Capítulo 61
Stark
Un tirón brusco y violento me arranca de un sueño tranquilo y me arrastra a un mundo de sombras; a lo que Meryn conoce como el reino de sombras. No le he contado nada sobre mi nuevo acceso a este reino… ni todo lo que conlleva. Me está destrozando.
Pero todavía no he tenido tiempo de averiguar qué cosas deben mantenerse en secreto por los juramentos de mi familia y cuáles eran simplemente porque Siegrid era una narcisista reservada.
Sí sé que le ocultaba secretos a su huargo, Genicos.
Me animó a tener el mismo cuidado con Cratos incluso antes de saber nada de su vínculo de pareja.
Compartiré con Meryn lo que pueda, cuando llegue el momento. Pero mientras tanto, me consuelo sabiendo que mi lealtad a los juramentos de mi familia, en última instancia, la protege.
El reino está sometido a más violencia de la habitual. Solo he estado aquí un par de veces contadas desde que heredé mis poderes y responsabilidades. Ha sido un despertar duro: darme cuenta del verdadero alcance del trato que hizo mi familia a cambio del poder hace tantos años.
El dios oscuro nunca se ha mostrado directamente ante Meryn, solo le ha susurrado cosas al oído. Y ni siquiera lo ha hecho desde que Killian empezó a canalizar sus poderes. El brazalete le permitió acceder a este reino, por lo que el dios se ha mantenido oculto.
Quizá eso cambie ahora que Killian se ha ido. Quizá Meryn también se enfrente pronto al mismísimo dios de las pesadillas, la fuente de sus poderes de sombra catastróficos, su otro ancestro divino: Nocturn.
Como si pensar su nombre lo invocara, el propio dios emerge de entre las sombras. No sé si ya estaba allí o si va y viene.
Su piel de alabastro y el cabello negro azulado parecen arder con un fuego azul.
Por algún motivo, esta noche se le ve más nítido, más definido, casi más real que la propia realidad.
Más fuerte. El zumbido de su aura mágica es más afilado que nunca, lo que provoca que se me ponga la piel de gallina. El cambio me inquieta.
A medida que se acerca a mí tenso los músculos para impedirme retroceder. Me invaden unos sentimientos a los que para nada estoy acostumbrado.
Terror. Miedo.
—Así que hasta el poderoso alfa soberano le teme a algo —resuena la voz de Nocturn, como lobos gruñendo y avalanchas que asfixian.
Con esfuerzo, mantengo el rostro impasible y le sostengo la mirada, aunque sé que no sirve de nada. Puede colarse dentro de mi mente y ver todo aquello que escondo.
En un abrir y cerrar de ojos, las sombras azul fuego de Nocturn me rodean la garganta, y su fuerza me levanta del suelo borroso. Me cuelgan los pies mientras jadeo en busca de aire.
¿Puedo recurrir a mi propia magia aquí dentro o será inútil al provenir de él? ¿Me mataría? ¿Y qué pasaría si muero aquí, en este reino de sombras? ¿Mi cuerpo permanecería en el mundo real, vivo, separado de mi mente?
Actúo antes de pensar, y con toda la fuerza que tengo en el cuerpo, intento apartar sus sombras. La fuerza huracanada de mi poder —un poder que ahora es tan grande que podría arrasar una pequeña fortaleza en el mundo despierto— solo afloja su agarre un instante, y eso lo enfurece todavía más.
—¿Te atreves a usar mis dones contra mí? —sisea. El sonido proviene tanto de mi mente como del mundo que me rodea; se acumula dentro de mi cabeza hasta hacerme sentir que enloquezco.
Las sombras de Nocturn me envuelven y me rodean, me inmovilizan los brazos contra el cuerpo, y después se retuercen hasta forzar mis extremidades en ángulos imposibles. Siento un dolor lacerante en los tendones y se me desgarran los músculos.
Con la garganta cerrada, dejo escapar un grito ahogado, pero las capas de sombra que nos rodean se tragan el sonido. En este lugar, mi voz es igual de inútil que mi magia.
