Furia (Crímenes de Cornualles 1) Capítulo 34
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Capítulo 34

Capítulo Treinta Y Cuatro

ISSY

Issy estaba furiosa. Claire no tenía ningún derecho a excluirla así. Las amigas no se hacían eso entre ellas. Había planeado todo su fin de semana para verla; no era suficiente. Bueno, no lo iba a permitir. Iría de todos modos a ver qué estaba haciendo.

Se preguntó de quién sería la boda. Se imaginó a Claire bebiendo cócteles de champán y comiendo canapés, y deseó que se atragantara con ellos.

Lo que ella tenía que decir era importante; mucho más importante que irse por ahí con Dios sabe quién para ver a dos idiotas enamorados decir: «Sí, quiero».

Vigilaría la casa; vería si iba con alguien a esa boda. La seguiría si era necesario. Tenía derecho, ¿no?, después de todo lo que habían pasado juntas.

Aparcando un poco más arriba en la calle, abrió la bolsa de plástico con las cosas que había comprado en la gasolinera de camino: papas fritas, una gran tableta de chocolate Dairy Milk de Cadbury y unos pastelitos French Fancies. Podía esperar todo el día si era necesario.

Estaba a punto de abrir una lata de Coca-Cola light cuando un hombre salió de la casa de Claire.

Supuso que era atractivo, de una forma tosca y vulgar.

Esperó a ver si Claire salía detrás de él.

Iba muy desaliñado para una boda. No, parecía más bien alguien que entregaba algo o un obrero, con su camiseta y vaqueros.

Cuando él se marchó, ella se acomodó en su asiento y encendió la radio.

No veía la televisión y ya estaba harta de Radio 4, con su interminable desfile de invitados quejándose de la corrección política, pero se había quedado fascinada con la cobertura de la emisora local sobre el asesinato de los Jennings.

La emoción de saber la verdad cuando nadie más la sabía.

Había sentido lo mismo cuando leyó en el periódico sobre Jane Donoghue.

Maestra local y miembro destacada del WI muere en trágico accidente por atragantamiento con pastel .

¡Ja! Solo pensarlo le ponía la piel de gallina. Le arrancó la parte superior a un French Fancy de limón. Apenas había empezado a lamer la crema cuando un coche rojo brillante se detuvo y de él saltó otro hombre que ahora se dirigía por el sendero hacia la casa de Claire.

Este iba mejor vestido, aunque aún no llevaba traje, y le vendría bien un corte de pelo.

Observó cómo Claire abría la puerta y lo dejaba entrar. Nunca lo vio salir.