo así —le digo muy serio.

Elly asiente y coge una de las galletas.

—¿Animadora y jugador de rugby zombis?

—¿Qué?

—Nuestro disfraz. ¿Qué opinas? Solo tienes que coger una equipación vieja y la rompemos un poco. Y yo tengo un disfraz de animadora.

—¿Cuándo te has disfrazado de animadora?

—No es información que necesites.

Miro al frente. Joder con Elly. Mike fliparía. Yo también estoy flipando un poco. Cojo mi galleta y me la como de dos bocados.

—Vale, creo que me voy a ir ya para que puedas volver a ponerte tu camiseta.

Me levanto y voy hasta la puerta mientras veo por el rabillo del ojo cómo Elly niega con la cabeza.

Cuando ya tengo la mano en el picaporte, me doy la vuelta:

—¿Sabes? Creo que sí que puede llevar mi nombre.

—¿Y eso por qué?

—Porque Sarah me ha contado que le dijiste que sí soy muy guapo.

No debería haber vendido a Sarah, pero no he podido resistirme. ¿Puede ser que Elly se haya puesto roja?

—La conversación no fue así para nada.

—O sea que sí lleva mi nombre —digo sonriendo.

—Buenas noches, Jordan.

—Buenas noches, Elle.