—¡Te di una orden y me desobedeciste, miserable! —Nocturn está más cerca, y la extraña sombra azul que fluye de él es casi cegadora, una paradoja de sombra y luz—. ¡Las Lágrimas deben estar unidas!
Sé que no tengo ninguna posibilidad de escapar de su magia hasta que él decida soltarme, pero, aun así, mi cuerpo lucha contra el dolor, contra las ataduras… Llevo décadas de entrenamiento a la espalda como para rendirme.
Nocturn se ríe al verme forcejear. El sonido es áspero e inquietante, como dos trozos de metal al chocar.
—¿Por qué? —jadeo, y Nocturn afloja lo suficiente las sombras alrededor de mi garganta para que pueda hablar—. ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no te has liberado antes, en todos estos milenios?
El lazo alrededor de mi cuello vuelve a tensarse, y se me caen las lágrimas mientras lucho por respirar.
Nocturn crece ante mí, duplica su tamaño, lo triplica, más. Se inclina sobre mí hasta que soy igual de pequeño que el insecto más diminuto frente a un gigante colosal.
—¡¿Crees que no lo he intentado?! Ella me tenía aprisionado. Solo ahora, con todas las Lágrimas casi reunidas, puedo acudir a tu familia, mostrarme entero y no limitarme a susurros miserables en la noche.
Su voz se intensifica cada vez más, hasta que siento que me van a explotar los tímpanos.
—Cuanto más cerca están las Lágrimas, más cerca estoy yo de la libertad. Me llaman, cantan en la noche. ¡¿Me negarías mi libertad?!
Sé que puede leerme la mente, pero soy incapaz de ocultar mi reacción inmediata: por mis cojones que sí, no pienso permitir que este monstruo sea libre.
Puede que mi familia esté en deuda con él, puede que sea la fuente oscura de nuestro poder y nuestra fuerza, pero sé con todo mi ser que existe una muy buena razón por la cual Nocturn ha permanecido confinado lejos de nuestro mundo, atrapado todos estos años.
No seré yo quien desate esta locura sobre el mundo. Tan pronto salga de aquí, ayudaré a Meryn a hacer lo que dijo: separar todas las Lágrimas y esconderlas para siempre.
En cuanto pienso esas palabras, intento empujarlas al rincón más profundo de mi mente, donde ni yo mismo sea consciente de ellas. Pero no soy lo bastante rápido. Escucha mis pensamientos. Escucha mi desobediencia. Y la furia de Nocturn se multiplica por mil.
El reino que nos rodea parece temblar y retorcerse, como si el estado de ánimo de Nocturn pudiera desgarrarlo como si fuera papel. El dios cambia entre su forma gigantesca, la que conozco, y algo más: un torbellino de sombras, un vacío eterno y aterrador.
—¡Si tú no lo haces, lo haré yo mismo!
Las palabras llegan de ninguna parte y de todas a la vez.
De pronto, las ataduras desaparecen. El alivio dura apenas medio segundo.
Entonces una masa de energía oscura se transforma en una ola hecha de sombras y se abalanza sobre mí.
Las sombras me atraviesan , y siento que caigo, caigo sin parar en la nada, con un poder oscuro a mi alrededor, encima de mí, debajo de mí, y…
Me despierto.
Tardo en enfocar la mirada, el dolor de la tortura de Nocturn sigue presente en mis extremidades.
Oigo a Meryn durmiendo profundamente a mi lado; por una vez, el reino de sombras me atormenta a mí y no a ella.
Intento levantar la mano para acariciarle la mejilla… y descubro que no puedo. Mi cuerpo no me obedece. La fuerza oscura de mi magia crece dentro de mí, y con horror comprendo que es mucho más que un efecto residual del sueño, mucho más que la magia que mi familia ha recibido.
Me muevo, incapaz de detenerme, salgo de la cama y me acerco a las bolsas de Meryn. Nocturn me está controlando. Siento su presencia a lo lejos, oigo su risa chillona mientras lucho por recuperar el control de mi cuerpo, de mis movimientos. En vano.
