Furia (Doctora Kay Scarpetta 26) Una semana después #3
100%

Una semana después #3

Ha pasado por nuestra mesa cuando hemos llegado, comportándose como siempre, amigable, encantador e ingenioso mientras mi hermana lo miraba con semblante carnívoro y Marino empezaba a mosquearse.

El fiscal está cenando con Patty Mullet, que ahora regresa del servicio de señoras o dondequiera que haya estado.

Se acomoda en su asiento y retoman la conversación.

La agente especial del FBI es bastante mayor, y a juzgar por la actitud de Flagler, dudo que eso sea una cita.

Evita mirar en nuestra dirección, y lo más seguro es que no salude a Benton cuando llegue.

Su intento de volver a hacerse cargo de la investigación se fue al traste del todo cuando los análisis de los restos de insectos, animales y plantas recogidos en Chilton Farms dieron negativo en carbofurano.

No había rastro de este ni de ningún otro veneno.

—Me están entrando unas ganas de… —anuncia mi hermana cuando abandona el escenario el último participante en el karaoke, entre aplausos y aclamaciones—. Más vale que salga alguien, porque si no voy a ir yo… —amenaza en tono seductor.

El bote de premio asciende a trescientos dólares y mi hermana está cada vez más interesada a medida que va bebiendo más y más Cosmic Cosmos.

El ron añejo haitiano lleva suficiente Polvo Lunar Goldschläger para darle un poco de chispa.

Me trae el desagradable recuerdo de la purpurina de Mylar y el recubrimiento por pulverización catódica.

Ella se abraza a Marino embutido en su camiseta ceñida.

—No lo digo en broma. —Dorothy mira el escenario vacío.

Los segundos transcurren lentamente y nadie se ofrece voluntario. Alargo la mano hacia la copa: ya sé lo que se avecina.

—Vaya, qué aburrido. Alguien tiene que hacerlo. —Dorothy retira la silla y los focos la iluminan.

Va vestida con un mono plateado reluciente en plan muy NASA o muy terrorista, dependiendo de a quién se lo preguntes. Sus grandes pendientes parecen cometas, y se toma su tiempo para ponerse unas varitas luminosas a modo de pulseras y encenderlas.

—Ay, Dios —dice Lucy.

—No será capaz. —Annie alarga la mano hacia el guacamole—. Yo no subiría por nada del mundo.

—Oh, ella sin duda. —Marino mira orgulloso cómo su esposa se dirige al escenario mientras la gente empieza a ovacionarla.

Les dirige un saludo de estrella de rock que ha perfeccionado a fuerza de repetidas interpretaciones vocales que rara vez recuerda.

La gente empieza a aplaudir y dar taconazos.

No camina recta precisamente, y en ese momento aparece Mollie en nuestra mesa.

Siempre en movimiento, planea como una mariposa radiante, y el general Gunner retira la silla junto a ella.

Va vestido de calle y se conduce con discreción, pero es imposible no fijarse en ese rostro que parece tallado en granito como una versión mayor de Bruce Willis en Armageddon .

Benton está aquí, y al instante se despliega todo un escuadrón de camareros que nos rodean y dejan en la mesa cuencos humeantes de Chili Carnoso y Pasmoso Humus Glotón, extrapicante.

Echo mano al pollo frito meloso y las tortitas de puré de patata ¡A cubierto! Sirvo la comida en platos para Benton y para mí, y él me acerca su móvil. Veo el correo que le ha enviado la gobernadora Roxane Dare:

Haz el favor de informar a Kay de que no se anunciará hasta dentro de un tiempo y debe mantenerse en secreto hasta nuevo aviso.

Pero quiero que sepa que, por el bien de todos los implicados, es aconsejable que las partes interesadas sean reubicadas.

Me ocuparé de ello en breve, permitiéndoles que hagan las disposiciones necesarias de cara a su futuro profesional…

Elvin Reddy y Maggie Cutbush dimitirán de sus puestos actuales, y no me agradan las palabras que ha elegido la gobernadora.

Leyendo entre líneas detecto que lo que quiere es que Elvin y Maggie se reacomoden, lo que es lo mismo que no perderlos de vista.

Seguro que acaban en algún sitio que no me hace ninguna gracia.

Ese tipo de cosas suelen ir de mal en peor.

Pero, por ahora, habrá que conformarse. Me digo que es mejor que nada, y en ese momento Dorothy agarra el micrófono y le da unos golpecitos con el dedo.

Todas las miradas están fijas en ella mientras lo golpetea cada vez más fuerte, provocando que el micrófono se acople estrepitosamente y la sala entera le preste atención cuando se inclina hacia delante, oscilando de manera peligrosa, con su atuendo chillón lanzando destellos como una estación espacial o una bola de espejos.

Le dice al DJ del karaoke la canción que tiene que poner, y este asiente mientras el gentío muestra su ensordecedora aprobación, aunque no sabemos qué ha escogido. Seguro que lo mismo de siempre.

—¿Todo el mundo listo? —Su voz resuena por todas partes.

Escudriña al público como si estuviéramos en un inmenso estadio, y la gente se pone como loca. Se acerca el micrófono a los labios pintados de color intenso.

—¡Vamos!

Entonces mi hermana empieza a cantar a pleno pulmón If I Could Turn Back Time de Cher. La gente grita, aúlla, taconea y lanza silbidos. Hay quien se levanta a bailar mientras ella desafina ante su inmenso mar de seguidores.