Abro la bolsa, la que contiene los fragmentos del Acero Feroz. Lo primero con lo que se topa Nocturn es con la empuñadura y, al sacarla, una oleada de energía me recorre el cuerpo.
Los fragmentos salen de la bolsa envueltos en un torbellino de sombras mientras el poder fluye a través de mí. Los trozos se fusionan entre sí hasta darle un nuevo aspecto a la espada. Allí donde hay huecos —partes que faltan—, la sombra se hunde y luego desaparece, revelando metal nuevo.
La conmoción me sacude y me atraviesa en una llamarada de calor.
El calor se intensifica, hasta que me doy cuenta de que es el poder de Nocturn el que me consume, mientras que a él no le supone nada.
Cuando las sombras se desvanecen, sostengo el Acero Feroz en la mano, totalmente recompuesto, brillante e intacto.
Nocturn lanza la espada al suelo con indiferencia y vuelve a centrarse en las bolsas de Meryn.
Abre la siguiente. Las gemas brillan a la luz del fuego.
Conduce mi mano hacia el interior y saca con cuidado cada preciosa Lágrima para después disponerlas en el suelo.
Con una facilidad y una fuerza que no comprendo, arranco los ópalos de los engastes: primero las Lágrimas de las dos coronas, luego las de los collares y, por último, la del anillo de Killian.
Me queman la piel cuando las cojo, pero mi cuerpo, que ahora mismo no es más que un cascarón, no reacciona; se limita a rozarlas como si fueran unas simples piedras.
Sé lo que está a punto de ocurrir cuando me observo ordenar las Lágrimas siguiendo ese mismo patrón en forma de estrella que vimos en el diario de la madre de Meryn: seis apuntando hacia afuera, en un círculo, y una justo en el centro.
Sé lo que estoy haciendo, pero carezco de poder, por lo que me veo obligado a mirar. En cuanto coloco la última Lágrima, la sombra de Nocturn abandona mi cuerpo, así que extiendo una mano con desesperación para dispersar las gemas…
Pero, por supuesto, es demasiado tarde.
La realidad parece fracturarse; se separa durante un instante aterrador y revela capas de materia, sombra y luz.
Luego el mundo vuelve a recomponerse, y todo el aire de la habitación se convierte en relámpagos y fuego, por lo que me arde la garganta al respirar.
Se produce una espantosa explosión en algún lugar al oeste de nosotros, y desde la ventana observo con horror cómo el cielo se tiñe de colores que jamás había visto y que no sabría nombrar, atravesado en el centro por una franja verde tan brillante que resulta cegadora.
Después, hacia el este, otro estallido devastador. Es tan sumamente fuerte que siento que me van a reventar los tímpanos. Por un instante, la tierra y el cielo se invierten, antes de retornar a su sitio con torpeza.
Me llevo las manos a los oídos doloridos, pero no logro bloquear el último «bum» procedente de algún punto lejano, más allá del horizonte. Cuando recupero el oído y la visión, me giro, agachado, al oír la voz de Meryn.
—¿Stark? ¿Qué estás haciendo? ¿Qué… qué ha sido eso?
Se levanta de la cama antes de que pueda detenerla y observa con curiosidad el patrón que forman las Lágrimas en el suelo.
—No lo entiendo. ¿Qué está pasando? —La confianza en su voz me rompe el corazón y me deja sin aliento.
—Meryn… —Siento la lengua como ceniza—. Mi familia. Hay algo que no te he contado. Nunca te mentí. Juramos protegerte. Era nuestra misión más sagrada. O eso creía…
La comprensión que le cruza el rostro es como una visión de mi propia condena mientras pronuncio las últimas palabras envenenadas.
—Pero durante todo este tiempo, no hemos sido más que meros juguetes de los dioses. Meryn…
La verdad cae como una sentencia de muerte.
—Mi familia no está ligada a los Hielormenta. Estamos ligados… a Nocturn. El dios oscuro ha regresado.